Viernes, y de negro

No anda fino el Granada en los últimos partidos en casa. En ello puede tener que ver la baja forma de dos de sus estiletes de la otrora dinámica línea de tres situada tras el punta que tantos quebraderos de cabeza había producido hasta estas jornadas a los rivales

Viernes, y de negro
PEPE MARÍN
EDUARDO ZURITA (AFICIONADO DEL GRANADA)

Dolorosa derrota del Granada ante el Sporting de Gijón, por cómo se produjo, en la última jugada del encuentro, y por el propio desarrollo del partido, donde si bien los locales anduvieron espesos, se vieron claramente perjudicados por un arbitraje nefasto.

Crónica

No anda fino el Granada en los últimos partidos en casa. En ello puede tener que ver la baja forma de dos de sus estiletes de la otrora dinámica línea de tres situada tras el punta que tantos quebraderos de cabeza había producido hasta estas jornadas a los rivales. Ni Fede Vico ni Vadillo están a buen nivel, y el Granada se resiente mucho en la creación de peligro.

A ello se unió frente al Sporting el encajar un gol demasiado prematuramente. El Gijón había enseñado sus garras previamente en dos acercamientos, con una defensa titubeante por parte del Granada, que no anduvo contundente en una jugada trabada donde Víctor Díaz despejó blando hacia el borde del área para que Cofie recogiese el balón y batiese con un colocado disparo a Rui Silva. Segunda fragilidad seguida del lateral derecho rojiblanco que sucede en la concatenación de acciones desafortunadas a su compañero del otro lateral, Álex Martínez.

No se acercaría más el equipo visitante a la meta del portugués en todo el primer periodo, y el Granada tomón la manija del encuentro, teniendo fluidez sólo cuando Montoro levantaba la vista y cruzaba en diagonal hacia los laterales desmarcados. No hubo suerte cara a meta, ni en una jugada de laboratorio desde el córner donde el tiro de Vico se encontró con unas piernas sportinguistas camino del gol, ni en un remate franco de Puertas que el almeriense no acertó a dirigir adecuadamente.

El árbitro, Ocón Arráiz, de riguroso negro, había dado muestras desde el arranque del partido, de las razones fundadas para su descenso desde Primera. Claramente desequilibrado en sus decisiones, meticuloso hasta el hartazgo con los locales y tolerante con los visitantes, su mala actuación de la primera parte culminó perdonando una clara expulsión de un jugador del equipo asturiano, Peybernes, que empujó en la cara, en sus mismas narices, a Adrián Ramos, tras agarrarle sin balón. No puede el colegiado alegar falta de apreciación pues contempló de frente y de lleno la acción. Simplemente no aplicó correctamente el reglamento. Sería la tónica durante todo el partido, desquiciando a los jugadores y aficionados locales.

El arranque del Granada en la segunda parte encerró a los gijoneses en su área. Los locales metieron una marcha más, pero duró poco el fuelle, sobre todo porque las luces adelante estaban muy apagadas. Puertas y Vadillo abandonaron el campo, tras desaprovechar el primero una clara oportunidad con un remate casi en el punto de penalti muy cómodo que cabeceó demasiado centrado, evitando Mariño la igualada. Rodri y Pozo no contribuyeron a una mayor claridad en la delantera, y el equipo se desordenó por momentos dejando las espaldas de su defensa muy vulnerables. Ruy Silva, cada vez más sobrio y eficaz, evitó el segundo de los visitantes con una parada donde mostró su flexibilidad y capacidad de reacción en el uno contra uno.

El empate vino a balón parado, ya con el tercer revulsivo, Juancho, sobre el césped supliendo a un muy desafortunado Vico, y gracias a un sutil cabezazo de Ramos, que parece ir a más, a lanzamiento de Montoro. Tras el equilibrio, y cuando el Granada parecía anímicamente más cerca de la remontada, se agudizaron los errores arbitrales. Ramos consiguió un segundo gol, pero le fue anulado, señalándose un fuera de juego que no era por parte de un linier que ya había errado con anterioridad en una acción similar, y que no debió acudir al seminario explicativo que aconsejaba dejar jugar en caso de situaciones dudosas como la que se presentó en dicha jugada para favorecer el juego ofensivo. Una internada de Juancho terminó con éste en el suelo tras un blocaje que pareció una obstrucción no cobrada por Ocón Arráiz. Ipso facto el árbitro sí señaló como infracción una jugada análoga en contra del Granada de la que partiría el lanzamiento de Traver para el segundo y definitivo gol.

Desquiciante partido del señor de negro en un viernes para el olvido. No puede achacársele al árbitro sin más la derrota, pero es indudable que no repartió justicia de manera equilibrada, y que utilizó varas de medir muy diferentes para ambos contendientes -llamativo el número de tarjetas recibidas por el equipo local, sin prácticamente acciones violentas de por medio, y en la mayoría de los casos por hacer apreciaciones al colegiado-, siendo sus decisiones trascendentes en el tramo final de la primera parte, al obviar la clara expulsión de Peybernes, y en la conclusión del partido, donde una mala apreciación de su linier y la suya propia voltearon el marcador de un 2-1 para los locales al definitivo 1-2 para los visitantes.

Pero lejos de quedarse en el lamento sobre una actuación arbitral muy desafortunada para los intereses del Granada, cabe reflexionar sobre las dificultades que el equipo viene encontrando en las últimas comparecencias como local. Ante Mallorca y Almería se resolvió el partido por la mínima, consiguiéndose la victoria ante los vecinos en los estertores del partido. Ante el Numancia el atasco fue a más, y ante el Sporting tampoco se anduvo fino, aunque hay que reconocer que tanto ante sorianos como asturianos se mereció mejor resultado.

El equipo no ha dejado de competir, de eso no cabe la menor duda, pero parece con las ideas menos claras en cuanto a la creación de juego ofensivo, donde la movilidad y profundidad del trío acompañante del punta se ha ido apagando. Además, atrás se han encajado algunos goles evitables, como el segundo en Gran Canaria y el primero ante los astures, por lo que es explicable el pequeño bache de resultados en que se ha entrado donde sólo se han sumado dos de los últimos nueve puntos. Una pequeña crisis de la que hay que levantarse para volver a luchar para vencer.

 

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