Granada CF

Vadillo maradonea y Córdoba tiembla

Adri Castellano progresa con el balón./Fermín Rodríguez
Adri Castellano progresa con el balón. / Fermín Rodríguez

El gaditano se pone a la altura de su fama y firma dos arrancadas espléndidas que reducen a cenizas el tempranero gol de los locales

MANUEL PEDREIRAGRANADA

Fue Vadillo, agarró, se puso maradoniano, armó un pitote por su banda y remontó el partido en un parpadeo. No marcó ninguno de los dos goles pero su intervención resultó crucial.

Vadillo sigue siendo un chiquillo aunque su nombre suena ya desde hace un lustro. Es lo que tiene el planeta del fútbol, tan de usar y tirar y en el que sólo interesa el producto fresco, la última mercancía, de tal modo que hubo aficionados rojiblancos que al leer su nombre como fichaje de verano se dijeron «coño, aquel del Betis, vendrá aquí a retirarse», como si el Granada hubiese incorporado a Joaquín en vez de Álvaro.

Vadillo ha brillado ya en muchos partidos esta temporada pero, después de varias jornadas ofuscado con el balón, anoche firmó una actuación estelar. El manotazo de un gol en el minuto dos, en campo contrario y tras dos derrotas consecutivas pondría a cualquiera a cavilar. La respuesta del Granada fue formidable. Habla mucho de la confianza que tiene este grupo en sus posibilidades, la misma que le deben profesar sus aficionados por mucho que la segunda parte rozase lo deplorable.

Lejos de venirse abajo, el Granada se levantó tras sacar de centro y por momentos empotró al Córdoba en su área, con aproximaciones de peligro y con la insistencia que da la fe. Y con esa fe insistió Vadillo para rescatar un balón en la línea de fondo y preparar un centro hacia Rodri que ya se ocupó de rematar a gol Loureiro, bendito seas. Con el empate en el bolsillo, el Granada siguió igual, firme y ambicioso, como se estuviese jugando el ascenso directo en la última jornada. Y entonces llegó la jugada del partido.

Vadillo merodeaba por la medular mientras el Córdoba combinaba para meterse en el campo rojiblanco. En esas que el gaditano estiró la pierna, cortó un pase y se quedó con la pelota. Y a correr. Vadillo trazó un surco por su banda, con una conducción eléctrica y elegante, superó a un rival, se internó en el área, divisó a Fede Vico y le entregó el balón con un lazo. Gol.

El Granada pudo y debió sentenciar en el último tramo de ese primer tiempo o en los primerísimos compases del segundo tiempo, pero no atinó. Rodri, faltón en el inicio del encuentro, estuvo siempre más preocupado por protestar y entablar debates con el árbitro que por aprovechar los balones que llegaban a sus dominios, que alguno potable llegó. Es un delantero insistente, peleón y no exento de rapidez pero por ahora está peleado con el gol. Le habría venido muy bien marcar, igual que le sentó muy bien a Vico, más entonado que en las últimas jornadas.

La noche de los estrenos

Fue la noche de los estrenos. Adri Castellano y Ramón Azeez dispusieron de sus primeros minutos en la liga y Dani Ojeda recibió la alternativa como titular. Sus prestaciones fueron desiguales y la mejor nota se la llevó el último, que sin inventar el fútbol logró que no se echara de menos a Pozo. Al Pozo de las últimas jornadas. Percutió por su banda –como se dice ahora en el manual ferretero-deportivo– y trabajó lo indecible en la ayuda al lateral. Ojeda ya aprendió ayer que con este entrenador hay que correr un maratón de doble dirección en cada encuentro. Y cumplió.

También se estrenó Adri Castellano, un lateral que terminó de formarse en el Recreativo el año pasado y que a sus 24 años quiere dar el salto a otros horizontes. El Córdoba, sabedor de su bisoñez, percutió –martillo en mano– por su costado y lo puso en aprietos, resueltos con el auxilio de los compañeros y un tanto de suerte. No le ayudaron las dudas de Martínez, que ha perdido la autoridad que exhibió en el primer tramo liguero.

Y debutó por fin Azeez, el centrocampista nigeriano al que imaginamos titular hace un par de partidos por la baja de Montoro pero que seguía inédito. Entró para dar equilibrio e intentar taponar la hemorragia en que se había convertido el juego del Granada pero acabó igual de perdido que sus compañeros, sin apenas intervención en el juego.

El oficio salvó al Granada. El oficio y la impericia atacante de un Córdoba que demostró porque está a cinco puntos de la salvación.