Vadillo | La gran individualidad del equipo más compacto

Vadillo | La gran individualidad del equipo más compacto

El extremo gaditano ha dejado detalles para el recuerdo jugando todos los partidos del curso, excepto el último

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDOGRANADA

El extremo gaditano ha jugado todos los partidos de la temporada, a excepción de la despedida ante el Cádiz, un milagro en su carrera. «Cuando el equipo no sabe qué hacer, les digo que se la den a Vadillo», reconoció, en un tono distendido, Diego Martínez durante una charla con Pablo Pin en la Cámara de Comercio. El gaditano ha sido la gran individualidad de un conjunto sólido en el que el colectivo brillaba por encima de cualquiera de sus miembros. Una brillantez sostenida por un esfuerzo defensivo indiscutible y un mimo especial por parte del cuerpo técnico para culminar un milagro: una temporada completa sin lesiones.

El historial de Álvaro Vadillo hasta firmar por el Granada asustaba por su fragilidad. Diego Martínez y compañía, sin embargo, valoraron su calidad e idearon un plan para protegerlo. Funcionó, por más que al extremo le molestase en más de un partido que lo cambiaran a la hora. Vadillo ha dejado para el recuerdo ciertos gestos técnicos inolvidables, como los controles de espuela ante Mallorca y Nástic en Los Cármenes, y golazos como el del Anxo Carro de falta directa.

Ha sido parte de una línea de mediapuntas capaz de resolver cualquier partido con su entendimiento, con un grado de asociación magnífico en especial con Antonio Puertas y Fede Vico, con quienes más minutos compartió a lo largo de la temporada. También tuvo tiempo de apadrinar al joven Alejandro Pozo, aunque la lesión sufrida por el extremo sevillano, de la cantera rival, le restó protagonismo. La capacidad de Vadillo para caer a cualquier costado, siempre vertical y retador frente al defensor, fuera quien fuera, lo convirtió en uno de los primeros recursos de Diego Martínez para desequilibrar los encuentros, imparable en velocidad también desde zonas interiores.

Junto a Montoro y Fede Vico, Álvaro Vadillo ha sido una de las grandes armas del Granada a balón parado. Su golpeo en envíos al área, siempre preciso con su efecto envenenado, lo auparon como uno de los máximos asistentes de la competición con hasta una decena de regalos a sus compañeros. También se mostró infalible desde el punto de penalti cuando le tocó y siempre llevó peligro en los lanzamientos de falta directa a portería, por más que durante una época pareciera condenado a encontrarse con el larguero en intentos muy escorados, siempre peligrosos con esa técnica 'folha seca' de interior al estilo de Didier Drogba o David Luiz.

Vadillo apenas atravesó un pequeño bache en la temporada cuando fue suplente por primera vez en la victoria ante el Málaga en Los Cármenes, pasadas 33 jornadas, y ante el Sporting en Gijón. Supo reponerse con la titularidad en Lugo para adelantar su equipo con uno de los mejores goles granadinistas del curso, un bombazo desde treinta metros que Juan Carlos no vio llegar. En un año de ensueño Vadillo fue el diferente, el ave más colorida dentro de una hermandad de iguales. La mejor temporada de su carrera, la más regular.