Granada CF | El análisis

El talento al servicio del colectivo

Vadillo celebra con Quini y Puertas su gol de penalti ante el Osasuna/Alfredo Aguilar
Vadillo celebra con Quini y Puertas su gol de penalti ante el Osasuna / Alfredo Aguilar

Vadillo completó por fin un partido redondo en el que se alió con Adrián Ramos para formar una pareja goleadora que brindó el triunfo

Camilo Álvarez
CAMILO ÁLVAREZ

Hacía falta un partido redondo en Los Cármenes. Una cita completa, con victoria, goles y buenas sensaciones. Que no dejara dudas defensivas ni lamentara la candidez ofensiva. Todos buscan su esencia en las primeras jornadas y el Granada anda en esa tesitura, pero parece que va encontrando la senda que le lleve al camino. Por ella deben entrar todos sus actores, que no son muchos, así que deben estar prestos y dispuestos. Ramos encontró ayer el gol a base de trabajo, algo que no siempre ha sido así. Quiso y estuvo en muchas y buenas acciones. Para su regocijo encontró ayer a un compañero con el que aliarse que le puede ayudar a desperezarse definitivamente.

Otros días dejó detalles. Ayer fue la noche de Vadillo. Ese desparpajo que cuesta enfocar en servicio colectivo tuvo frente a Osasuna acciones tangibles. Él le dio a Ramos el primer tanto con un pase entre líneas que ya había intentado pocos minutos antes. Viendo que por fin entendían sus compañeros lo que pasa por su cabeza cuando tiene la pelota, el gaditano siguió buscando la asistencia. Y casi siempre con el delantero colombiano como receptor de sus buenos servicios. Un nuevo centro quedó sin premio para el cafetero. Luego fue el propio Vadillo el que intentó el gol con un lanzamiento de falta bien ajustado abajo que Rubén, portero de Osasuna, pudo desviar con la punta de los dedos.

Para la galería dejó un control de tacón tras recibir un pase largo de Víctor Díaz desde la otra punta del campo. Un detalle que la grada agradeció como forma de romper cierta monotonía. Para la segunda parte se preparó algún que otro detalle de calidad y el partido le guardó su gol, el que él mismo forzó al provocar con habilidad el penalti que transformó con calidad. Su entrega fue haciendo mella en el físico y aguantó hasta el minuto 80, cuando dejó su sitio a Nico Aguirre para contener en los últimos partidos.

Debutantes con nota

Para entonces ya estaban en el campo Pozo y San Emeterio, los dos últimos fichajes del Granada y aún sin debutar. Lo hicieron en un partido exigente ante un rival importante y ambos ofrecieron pequeños detalles de lo que pueden aportar a este Granada. La primera acción de Pozo, Alejandro que no Gino, fue la que menos esperaba. Seguro que soñaba con un regate que levantara a su nueva afición de los asientos pero la realidad le golpeó con una tarjeta amarilla por entrar con la plancha por delante.

No se amedrentó y siguió peleando con el mismo ahínco. Le faltó una mayor conexión con sus compañeros, pero para ellos el trabajo previo ya se iba notando en las piernas y el resultado a favor invitaba a no forzar más de lo necesario. Al joven futbolista cedido por el Sevilla se le vio actuando al principio por la derecha y posteriormente en una posición más centrada, incluso como referencia ofensiva ya con Ramos algo más descolgado haciendo labores de presión. Terminó cerrando la subidas del rápido lateral izquierdo de Osasuna Carlos Clerc.

San Emeterio, en una labor menos vistosa, dejó constancia de ser un mediocentro completo, con las ideas muy claras: siempre bien colocado, sin dejar espacio para el avance del rival y cediendo la pelota con rapidez al compañero más cercano para dar fluidez al juego colectivo. Un centrocampista con carácter para ofrecer a Montoro la libertad que ansía tras una temporada, la pasada, muy encorsetado por las circunstancias.

Tanto a Pozo como a San Emeterio le faltan minutos de rodaje pero su irrupción se antoja clave para elevar el nivel del grupo y que el Granada de Diego Martínez empieza a asentar la base de un proyecto en el que ya nadie se pone metas más allá de pensar en seguir, como mínimo, en el fútbol profesional haciendo crecer un proyecto con demasiados vaivenes.

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