La Crónica

El Sporting logra profanar Los Cármenes

Adrián Ramos charla con el portero Mariño al final del partido, con el Sporting eufórico. / A. AGUILAR

El Granada más aturullado del curso cae ante unos gijoneses revitalizados, con un arbitraje cuestionable

RAFAEL LAMELASGRANADA

El 'black friday' de la voracidad consumista terminó con un viernes negro para el Granada, que perdió su primer partido en casa del curso ante un Sporting que hizo bueno aquel dicho añejo de 'entrenador nuevo, victoria segura'. Noche oscura, como el tizón, como solían vestir los árbitros, como lo sigue haciendo Ocón Arráiz, protagonista inesperado del encuentro por su cuestionable papel, amontonando esos pequeños errores de apreciación que terminan haciendo una montaña, que minan la moral de cualquier conjunto. Los nazaríes jugaron peor que en cualquier encuentro de la temporada, espesos ante unos asturianos que se hicieron fuertes con su temprana ventaja y que supieron presionar a veces y encerrarse en otras ocasiones, pero no merecieron perder. En el tramo decisivo, con 1-1, anuló una acción de Ramos que acabó en las mallas por un dudosísimo fuera de juego y cobró una falta en las inmediaciones del área de Rui Silva que no pareció y que luego se tragó el luso, cumplido el minuto 92.

1 Granada

Rui Silva; Víctor Díaz, Germán, Martínez, Álex Martínez; Fede San Emeterio, Montoro, Vadillo (Pozo, m.66), Puertas (Rodri, m.59), Fede Vico (Juancho, m.81); y Adrián Ramos.

2 Sporting

Mariño, Geraldes, Peybernes, Babin, Cordero, Cofie, Carmona, Nacho Méndez, André Sousa (Pablo Pérez, m.69), Traver y Djurdjevic (Blackman, m.60).

GOLES
0-1, m.14: Cofie; 1-1, m.83: Adrián Ramos; 1-2, m.92: Traver.
ÁRBITRO
Ocón Arráiz (colegio riojano). Amonestó a los locales Adrián Ramos, Germán, Martínez, Pozo y Montoro así como a los visitantes Cofie, Méndez, Pablo Pérez y Peybernes.
INCIDENCIAS
Partido de liga disputado en el estadio Nuevo Los Cármenes ante 10.035 espectadores (cifra oficial).

Colegiado aparte, los locales también tienen que hacer cierto examen de conciencia, porque las negligentes decisiones del riojano no tapan defectos de los de rayas horizontales que aparecieron desde pronto. Al principio fueron unas desatenciones que el Sporting exprimió. Después, la pobreza de ideas ante un contrario bien pertrechado, animado con el nuevo preparador al cargo. El contrario falló en escasas vigilancias. En una de ellas, Ramos voló para calentar la velada y sembrar la fe en la remontada. Pero el Granada se atolondró, precipitado, con dos puntas desde temprano, volátil en el último lapso, en un difícil equilibrio. La realidad innegable es que se alcanza la tercera jornada sin victorias, con Los Cármenes profanado. Esta vez, con confusión.

Cuando el Sporting se quitó el envoltorio se descubrió a un equipo brioso con intención de hostigar la salida local. Los asturianos aparecieron a balón parado, pero fueron reprendidos por una carrera profunda de Ramos que acabó en gol, aunque fue anulado por fuera de juego, que sí existió. Fue uno de los pocos aciertos del trío arbitral en esas situaciones. Ocón Arráiz y sus compañeros enturbiaron señalando faltas leves y, sobre todo, perdonando la expulsión a Peybernes por una clara agresión a Ramos, que contempló a las puertas del descanso.

El balón parado permitió a los gijoneses un acercamiento peligroso que, tras varios rechaces, encontró un tiro de Carmona que dio en el cuerpo de Puertas. Djurdjevic, después, chutó flojo ante Rui Silva. Tras esta advertencia llegó el tanto visitante en un despiste atrás. Nadie terminó de alejar un acercamiento tras una quisquillosa falta a media distancia, y al final la pelota acabó llegando a Cofie. Su control con el pecho y su tiro posterior enmudeció el estadio, en el que bajó la temperatura de forma abrupta.

El golpe no alteró a los nazaríes. Aunque a Fede Vico le costó conectarse a la medular, se sacó unos cuantos centros muy agudos. El mejor lo empalmó Puertas, pero se le fue un poco alto. La insistencia prosiguió. Montoro combó un pase hacia Ramos, que voleó acosado. Puertas provocó un córner y Montoro se inclinó por una fórmula astuta. Sacó raso hacia el punto de penalti por donde andaba Vico, que lanzó con muchos obstáculos por delante pero sin encontrar la red. Los saques de esquina continuaron, aunque Mariño siguió respondiendo a todos. El Sporting manejaba su renta y seguía presionando. También pudo reclamar al colegiado por un fuera de juego a Djurdjevic que no fue, aunque Rui había detenido su golpeo posterior. Puertas pudo reivindicarse en un cabeceo que le salió sin fuelle tras un envío de Víctor Díaz con la zurda. Vico lo intentó parecido en busca de Ramos, pero tampoco su testa orientó el esférico hacia un palmo libre de la meta. En uno de estos envíos desde el banderín nació el lío antes del entreacto. Ramos fue agarrado en el salto por Peybernes y ambos se quedaron discutiendo en el área. Juntaron pechos, se pusieron a caldo, pero el central se excedió poniendo la mano en el rostro del colombiano. Ocón Arráiz, en una asombrosa decisión salomónica, sacó amarilla a ambos en lugar de expulsar al defensor francés.

El reposo devolvió a un Granada mejorado, que acorraló a un Sporting demasiado pendiente de no cometer errores, encomendado a algún contragolpe suelto. Los centros cruzaron a Mariño y alguna acción probó su flexibilidad y reflejos. Pudo ser Puertas con su frente, pero el meta sacó sus guantes.

Diego quitó al almeriense para colocar la doble punta con Rodri. No hubo mejoría esta vez con la pareja arriba, aunque Ramos se perfiló bien tras un pase de Montoro que Mariño sacó.

La velocidad le dio acciones para la sentencia a los asturianos, como en una en la que Nacho Méndez pareció ayudarse con la mano y Blackman, recién entrado, estrelló su oportunidad en Rui Silva.

El asistente obligó a interrumpir una subida de Ramos al hueco que no pareció ilegal. Sería peor la de después, pues sí terminó en la tronera. El Granada se fue desquiciando ante un Ocón cada vez más impertinente en medio de un volcán de emociones. Tampoco ayudaban los futbolistas de uno y otro equipo, protestones, exagerando, fingiendo en algunos casos.

Deshilachado el Granada, parecía más próxima la diana del Sporting a la carrera, pero los nazaríes establecieron las tablas gracias a Ramos. Fueron minutos locos que pudo aprovechar cualquiera. Rui apareció como salvador en una, pero el borrón estaba por llegar. Juancho se sumó al zafarrancho y fue objeto de una falta que no cobró Ocón. Sí vio una supuesta de Pozo, acto seguido, que permitió el tiro de Traver y el segundo y definitivo gol asturiano.

Se acabó el idilio en su estadio para un Granada que tuvo un juez quisquilloso pero también flagrantes carencias creativas que tendrá que mejorar si quiere mantenerse firme en una terrorífica Rosaleda.

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