Seguir confiando

La primera derrota de la temporada no debe llevar al desánimo a nadie. En Coruña el Granada compitió, maniató al Dépor en la primera parte y le retó en el inicio de la segunda

AGENCIA LOF
EDUARDO ZURITA. AFICIONADO DEL GRANADA

Llegó el primer revés en forma de derrota en Riazor para el Granada. No fue el feudo gallego el lugar propicio para conseguir puntos de otras temporadas. Se presenció el primer encuentro de la temporada liguera donde el Granada estuvo por debajo en el mando de partido, con una primera parte donde sólo puso orden atrás y se vio aliado con la fortuna en un tiro del equipo gallego que repelió el palo, y una segunda con mejores prestaciones de los granadinistas, pero donde la fortuna volvió la espalda con un fallo individual de Álex Martínez que derivó en un claro penalti del defensa rojiblanco que decantó el rumbo del partido.

No se vio en Coruña al Granada dominador de otros partidos. Se rompieron las conexiones de medio campo hacia delante, con actuaciones grises de Vico, Puertas y Vadillo, demasiado perdidos en el primer periodo. Y eso que Ramos realizó movimientos interesantes mientras le duraron las fuerzas y porfió por mantener el balón y abrirlo a los espacios siempre que pudo. Pero el tridente que tan buenas actuaciones ha brindado en los tres últimos encuentros no encontró nunca la chispa suficiente para crear zozobra a la zaga del conjunto gallego.

Sin embargo, no perdió la cara el Granada al partido ni tan siquiera en un primer periodo donde se ausentó del campo rival y se agazapó en el propio cerrando espacios a los locales. El orden y el trabajo táctico del equipo es innegable, y los jugadores de Diego Martínez se pusieron el mono de trabajo para impedir a los deportivistas poder crear peligro con claridad. Aun así el Dépor rondó el gol en una jugada con dos grandes acciones individuales de Mosquera y Saúl y en la que Quique González avisó de lo que se avecinaba en la segunda parte con un remate a la madera. Aunque los coruñeses dominaron el balón y el ritmo del encuentro, lo cierto es que Rui Silva no pasó excesivos apuros en los primeros cuarenta y cinco minutos.

En el arranque de la segunda parte dio sensación de que el Granada volvía por sus fueros, empezando a acercarse con peligro al área coruñesa, con un Adrián buscando constantemente los huecos con interesantes desmarques. Vadillo la tuvo en un buen centro de Víctor Díaz, y el equipo gallego empezaba a mostrar signos de dudas evidentes ante el empuje de los visitantes.

Los banquillos movieron ficha. Edu Expósito saltó por Didier Moreno en el bando local, y en el Granada Pozo por un Fede Vico bastante desdibujado en este encuentro. Expósito dio calma al centro del campo coruñés, y Pozo bregó como siempre pero con suerte desigual. Con la sustitución mejoró el equipo local, aunque el partido discurría por un equilibrio que sólo una acción individual o un error podía alterar.

Por desgracia para el Granada el fallo sobrevino cuando menos se esperaba. Vadillo cedió el balón a Álex para que éste despejara, pero un mal control adelantado del defensa permitió a Domingos Duarte tocar el balón antes que el defensor rojiblanco, que lo arrolló. Quique no perdonó desde el punto de penalti, y más tarde, ya con un Granada volcado al ataque para igualar, apuntillaría a los granadinistas en un gran segundo gol, donde con una espléndida maniobra se deshizo de Víctor Díaz dentro del área y colocó un ajustado tiro imposible para Rui Silva.

Con la desventaja de dos goles y poco margen para rectificar el Granada no se rindió y luchó para acortar distancias, poniendo desde el banquillo toda la carne en el asador con las salidas de Rodrigo y Juancho en ataque sustituyendo a un agotado Ramos y un desvaído Vadillo. Un error deportivista otorgó una falta al borde del área que Montoro ejecutó magistralmente acortando distancias en el marcador cuando se cumplía el tiempo reglamentario. Demasiado tarde para alcanzar el empate ansiado.

La primera derrota de la temporada no debe llevar al desánimo a nadie. En Coruña el equipo compitió, maniató al Dépor en la primera parte y le retó en el inicio de la segunda. Sólo un error, el único grueso en la línea defensiva, cambió el destino del partido ante un rival llamado por presupuesto, historia y afición a estar arriba. El Granada nunca se dio por derrotado, ni con dos goles de desventaja, y mostró su afán de competir y luchar. Se cayó, pero dando la sensación de rival incómodo y peleón, luchando siempre por dar adecuada respuesta al rival. Por eso hay que seguir confiando en el equipo, tanto o más que tras las tres victorias consecutivas conseguidas con anterioridad, y pensar no en otra cosa que en sumar de tres el próximo sábado en Los Cármenes. Ni un ápice de desconfianza tras la primera caída. A levantarse y continuar mejorando como equipo. Hay margen, aptitud y actitud para ello.

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