La resaca

Una responsabilidad repartida entre once

Una responsabilidad repartida entre once
/A. AGUILAR

El nuevo Granada no tiende a depender de ningún jugador, lo que aumenta sus posibilidades de éxito

ANTONIO NAVARRO GRANADA

1. Escribía Andrés Neuman en uno de sus libros de aforismos que cada muerte es una lección de vida y lo mismo se podría pensar de los proyectos futbolísticos, que cuando fallan son el punto de partida de otros nuevos.

2. El Granada que el domingo le ganó al Osasuna tiene poco en común con el que era el once de gala de los granadinos durante la pasada campaña. Es un equipo más austero, con menos nombres propios, más obrero podría decirse. Pero -por ahora- no echa de menos a nadie.

3. Si el año pasado cada ausencia de Machís era un drama y cada mala actuación del venezolano el presagio de algo terrible, el nuevo Granada de Diego Martínez lleva en los genes algo que recuerda a aquel otro de Fabri que en su día alcanzó el cielo: la tensión competitiva.

4. Es el granadino un equipo cuyos cimientos están construidos en el área propia y cuyas individualidades están al servicio del colectivo, resultando indigesto para los rivales, que no tienen una figura concreta a la que prestar especial atención.

5. Y es que después de un dubitativo comienzo de año de Adrián Ramos y de un imponente debut de Rodri como referencia ofensiva podía intuirse que el Granada bajaría enteros sin el punta soriano en el campo a causa de una inoportuna lesión. No fue así. Ramos, con el 20 a la espalda y las ganas de volver a saltar en cada celebración como cuando era jugador del Borussia Dortmund, mandó un mensaje a los escépticos: no hay que perder la fe.

6. Lo mejor del punta cafetero no fue que marcara su primer tanto de esta campaña en LaLiga 1|2|3, sino que se ofreciera en cada jugada, que diera síntomas de que estaba ahí y de que podía aparecer en cualquier momento. De hecho, en la jugada del gol su desmarque en el área fue mejor que su definición final, aunque las leyes del fútbol digan que ese envío al fondo de las mallas fue lo que le permitió a su equipo adelantarse en el marcador y dejar grogui a un Osasuna que este verano ha sido más poderoso desde el punto de vista económico, algo que esta Segunda división tiende a difuminar cuando dos equipos se dan cita sobre un terreno de juego.

7. Un ejemplo de que este Granada es un equipo más coral en el que lo colectivo prima sobre lo individual se encuentra en su banda derecha. Aquella que Víctor Díaz defendió con corrección durante la pasada campaña, ahora ha sido conquistada por Quini, que se ha aprovechado de que su compañero se ha hecho fuerte en el centro de la zaga. Sin el poderío físico de Nyom ni la alegría ofensiva de otros laterales de la escuela de Dani Alves, la actuación del cordobés pudo pasar desapercibida, pero estableció un cordón policial en su carril y al Atlético Osasuna le costó un mundo profundizar por la banda derecha, una ruta prohibida hacia la meta defendida por Rui Silva, que sacó a sus compañeros de un apuro las dos veces en las que tuvo que intervenir.

8. A pesar de la solidez atrás y de la movilidad en la línea de vanguardia, ningún equipo puede estar bien armado sin un centro del campo fiable. Montoro volvió a ofrecer lo que se espera de él. El valenciano fue el faro que guió a sus compañeros, buscando las mejores opciones de pase hacia adelante y demostrando liderazgo cuando tuvo que hacerlo. Manejó más el cuero que su escudero Alberto Martín y dio la cara por Pozo cuando fue necesario, siendo suya también la recuperación que dio origen al saque de banda en el que nació el primer gol de los rojiblancos. Con actuaciones así el Granada será más difícil de batir y los aplausos de la grada se antojan justificados.

9. Sin miedo a fallar y a recibir reproches, es más sencillo que cada jugador tienda a buscar su mejor versión. Brilló Vadillo por sus controles, pases y regates pero también lo hicieron quienes entraron desde el banquillo para que el 2-0 no corriera peligro.

10. Prima el colectivo en este Granada de autor en el que los jóvenes que ahora disfrutan de pocos minutos tendrán que tirar del carro más tarde o más temprano. Porque las matemáticas dicen que son ya tres partidos sin perder, pero queda lo más complicado: 45 puntos por sumar.

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