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Al Loro

Reacción

Comunión de la afición con los jugadores en El Arcángel. /FERMÍN RODRÍGUEZ
Comunión de la afición con los jugadores en El Arcángel. / FERMÍN RODRÍGUEZ

Montoro tomó las riendas y Vadillo dio la vuelta al partido en un pis pas con destellos de genialidad a los que unió velocidad

VÍCTOR M. ROMERO

Era necesario cambiar la dinámica en Córdoba. La racha más negativa de la temporada, con un punto de nueve posibles, insulso empate ante el Extremadura y derrotas mínimas pero muy dañinas para la clasificación, los ánimos y la mente, ante Osasuna y Dépor, ponían en aprietos a la aspiración. Los granadinos se jugaban mucho, la suma del triunfo significa mantenerse entre los privilegiados y que siga viva la llama de la ilusión. Lo merecían los casi 400 seguidores rojiblancos desplazados a El Arcángel. El equipo supo reaccionar al tempranero gol de los locales. Otro 'semiregalo' en esos despejes que acribillan a la confianza de la zaga. El caso es que el tanto llegó porque el rebote, una vez más, fue a parar al contrario.

El Granada supo sobreponerse al mazazo. Los nazaríes disponen de más calidad y recursos que los califales. Basta con echar un vistazo a la tabla. Montoro tomó las riendas y Vadillo dio la vuelta al partido en un pis pas con destellos de genialidad a los que unió velocidad. La torpeza de los cordobesistas quedó en evidencia. Blandos los vecinos que enseguida se pusieron nerviosos, es normal cuando la soga aprieta la garganta. Álvaro, el chico de Puerto Real, se sacó de las chistera un par de pases para devolver al Granada la alegría. Provocó la igualdad en propia meta y aprovechó la visión de Víctor Díaz para una asistencia a Fede Vico, el cordobés que pidió perdón a sus paisanos.

Ya en la segunda parte, con el 2-1 a favor, consumada la remontada, el equipo de Diego Martínez cedió terreno y también la pelota. En ocho minutos pudo sentenciar pero le faltó precisión en los centros y pegada para apuntillar al adversario, debilitado en el ánimo y escaso de ideas. No obstante, por su empuje hubo apuros. Y ni con Azeez se recuperó, atrás, la solidez que Diego pretendía.