Granada CF

Ramos suple con clase la debilidad física del equipo

Fede Vico pasa la pelota con el exterior presionado por Bárcenas. /PEPE MARÍN
Fede Vico pasa la pelota con el exterior presionado por Bárcenas. / PEPE MARÍN

El colombiano completó un partido extraordinario en todas las facetas y marcó la diferencia para decantar el resultado para el Granada

Camilo Álvarez
CAMILO ÁLVAREZGranada

Cada vez que el cartel luminoso anunciaba un cambio varios integrantes del Granada miraban con anhelo a la banda esperando ser ellos los elegidos. Cuesta ver a un jugador que quiera ser sustituido pero cuando las piernas no responden solo cabe pedir auxilio. El Granada cuenta con una plantilla muy corta que Diego Martínez está exprimiendo al máximo, sobre todo a su bloque fuerte, al once tipo y dos o tres variantes a lo sumo. Hay quien no tiene ni sustituto natural, caso de Montoro, por eso debe jugar aunque no esté al cien por cien. Lleva varias jornadas acusando el valenciano el desgaste. Si no es un esguince es una sobrecarga, o cualquier otra dolencia muscular propia del castigo físico de jugar cada semana al máximo.

Montoro no es el único que pide a gritos unos días de descanso. También Vadillo, que tuvo que aguantar esta vez algo más de su habitual hora en el campo por las circunstancias, hubiera preferido ver su dorsal en la tablilla mucho antes. Su largo historial de lesiones tampoco le ayuda a andar demasiado seguro de exprimir su cuerpo hasta el final. Algo parecido le ocurre a Ramos, aunque a al sudamericano parece que le acompaña este año la suerte para aguantar siendo su mejor versión hasta el final de los partidos. Contra el Oviedo se encumbró. Lo hizo para salir al rescate de un equipo entregado pero sin fuelle.

La primera parte ofreció la versión más atascada del Granada en lo que va de temporada, motivada en gran parte por la falta de frescura en las piernas. Los movimientos de la gente de arriba no eran tan eléctricos como de costumbre y se abusó del balón largo para conectar con la punta. Nadie brillaba especialmente hasta que Ramos, viendo que la pelota no llegaba en jugada elaborada, decidió ir a buscarla. Provocó con su presión dos pérdidas de balón en la salida desde atrás del Oviedo que transformó en ocasiones de gol. La primera opción se estrelló contra el larguero y en la segunda la pelota salió algo desviada.

El Granada, sin ese juego fluido de otras ocasiones, fue ganando terreno a base de empuje. En la segunda parte cambió la película. El Oviedo, tras haber perdonado con alguna ocasión clara de gol, decidió defender el empate demasiado pronto y los locales ganaron peso en el juego. Ramos siguió creciendo. Por alto lo ganaba todo. Por bajo hacía jugar a sus futbolistas. Inteligencia y clase al servicio del equipo. Ramos midió cada una de sus carreras para no gastarse en vano. Cada vez que subía a presionar oteaba a los costados esperando que sus compañeros acompañaran la presión. Si era así, acudía a buscar el balón con malas intenciones.

Se merecía, por el partido que estaba haciendo, ser el gran protagonista. Rozó la gloria en una buena acción dentro del área finalizada con otro disparo demasiado cruzado. Debía esperar su oportunidad. Llegó. Un balón filtrado a la espalda de la defensa enviado por Fede Vico lo controló con el pecho, encaminó la pelota hacia la portería y cuando los 10.300 rojiblancos presentes en la grada buscaban el hueco para el gol sin encontrarlo se toparon con la magia del colombiano. Acabó exhausto, sustituido y con la grada rendida a sus encantos.

Vico, el socio que necesitaba

Fede Vico está entrando en las rotaciones buscando un puesto en la mediapunta en pelea con Puertas. Le tocó jugar de titular en Málaga. En Tarragona le ganó la vez el almeriense y ayer frente al Oviedo de nuevo empezó en el banquillo. Tuvo minutos, como siempre, en la segunda mitad. Más de media hora para ordenar las ideas de un equipo algo nublado de tres cuartos de campo en adelante.

Aportó intensidad y buenos pases, como el que permitió a Ramos marcar. Al cordobés los toques de atención de su entrenador le vienen bien. Cuando baja el nivel y se ve en la suplencia suele reaccionar. Le activa, lejos de hacerle perder la esperanza. Algo así debería ocurrirle a Puertas, una vez más voluntarioso pero poco protagonista y, en ciertas fases, errático en la ejecución.

El Granada completó otro partido típico de la categoría. Pudo ganar cualquiera, pero su empeño por ganar le llevó a ello. La plantilla pide a gritos un descanso en estas navidades. Poner las piernas en alto y despejar la cabeza. También sumar actores a la causa para mantener el extraordinario nivel competitivo exhibido hasta la fecha.

 

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