Los pupilos de Diego esperan bajo el árbol

Los pupilos de Diego esperan bajo el árbol
RAMÓN L. PÉREZ

La plantilla granadinista, tan entusiasta y aplicada como corta a todas luces, sigue compitiendo pese a la falta de fondo de armario

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDOGRANADA

Los niños granadinistas despiertan esta mañana con regalos bajo su árbol de Navidad y una sonrisa perenne porque su equipo es líder y no deja de hacerles sentir orgullosos. Los futbolistas del Granada deberán ser algo más pacientes con los deseos de su carta a los Reyes Magos. La tropa de Diego Martínez, aplicada y siempre competitiva en lo que va de curso, evidencia la necesidad de reclutas nuevos para conseguir que su ritmo no decaiga. Sin embargo, no existe la magia en el mercado de fichajes y nadie puede prometer que los refuerzos lleguen, y menos que lo hagan rápido.

Al Granada se le volvió a atragantar el primer partido del año, como empieza a ser tradición, y sin embargo las caras a la salida de Los Cármenes eran de felicidad. Este equipo ha logrado algo inusual: que su afición disfrute sin importar el resultado. Al contrario que hace un año, el ascenso no es un deber sino una ilusión, algo que desenfoca la meta para que prime el camino. Los rojiblancos siguen sin vacile un plan claro que aunque no siempre sea el mismo se asienta bajo juramento sobre las premisas del orgullo y el convencimiento, del dinamismo y de la eterna lucha. Siempre dan la cara. Los suyos se lo reconocen.

Nadie podía prever en verano, tras la tremenda decepción por las expectativas frustradas de la pasada campaña, que los aficionados granadinistas gozarían de este entusiasmo, más allá del liderato, cuando se ronda el ecuador del campeonato. Es tan sólida la identidad del equipo que ni siquiera se precisa de la mejor versión individual de cada futbolista para resolver los partidos. Ninguno de los cuatro jugadores más ofensivos titulares el viernes anduvo demasiado acertado ni constante, y aún así el empate ante el segundo clasificado se obtuvo gracias a una convincente actuación colectiva. Sólo faltó eficacia a la hora de la verdad para ganar el partido.

Sin Antonio Puertas por sanción, y obligado a contrarrestar el primer golpe al mentón, Diego Martínez se topó con el principal problema de este Granada: la falta de fondo de armario. La deriva de este equipo equilibrista pende de un hilo por el que se procura mantener alejadas las lesiones, por ahora benévolas a excepción de los dos laterales zurdos de la plantilla. El viernes se contó con Adrián Ramos en la recámara como revulsivo de lujo pero ante la urgencia y a falta de pocos minutos, con Rodri ya nublado, la única alternativa para los últimos minutos fue la de Juancho, al que apenas se le vio.

El protagonismo del menudo segundo punta colombiano en lo que va de competición ha sido absolutamente residual. Apenas ha gozado de media hora repartida en cuatro encuentros, un bagaje insuficiente para alcanzar continuidad alguna a sus 22 años, tampoco para ofrecer respuestas inmediatas. El contexto cuando le ha tocado vestirse de corto, para colmo de males, ha sido angustioso. Nunca ha disfrutado de un ambiente agradable. Su rol es el del último recurso, en ocasiones desesperado, como en los duelos ante el Deportivo en Coruña o frente al Lugo, el Almería y el propio Albacete en Los Cármenes. Hábil y disfrutón en las conducciones durante los entrenamientos, durante los partidos no parece más que torpe. Verde se mire por donde se mire, aun así el club confía en él y le acaba de renovar hasta 2021.

Cambio desestimado

Esta carencia de alternativas quedó bastante clara ante el Albacete cuando Diego Martínez desestimó realizar el tercer cambio pese a que el resultado no era el deseado. En el banquillo quedaban Pablo Vázquez, Carlos Neva, Alberto Martín y Nico Aguirre, además de Aarón. Los dos primeros, junto al guardameta, no han tenido todavía un solo minuto en Liga. Los que sí los han tenido, Alberto Martín y Nico Aguirre, presentan un perfil similar de centrocampista, más defensivo que ofensivo pese a la mayor agresividad y llegada del argentino. En cualquier caso, ninguno podría suplir las cualidades creativas y la responsabilidad en el juego de Ángel Montoro, quien ha llegado muy tocado a más de un encuentro. Fran Rico, cuya recuperación sigue siendo una incógnita, sí podría desempeñar ese papel en un momento dado.

La hazaña de este Granada líder no se puede explicar sin reseñar estas desventajas competitivas: es el conjunto que menos jugadores ha utilizado en Segunda, con 18 efectivos. Uno de ellos, Vadillo, ha de seguir un plan individualizado para prevenir lesiones, y con frecuencia se evita que dispute más de una hora de partido. Como recluta atacante para la tropa de Diego, fusil al hombro, la primera opción es la de Dani Ojeda, pero su incorporación, de darse, ocurriría al final de enero. En el lateral zurdo, Quini responde con firmeza y atrevimiento, pero todavía como un parche. El central que tanto se anheló en verano nunca llegó, y el joven Pablo Vázquez no ha terminado de convencer y de hecho se prefirió a Víctor Díaz reconvertido. En el centro del campo, donde los que saben dicen que se resuelve el fútbol, todo es más oscuro sin Montoro.

El cansancio termina pesando a lo largo de una temporada, y más en una maratón de 42 jornadas y un posible 'play off'. Diego Martínez no ha variado un ápice su discurso modesto pero ya no puede ocultar que los objetivos son otros. No se trata ni de creer en la magia. El Granada quiere mantenerse donde se encuentra hasta el final, se niega a que lo agarren, pero sin nuevos reclutas será más difícil. Los chicos se han portado y merecen una recompensa.

 

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