Granada CF

Puertas inicia la búsqueda de su propia leyenda

Puertas conduce el balón durante el partido ante el Rayo Majadahonda. /Alfredo Aguilar
Puertas conduce el balón durante el partido ante el Rayo Majadahonda. / Alfredo Aguilar

El almeriense por fin ha conseguido sacudirse el peso de su dorsal, el 10, y mostrarse como el rápido delantero con olfato para el gol al que se esperaba| El nigeriano Odion Ighalo fue el último rojiblanco en encadenar dos 'dobletes'

FRAN RODRÍGUEZGRANADA

Si segundas partes nunca fueron buenas, habrá que preguntar a Antonio Puertas cómo se puede llegar a entender este inicio de campaña en su segundo año como jugador del primer equipo rojiblanco. Tal ha sido su inmejorable arranque de curso que se ha convertido, con el doblete que le hizo al Rayo Majadahonda el pasado domingo, en el primer jugador que encadena dos partidos consecutivos anotando dos o más goles desde hace casi ocho años.

Si Antonio Puertas ha comenzado el camino hacia su propia leyenda, aunque lo haya empezado con un año de retraso, no ha podido tomar mejor ejemplo. Y es que el último jugador que anotó dos dobletes consecutivos no fue otro que Odion Ighalo. Este, apodado precisamente 'La Leyenda', hizo tres dobletes consecutivos en su primera aventura como nazarí. El 28 de febrero de 2010, el nigeriano anotaba dos goles en la victoria por 3 a 0 ante el Atlético Ciudad de Lorquí. Una semana más tarde, y a pesar de la derrota granadinista, Ighalo anotó los dos goles del equipo rojiblanco en Sangonera (3-2). En Los Cármenes el equipo se desquitó del tropiezo con un abultado 4-1 ante el Jerez Industrial, con otro doblete de Odion Ighalo, que ya por aquel entonces encandilaba a la parroquia filipina.

Desde entonces, nadie había conseguido enlazar dos partidos haciendo dos o más goles hasta que Antonio Puertas comandó la victoria en Almendralejo y agitó las gradas del estadio zaidinero ante el Rayo Majadahonda. Para igualar, en lo que a este dato se refiere, al nigeriano debería rizar el rizo y perforar la red gallega de Riazor en dos ocasiones.

El delantero almeriense se ha destapado como lo que muchos esperaban ver desde el pasado julio de 2017. Tras un gran final de temporada en Almería, y desestimando prolongar su vínculo con el equipo de su tierra, Puertas apostó por volver a Los Cármenes. Allí había brillado con anterioridad como uno de los estiletes y abanderados del filial nazarí que dirigía Joseba Aguado y sorprendía en Segunda B. Era, sin duda, uno de los jóvenes más prometedores de aquel Granada B y los días parecían estar contados hasta el momento en que fuese parte de todo derecho del primer equipo. No le llegó la oportunidad y, como vino, se marchó.

De nuevo en Almería, Puertas trabajó con una idea en mente: demostrar que podía jugar en Segunda y, si era volviendo a Granada, mejor. Así lo confesó al ser presentado junto a Varas y Joselu el verano de hace ya un año. «Tenía la posibilidad de volver aquí en la mente y quiero ganarme el puesto», dijo el extremo, que aportaba versatilidad y descaro al plantel que dirigiría Oltra. Asumió con una confianza tan exagerada como natural el número más mítico y mágico que hay en el deporte rey, portaría el '10'. El gran comienzo de Pedro Sánchez y cierta ansiedad y autoexigencia en los minutos que disfrutó le hicieron perder protagonismo. Luego perdió el brillo, tampoco apareció en su cita con el gol. Un cúmulo de situaciones que minó la confianza de Puertas hasta desdibujarse. Su regreso a Granada no pareció haber sido la mejor opción e incluso pudo salir del club en verano.

La llegada de Diego Martínez ha conseguido lo más difícil. Ha reseteado la cabeza de un jugador que tenía una carencia clara de cariño y confianza. El técnico, acostumbrado a lidiar con talentos jóvenes, le ha dado su espacio, ha explotado su versatilidad y su creatividad den ataque y lo ha rodeado de socios en los que apoyarse y de los que beneficiarse. El resultado, aún en fase de prototipo, no puede ser más esperanzador para Puertas. Cinco tantos en cinco partidos, buenas sensaciones, la reconciliación con la grada... Todo ha otorgado de nuevo al nacido en Benahadux el reconocimiento ameritado y el brillo que correspondía al 10 que corona la espalda roja de la elástica rojiblanca.

Oportunista cuando ha tenido que serlo, menos individualista pero mucho más certero que el jugador que se vio en el verde de Los Cármenes el pasado curso. En una delantera escasa numéricamente y minada por las lesiones –primero fue Rodri, hoy sabremos qué tiene el colombiano Ramos–, la explosión anotadora de Puertas es todo un balón de oxígeno para Martínez. Puertas sonríe, sabedor de que acaba de empezar la temporada. Pero en su mirada no se atisba el miedo porque este inicio no sea más que un espejismo y todo se tuerza. Sus ojos reflejan la ilusión del que apostó y persistió, del que sabe lo mucho que queda por jugarse, del que no quiere que se acabe nunca el momento dulce que atraviesa, soñando con exprimir cada jugada, cada partido como rojiblanco. Como el que persigue una leyenda. No la de Ighalo, sino la suya propia.

Otros delanteros encontraron la calma tras la tormenta

No sería la primera vez que un atacante sufre un año devastador en lo referido a la confianza y, sobre todo, a la productividad de cara al gol y vuelve a intentarlo a la siguiente temporada acabando con un saco lleno de balones que exhibir en su museo personal. Y es que se da la situación de que, de los últimos siete pichichis de Segunda, sólo uno tuvo una temporada tranquila el año antes de coronarse como máximo anotador.

Jaime Mata, uno de los casos más drásticos, apenas anotó cinco goles en la temporada 2016-17. Por ello nadie lo puso en la terna de delanteros más voraces la pasada campañas. Gran error, pues el hoy jugador del Getafe alcanzó 33 tantos para escribir su nombre en el trofeo Pichichi de plata y ascender con el Real Valladolid. También Roger Martí sufrió una temporada de irregularidad en el Valladolid, donde fue cedido por el Levante. Anotó siete goles, que son pocos al lado de los 22 que hizo como granota la campaña posterior.

Nueve anotó Sergio León, una cifra que no sorprendió a nadie, pero que quedó lejos de los también 22 con los que se hizo 'pichichi' en 2016. Rubén Castro en 2015 hizo 32 goles para levantar el trofeo con el Betis. Sin embargo, llegó a duras penas a diez goles el año anterior. Borja Viguera es el único que venía con la inercia de ser un voraz depredador de área, pues anotó 18 goles en Segunda B y consiguió ser el máximo anotador de Segunda (25 tantos). Por contra, Charles y Ulloa que anotaron sólo 7 goles antes de ser 'pichichis' con 27 y 28 dianas cada uno en los años 2013 y 2012.

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