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La sombra de la derrota de hace un año ante el filial sevillista, cuando el Granada también había alcanzado el liderato la jornada anterior, planeó toda la soleada mañana sobre el ánimo de la hinchada

PEPE MARÍN
EDUARDO ZURITAGRANADA

Pequeño tropiezo del Granada en casa al empatar a cero ante el Numancia, acostumbrado como tiene a la afición a contar sus apariciones en Los Cármenes por victorias. Partido hosco, escaso en oportunidades, con los jugadores ofensivos rojiblancos atascados, bien contenidos por el sistema defensivo y de presión del equipo soriano, y muy precipitados cuando la expulsión del visitante Yeboah a veinte minutos del final del partido dejó a los locales en superioridad numérica.

Lo intentó más que el rival el Granada durante todo el partido. Mejor en el primer periodo, donde se llegó con cierta consistencia al área del Numancia, pero sin que hubiese opciones de remate claras en jugadas trenzadas, a excepción de una penetración de Vadillo. Sí hubo goles, aunque anulados, ambos a balón parado: el primero, de Germán; el segundo, de Rodri. En las dos ocasiones remataron en posición de fuera de juego.

En la segunda parte, el equipo se atropelló en su deseo de vencer, perdió la calma mostrada en otras ocasiones, y le faltó frescura de ideas y, sobre todo, mejores movimientos en los de adelante para poner en apuros a un Numancia muy bien plantado. Hubo otro gol anulado, nuevamente a Germán, tras un rechace del cancerbero numantino, y otra vez por fuera de juego. La línea de atrás del equipo soriano hizo caer en numerosas ocasiones en dicha infracción a los atacantes rojiblancos, poco concentrados en esta cuestión durante todo el partido.

La sombra de la derrota de hace un año ante el filial sevillista, cuando el Granada también había alcanzado el liderato la jornada anterior, planeó toda la soleada mañana sobre el ánimo de la hinchada. Se llegó entonces con la baja de Machís, cuya ausencia o baja forma se tornó decisiva en demasiadas ocasiones durante todo el campeonato. La falta del cerebro en la creación del actual equipo, Ángel Montoro, aunque no puede atribuirse como causa de la no victoria, sí fue notada en la fluidez del movimiento del balón, añorándose sus desplazamientos certeros y rápidos que permiten esos segundos trascendentales para anticiparse y superar al rival.

Y eso que su sustituto Nico Aguirre estuvo notable en su actuación, sabiendo dominar los tiempos y leer correctamente el partido, pero se echó en falta la visión de pase largo y profundo del valenciano, lo que puede ser un aviso serio sobre la trascendencia de su presencia y los riesgos de una ausencia suya larga por sanción, lesión o baja forma. No parece haber un jugador en la plantilla actual capaz de cubrir sus potencialidades.

La salida del joven José Antonio González, cuando Diego Torres retiró a Aguirre -posiblemente ante el riesgo de que el flojísimo colegiado que es Javier Iglesias Villanueva pudiese compensar con otra amarilla al argentino la expulsión del jugador numantino-, volvió a decepcionar. Con uno más los locales y el joven canterano en el campo, todo fue más confuso, menos ligado, más precipitado, cuando su cometido era fundamentalmente comandar el movimiento del balón para intentar abrir a un ya definitivamente muy cerrado Numancia.

Por otro lado, no fue la mañana de los estiletes locales. Ni Vadillo, ni Pozo, ni Vico, tuvieron su día, incapaces en la mayoría de los casos de superar a sus defensas, ni de culminar las escasas llegadas claras. No les faltó voluntad, sobre todo a Vadillo, aunque estuvo lejos de la precisión mostrada en Zaragoza, donde todo le salió a la perfección en aquella maravillosa primera parte. Tampoco estuvo Rodri especialmente acertado, lejos del jugador móvil y desestabilizador de las dos anteriores jornadas, y con poca capacidad para desplazar y abrir la defensa rival. Ramos, que lo suplió al inicio de la segunda parre, bajó y retuvo mejor el balón, pero sin conseguir tampoco opciones claras de peligro.

Fue paradójicamente un defensa, Germán, el mejor de los rojiblancos sobre el terreno de juego. Segurísimo por arriba, anticipándose una y otra vez a Guillermo, con empaque para el corte y la salida combinada, en los últimos minutos se adelantó para buscar los balones aéreos que desde atrás lanzaban San Emeterio y Martínez. Pletórico de confianza, emuló a la leyenda alemana, Beckenbauer, en una penetración por la banda derecha donde se permitió el lujo de un recorte a su defensor. Mandó dos veces la pelota al fondo de las mallas, con el infortunio de estar en posición adelantada en ambas ocasiones, rozó el larguero en un tercer intento con un remate en plancha y mereció coronar su gran actuación con el premio del gol de la victoria.

Entre lo positivo de la jornada, además del punto sumado y de continuar en la cabeza de la clasificación, la consistencia de la zona trasera, que acumula un nuevo partido con la portería a cero y sin sensación de peligro real por parte del equipo rival. En los últimos cinco envites se ha encajado un solo gol y de penalti en Alcorcón. Se sigue sumando y acercándose al objetivo de los cincuenta puntos que aseguren la continuidad en la división. Existe un colchón de siete puntos con el séptimo clasificado -primer puesto fuera de opciones de luchar por el ascenso-, y al menos catorce con el primer puesto de descenso -a falta de lo que haga el Zaragoza en su visita a Tarragona en la noche del lunes; si perdiese, serían dieciséis-.

Hay que proseguir con humildad y trabajo para que el éxito hasta ahora alcanzado no sea flor de unas jornadas, y permita alcanzar cuanto antes la permanencia para soñar con otros logros mayores. Una pequeña parada en una trayectoria brillante no debe ser motivo de desazón. Hay que viajar a Gran Canaria con la idea de seguir sumando y progresando. La división está competidísima, y en cualquier partido el margen entre el éxito y el tropiezo puede ser el de unos pocos centímetros que marcan un fuera de juego que impide que el gol suba al marcador.

 

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