Exrojiblanco

Óscar Pérez, el canterano ovetense que vivió dos ascensos con el Granada

Óscar Pérez, con la camiseta del Granada. /A. A.
Óscar Pérez, con la camiseta del Granada. / A. A.

El excentrocampista espera un partido «disputado y difícil» y espera saludar a su buen amigo Manolo Lucena, compañero en su época y actual delegado

RAFAEL LAMELASGRANADA

Es canterano del Real Oviedo y formó parte de las plantillas del Granada que ascendieron a Segunda A y a Primera. No fue un pilar indiscutible de las alineaciones pero sí aportó su capacidad de distribución y sentido táctico al centro del campo durante esas dos temporadas. Óscar Pérez, de 37 años, colgó las botas el año pasado en el Marino de Luanco –donde coincidió con el hermano de Pepe Saavedra, otro exnazarí– y ahora se dedica al asesoramiento dentro de la agencia de representación de Eugenio Botas. El domingo espera estar en el Carlos Tartiere para ver a sus dos antiguos equipos. Tiene sus lógicas preferencias. Vive en la capital del Principado, el corazón lo tiene azul y sus dos hijos siguen sus pasos en las categorías inferiores del equipo asturiano, pero también desea el ascenso del Granada.

«Será un partido disputado y difícil. El Oviedo está fuerte en su campo y viene de ganar en Almería. Además, con el cambio de técnico, Sergio Egea, que es un hombre muy querido por la afición, tiene otro plus. La gente está esperando este encuentro, saben que es importante», expresa para IDEAL. Buen conocedor de LaLiga 1|2|3, sabe que el Granada es un conjunto preparado: «Tiene un buen bloque y un gran técnico. Está haciendo las cosas bien. Una plantilla con recursos. Los resultados están ahí y se encuentran muy cerca de cumplir el objetivo del ascenso», apunta. Para él es clave la influencia del Carlos Tartiere. «Habrá una gran entrada y se empuja mucho desde la grada. Se vive mucho el fútbol. Voy con los locales, pero espero que ambos cumplan sus retos. El Granada tiene margen», agrega.

Óscar Pérez se convirtió en uno de los fichajes más impactantes del proyecto inicial de Quique Pina en aquel Granada de Segunda B. No sólo venía de un equipo que había militado en la categoría superior, el Tenerife, sino que acababa de conseguir el ascenso a Primera, participando en 29 partidos con el conjunto que dirigía José Luis Oltra por aquel entonces. «Para subir se tienen que dar muchas circunstancias. La Segunda es una de las divisiones más complicadas que hay y más este año, con grandes equipos. Están muchos metidos en la pelea. Puedes ganar con el primero y perder con el último en vista de la igualdad», matiza.

Ha sido un trotamundos del fútbol. Salió de las bases del Oviedo y llegar a debutar en el primer equipo en su último año en la élite, cuando inició su caída a los infiernos, que llevaría a los azulones a otro descalabro deportivo y a una crisis económica mayúscula, con el equipo acabando en Tercera. Muy joven, Óscar se marchó al Eibar, por entonces en Segunda. De allí recaló en Córdoba, en el que volvió a saborear la amargura de un descenso. La temporada siguiente terminaría por hacer las maletas y volar a Inglaterra para enrolarse en el Bolton Wanderers. Inédito, volvió a España, a Canarias, para experimentar un repunte en su carrera en Tenerife. Conseguir que los chicharreros volvieran a la cúspide llamó la atención de Pina y Cordero. «Podía chocar un poco lo que hice, pero sabía el proyecto que se estaba preparando, que habría buen equipo. No me equivoqué, viví dos ascensos. Fue un tiempo maravilloso», certifica.

Sus primeros pasos en pretemporada como rojiblanco fueron deslumbrantes. La Liga arrancó y una lesión interrumpió su camino. Paró ocho semanas y, cuando regresó, le costó encontrar sitio en aquel equipo cuyo entrenador era Miguel Ángel Álvarez Tomé. «No rendí como me habría gustado», reconoce. El asturiano perdió protagonismo y apenas jugó en el ciclo de Fabri que acabó con aquella celebración en Alcorcón, aunque sí fue titular en los dos partidos por el título frente a la Ponferradina. Lo sorprendente es que la temporada siguiente, en Segunda, el gallego sí le dio bastante continuidad. «Tenía más confianza. El míster me la dio», añade.

En aquella época fraguó grandes amistades, como con Manolo Lucena, actual delegado del club, al que pasó a saludar en la anterior visita del Granada a Gijón. «Hicimos buenas 'migas'. Es un chaval espectacular. Siempre quedamos cuando viene. Ha empezado de delegado y veremos dónde llega», bromea.