Oltra estuvo dos veces en la cuerda floja

Pese a la aparente «sorpresa» tras su destitución, lo cierto es que el valenciano pudo ser cesado antes si llega a perder ante el Tenerife y el Córdoba. Llamó la atención los jugadores ausentes en su despedida

RAFAEL LAMELAS

Pese a su aparente «sorpresa», José Luis Oltra estuvo en la cuerda floja hasta dos veces antes de que se le destituyera. La primera vez llegó tras la derrota ante el Barça B por 3-0, el pasado 27 de enero. Se encadenaban así tres partidos perdidos fuera de casa -ante el Cádiz y el Albacete, seguidos, y el del Miniestadi-.

Nadie comunicó ultimátum alguno, pero las palabras de Manolo Salvador en los días posteriores a ese tropiezo -al hilo de la presentación de Agra y Hjulsager- denotaron su malestar. El equipo era octavo y recibía al Tenerife. El Granada ganó 2-1, sin ese dominio que había mostrado en muchos encuentros como local. Pero venció. Oltra cogió vida.

El hecho de encadenar un segundo encuentro como anfitrión e imponerse con algún apuro -ante el Valladolid por 1-0-, parecía desterrar el peligro. La escuadra iba a Córdoba, a medirse a un rival hundido aunque recién reforzado y con Sandoval de revulsivo. La cúpula rojiblanca asumía el éxito aun con ello. Una derrota podía afilar la guillotina, porque se cronificaría el problema como forastero. La remontada final apagó el ruido de fondo.

El idilio con Los Cármenes siguió ante el Alcorcón (2-0), con Germán Sánchez titular en la defensa, como ante el Tenerife, y la portería a cero de nuevo. Sin embargo, el gaditano volvió al banquillo ante el Lugo. Los nazaríes hicieron méritos para haberse llevado los puntos pero regalaron un gol en la prolongación a balón parado. El antiaéreo Germán se comía las uñas con los suplentes. Algo se rompió entre él y su jefe desde entonces. Vio los toros desde la barrera ante el Nástic y no fue ni convocado a Oviedo. Tres derrotas seguidas. Rota la magia con el público, siguió el maleficio al viajar. Encima, siendo remontados en ambas citas tras adelantarse.

La imagen de diez futbolistas en la despedida de Oltra -nueve titulares, más Pedro- ejemplificó que parte del núcleo duro le apreciaba pero que otros, no tanto. Hubo quien se vio obligado a justificar su ausencia aunque hay quien lo hizo adrede. Era imposible que le acompañaran Puertas y Espinosa, por ejemplo, marginados desde hacía tiempo. Uno contó con una oferta del Almería y fue sondeado por el Sporting. Al otro le rondó el Cádiz. No recibieron facilidades. En el club les consideraban valiosos. Pero Oltra no lo veía igual. Tras el mercado de invierno les comunicó que contarían poco. Se enfadaron. Preguntaron que por qué no se lo advirtió antes. De todos era conocido que iban a llegar novedades. Aun con esto, la causa del despido no fue ningún motín -la mayoría le apoyaba-, sino la reiteración de pifias, no todas fallos individuales.

Morilla, solución meditada

La entidad en ningún momento sopesó a otros entrenadores al margen de Pedro Morilla. Habrá quien conjeture con que así se evitan sobrecostes. Lo cierto es que Morilla ni es un crío que empieza ahora -pese a debutar en Segunda- ni se limitaba a dirigir al filial. Ha ejercido de secretario técnico, conocedor de cómo se diseñó la plantilla, consciente de las deficiencias que detecta la dirección.

Con ese fuerte apoyo de la estructura, todos van a una. El riesgo atañe ahora a Salvador, que sabe que se juega el cargo si no alcanza el objetivo. Quemó margen de confianza con lo de Oltra. Este habló de sorpresa, pero no fue tanta. También dijo que no haría entrevistas y, tras pasar por cada radio nacional, se ha quedado de comentarista en una. Algo entendible, pensar en el futuro, pero podía haber sido más franco. El Granada también ha pensado en el suyo. De momento, planea una incógnita.

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