Oficio

También hay que saber llevarse partidos broncos y difíciles, donde no se está tan acertado en la generación de fútbol, como el vivido ante el Mallorca

ALFREDO AGUILAR
EDUARDO ZURITA. AFICIONADO DEL GRANADA

No fue el Real Mallorca un rival fácil. Ya se preveía que el equipo balear iba a plantar batalla, dados sus antecedentes de continuidad en la plantilla y equipo que logró la vuelta a Segunda con brillantez y las buenas prestaciones mostradas en las primeras jornadas del campeonato, que lo habían aupado a los mallorquinistas a la zona noble de la clasificación. Y lo demostró desde el arranque del partido, con un primer cuarto de hora donde fue claramente superior a los locales, y al que le faltó atino ante la meta, bien defendida durante toda la noche por Rui Silva, que al final del duelo volvería a la senda de la puerta inmaculada, siendo ya cuatro de nueve partidos disputados donde el portugués no ha tenido que recoger el balón de sus redes.

El signo del partido era muy diferente a lo vivido ante Osasuna, Rayo Majadahonda y Córdoba en los tres duelos anteriores en Los Cármenes, donde el Granada había sido muy superior a unos rivales que nunca hicieron peligrar con consisterncia la victoria rojiblanca. El Granada corría tras el equipo rival y tenía que esforzarse en defensa, donde Álex Martínez no tuvo su noche, creando con malos despejes y erróneas decisiones algunas de las jugadas de peligro mallorquín más francas.

Tuvo la fortuna el cuadro de Diego Martínez de que el punto de mira de los rivales no estuvo afinado. Y contar con individualidades de calidad que deciden un partido: Álex conectó con Vadillo, que se libró de rivales y condujo con destreza, dejando un taconazo en la frontal de entrada al área para que Pozo volviese golease con una gran acción de disparo en parábola muy ajustado al larguero. El joven sevillano está siempre dispuesto a arriesgar y ha caído en gracia en la afición local, que le apoya y aplaude en su osadía y que ve en la promesa cedida por el Sevilla una gran esperanza para alcanzar metas importantes.

El encuentro, tras el gol del Granada, entró en una secuencia áspera, con demasiadas marrullerías por parte del cuadro visitante consentidas por el árbitro, que obvió también un descarado agarrón por la camiseta a Ramos dentro del área visitante. El colombiano estuvo, como en jornadas precedentes, luchador como el que más, solidario en el juego colectivo, y sin tino ante el marco, sobre todo en una franca ocasión que él mismo se fabricaría en la segunda parte.

Al descanso se llegaría con una ventaja para el Granada que un espectador neutral podía considerar excesiva visto el desarrollo del primer periodo, donde el Mallorca pareció ganar a los puntos. La reanudación mostró sin embargo a una escuadra local más entonada, con Montoro y San Emeterio dominando el tiempo del partido. Pudo entonces apuntillar el Granada, sobre todo en una gran internada de Puertas cuyo disparo no encontró la meta. Pero no hubo caso, y el Mallorca recuperaría el dominio mostrándose ambicioso en la búsqueda del empate.

Entonces surgió el oficio rojiblanco. Posicionamiento, esfuerzo, y decisiones tácticas desde el banquillo para cerrar los caminos del gol al rival y mantener la exigua ventaja. De hecho, el Mallorca tuvo escasas oportunidades en esta segunda parte, a excepción de una jugada de la muerte mal rematada y alguna ocasión nuevamente posibilitada por la impericia y el despiste de Álex Martínez, que pudieron costar caro. Los centrales, Germán y Martínez, junto a Víctor Díaz, volvieron a completar una convincente actuación defensiva y se erigieron en baluartes infranqueables por alto y por bajo.

Fue quizá el partido de juego menos brillante en casa hasta ahora por parte del Granada. En el empate ante el Lugo -único partido sin victoria como locales-, y en las tres victorias ante Osasuna, Rayo Majadahonda y Córdoba siempre hubo superioridad por parte de los de Diego Martínez. Pero al final ante un muy buen conjunto como el Mallorca se obtuvieron tres nuevos puntos, en un partido que hay que saber ganarlo como se hizo, tirando de calidad para obtener el gol y adelantarse en el marcador y de mucho oficio y sacrificio para evitar el empate. También hay que saber llevarse partidos broncos y difíciles, donde no se está tan acertado en la generación de fútbol, como el vivido ante el equipo balear. Como dijo en la previa al encuentro el míster granadinista, lo más importante no es seguir segundos en la clasificación, sino tener ya veinte puntos en el casillero tras sólo nueve jornadas. Seis victorias en los últimos siete partidos son credenciales suficientes para seguir convencidos que la dirección que lleva el equipo es, por ahora, intachable.

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