La contracrónica

El nuevo Granada cuenta con 8.000 incondicionales en su vuelta a casa

La afición regresó para arropar al equipo rojiblanco. /Pepe Marín
La afición regresó para arropar al equipo rojiblanco. / Pepe Marín

La afición respondió con creces en el primer partido oficial en Los Cármenes, rugió ante cada decisión del árbitro y apoyó al equipo sin cesar y con generosidad

FRAN RODRÍGUEZGRANADA

Persisten el calor y el sol en su empeño por eternizar el verano, pero lo cierto es que este va tocando a su fin solapándose con el inicio del fútbol. El de verdad. Ese en el que ya hay puntos sobre la mesa y que deja atrás aquellos encuentros de probaturas y descafeinados trofeos. Le tocó esperar una semana a la afición rojiblanca para reencontrarse con eso. Con el cosquilleo previo a un partido de Liga, el olor del césped y la cal, el ambiente en los alrededores del Nuevo Los Cármenes. Pero todo llega.

La 'Eterna Lucha' regresó ayer a su escenario predilecto, el recinto zaidinero. Allí Granada y Lugo se dieron cita en el segundo encuentro oficial para ambas entidades con el sol languideciendo y la luna asomándose al partido con timidez. Tímida también empezó la tarde la hinchada rojiblanca, menor en número que otros años pero igualmente fieles. Ni el ambiente en los alrededores del feudo nazarí, ni el aspecto de las gradas a poco menos de un cuarto de hora de que rodara el balón invitaban al optimismo. Pero todo fue de menos a más. Los abonados fueron entrando al campo sin prisa pero sin pausa, completando de a poco los grandes vacíos que presentaba la grada. Sorprendían, además, las colas que se formaron en las dos taquillas del estadio, signo inequívoco de que gran parte de la afición no abandonará al equipo rojiblanco a pesar de no haberse abonado. La venta de entradas ayudó a conseguir una cifra de asistentes que, si bien no se acercó a esa barrera de los diez mil que se venía consiguiendo en los primeros partidos durante diez años, superó las expectativas iniciales.

Ese ambiente frío que se vivió durante el calentamiento y los minutos previos al choque se desvaneció en cuanto hicieron aparición los primeros acordes del himno. La afición entró en calor y acompañó la salida de los protagonistas con la interpretación a capella del estribillo. Fue el prólogo de 90 minutos de apoyo incondicional, en los que no faltaron los gritos de ánimo, ni las protesta con una actuación arbitral que desesperó al respetable por las continuas pérdidas de tiempo que llevó a cabo el equipo visitante.

El Granada fue el que llevó la voz cantante durante el primer tiempo, no tanto por el dominio sino por el número de ocasiones de las que disfrutó. Todas ellas ayudaron a que el aficionado entrara en el partido y se dejara ilusionar por los de Diego Martínez. El ánimo en la grada varió hacia el optimismo en un muy buen ambiente que crecía con el paso de los minutos y parecía enterrar la monumental desilusión con la que se acabó la pasada temporada. El punto culmen de la velada futbolística llegó con el tanto de Antonio Puertas que, aunque a la postre solamente serviría para rascar un empate, consiguió llevar la fiesta a la grada. La hinchada, sabedora del gen sufridor que parece acompañar al club rojiblanco durante los segundos tiempos, empujó a su equipo para que aumentara la renta en el marcador antes de que fuera tarde. Lo intentó el cuadro de Martínez, pero el 1-0 no se movió en el marcador antes del descanso.

Tras este, la afición continuó apoyando y sufrió la lesión de Rodri Ríos, al que despidió con una sonora ovación por el buen primer acto que protagonizó el delantero. Salió en su lugar Ramos, al que recibió algún tímido pito. Bastaron un par de jugadas brillantes del punta colombiano para recibir los aplausos de los granadinistas y sus propios compañeros. En tiempos de dificultad, el cariño vale mucho y cuesta muy poco. La afición parece haberlo entendido y quiere brindar su calor al equipo. Lo demostró cuando encajó el gol del Lugo animando al Granada, buscando un segundo gol que no llegó. Esto acaba de empezar, pero el Granada de Diego Martínez ya sabe que no caminará sólo, lo hará con 8.000 irreductibles filipinos.

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