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Orillado por la expansión de Iriney, el centrocampista vasco intenta afianzarse en un nuevo modelo más pretencioso con el balón, donde se entrega igual pero se le exige más
13 de octubre de 2012
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RAFAEL LAMELAS | GRANADA.-

Las intervenciones de los futbolistas tras los partidos suelen ser una sopa de tópicos salvo cuando asoman tipos como Mikel Rico. Él se detiene con serenidad y no rehuye preguntas. El parlamento del vasco es como su fútbol, elimina ornamentos, se encuentra en estado puro. Disecciona cada momento sin escurrir defectos, propios y colectivos, sugiriendo soluciones, enfocando con determinación qué se hizo bien y qué mal. Pese a lo que hoy pueda meditar, se hace raro no pensar en Rico como un futuro entrenador, o bien con un cargo con responsabilidad en la observación del fútbol, que analiza como pocos. Quizás por su visión privilegiada, parece que los mediocentros están llamados a ostentar este tipo de actitudes.

Sin embargo, Mikel Rico está atravesando un proceso conflictivo. Tras dos temporadas de evolución sin cesar, aprendiendo los secretos de su demarcación, progresando en paralelo al Granada, se encuentra en una fase de estancamiento, ante sus nuevas responsabilidades dentro del engranaje. Mikel, un centrocampista de ida y vuelta, llegador y solidario en las coberturas, se enfrenta al reto de asumir nuevas responsabilidades dentro de un modelo que pretende ser más ambicioso con el balón, apurándole en funciones que le exigen la misma entrega, pero otras virtudes.

¿Qué ha pasado para que Mikel Rico no esté siendo la referencia de temporada anteriores? Hay diversas circunstancias que han alterado su pulso en los últimos tiempos.

* De la polivalencia al 'box to box':

Mikel Rico llegó al Granada con la campaña en Segunda división comenzada. De hecho, llegó a empezar la Liga con el Huesca, a donde llegó tras lucir en el Polideportivo Ejido. El club hizo una inversión suculenta para lo que se suele abonar en la categoría de plata y los ojos se pusieron encima de este centrocampista, del que alababan su polivalencia, pues había llegado a jugar en banda, incluso de enganche con el ataque. Enseguida se destapó en Los Cármenes su principal virtud: un físico portentoso. Capaz de recorre kilómetros y kilómetros sin perder intensidad, su fuerza le convirtió en una pieza básica para Fabri, cuya visión del centro del campo era más industrial que lírica. En ese contexto, Mikel Rico se sentía como pez en el agua. Como mediocentro suelto oxigenaba la zona ancha, pero contaba con la libertad suficiente para incorporarse al ataque. Era lo que se viene a llamar un 'box to box', un jugador de área a área, duro en el corte y hábil para ocupar los espacios libres del frente, siempre recuperando la posición. Fabri le colocaba una escolta, que no se definía con el paso de los partidos. Empezó Bergantiños, pasó luego el testigo a Óscar Pérez, se acopló Juande cuando llegó y hasta Lucena tuvo su momento.

Fue así hasta que se aproximó la fase de ascenso, cuando el entrenador optó por una solución ofensiva en Los Cármenes, juntado a Mikel Rico y Abel Gómez en las plazas de pivote. Aunque a Rico le costaba mantener la posición, su energía le permitía alcanzar cada rincón y desahogar a Abel Gómez, más centrado en la construcción. Con ellos, el Granada alcanzó la Primera.

A Rico le tocó distinguirse ante la llegada de varios elementos que venían a desplazarle. De hecho, no tuvo clara la titularidad, ante la emergencia de Yebda y Fran Rico. Sin embargo, para Fabri seguía siendo un elemento indispensable. En el 4-3-3 que empezó a aplicar en Primera, Rico se convertía en un volante por la izquierda, con permiso para incorporarse al ataque. Pese a que le costó coger el ritmo, acabó saliéndose de nuevo. Sería uno de los pocos que mantuvo el tipo durante todo el curso, mientras el gallego estuvo en el banquillo hasta cuando aterrizó Abel Resino. Estaba en todas y tenía hasta gol. Marcelo Bielsa le puso los ojos encima, pero su traspaso no se cerró hacia el Athletic. Renovó por el Granada. Era un bastión.

* Iriney y la ausencia de Benítez:

Esta temporada nadie discutía que Mikel Rico sería titular, como está siendo, pero por ahora es su curso más anodino. Ha llegado un mediocentro eminentemente destructor, que le ha robado plano por su capacidad expeditiva. Iriney se ha convertido en un pilar del nuevo esquema, con esa vehemencia tolerada por los árbitros que a veces emplea en los quites y que le da un gran empaque a esa zona crítica. En ese contexto, al acompañante de Iriney se le pido algo así como a Beñat en el Betis: que cree y se asocie con el mediapunta. Pero a Rico parece convenirle más el vértigo en las acciones. Con reposo, asoman algunas carencias técnicas que él sabe esconder muy bien con otros ritmos. Otro problema viene derivado de la baja de Benítez. Con el mallorquín sus asociaciones por la izquierda, desde la que solía partir, se hacían más fluidas. Siqueira, Benítez y Mikel creaban un triángulo de superioridad de la que los tres se alimentaban. Sin Benítez, Siqueira ha tardado en recuperar nivel debido a la ausencia de coberturas, mientras que a Mikel le ha ocurrido algo similar, pues con Orellana la mezcla no ha sido tan depurada, debido a que el chileno actuaba algo más adelantado o en la derecha cuando eran compañeros en la Liga Adelante.

* El futuro

Mikel Rico reúne virtudes tan innumerables que se antoja complicado pensar que acabe perdiendo su plaza. Su contribución al centro del campo es a veces oscura, pero muy necesaria. Quizás nunca sea un elemento que dé frecuentes pases de gol, o que haga regates que limpien zonas, pero en el páramo de Mikel Rico suele haber productividad y fervor. Su comodidad es mayor cuando el que le acompaña asume más jerarquía en la elaboración. Si a él se le busca como si fuera un 'Xavi', se equivocan de hombre. Pero en el contexto adecuado, con un conjunto más solidario, sin fisuras, unido, Mikel Rico pronto volverá a ser esa escoba que en la punta tiene un espolón para atravesar los rincones más inesperados. Cuanto más se duda de él, más sorpresa genera. Seguro que Mikel Rico está a punto de demostrar que su capacidad de adaptación es extraordinaria. Tanto como su habilidad para el análisis del fútbol.

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