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El mítico futbolista marroquí, que jugó en ambos equipos, feliz por ver otra vez el derbi en Primera: «Un regalo de Dios»
10 de septiembre de 2011
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Abdallah Ben Barek, exjugador del Granada CF: «La afición nos quiso pegar por perder con el Málaga tras ascender»
Ben Barek posa ante la sala de exposiciones de CajaGranada en Puerta Real. :: ALFREDO AGUILAR
DANIEL OLIVARES dolivares@ideal.es | GRANADA..-

«Bebo Coca-cola para mantener mi color», bromea Ben Barek. Todo ingenio y buen corazón, está como un niño con botas (de fútbol) nuevas. El Granada y el Málaga, los dos equipos de su alma, vuelven a encontrarse en Primera División. «Es un regalo de Dios», dice. «Al Granada lo he seguido en los malos momentos y en los buenos, que son los últimos. Fue mi primer equipo y se lo debo», añade. En Málaga están sus otros amores. Allí se instaló hace más de cincuenta años para seguir su carrera en el club de La Rosaleda, allí se casó y allí ejerce de abuelo con sus nietos.

La eclosión futbolística de Abdallah Ben Barek (Rabat, Marruecos, 1937) coincidió en el tiempo con el ocaso de uno de los mayores talentos que ha dado el fútbol marroquí y que, casualmente, se apellidaba como el entonces jovencísimo Abdallah. Larbi Ben Barek, mito del olimpo colchonero del Atlético de Madrid, fue quien dio el empujón a su carrera. Corría el año 1956 y el veterano Larbi, frisando los 40 años y alejado ya de la élite europea que le vio triunfar en Francia y en España, apagaba su últimas velas en el Fath Union Sport de Rabat. Abdallah daba sus primeros pasos en el otro equipo de la ciudad, el Stade Marocain, donde el propio Larbi jugó un año antes.

El Nimes, entonces campeón francés de Liga y Copa, se había interesado en él, pero su padre se negó a su marcha. Meses después, un equipo español que militaba en la Segunda División y buscaba su regreso a la Primera después de once años, preguntó por él. El Granada, presidido por Pepe Bailón, movió los hilos. Fue el propio Larbi quien ejerció de mensajero y quien convenció al padre de Abdallah para que el retoño cruzase el estrecho. «Larbi le explicó a mi padre cómo era el fútbol español y le dijo que yo podía triunfar aquí. Llegué a Granada un lunes, ni siquiera tenía papeles, ni pasaporte ni nada. Avisaron a la policía de que venía a hacer una prueba. Cuando llegué estaba nevando y la carretera estaba cortada», rememora Ben Barek.

Su memoria no le falla. Aquel lunes que recuerda el hoy veterano Abdallah fue un 21 de enero de 1957, según rescata la hemeroteca de IDEAL. Tres días después, el estadio Los Cármenes amaneció con veinte centímetros de nieve y el Granada, entrenado por el argentino Alejandro Scopelli, tenía 'partidillo' de entrenamiento contra el Recreativo, el filial. Ben Barek superó la prueba: «Bailón me dijo: 'Vamos a comer'. Y arregló el tema conmigo, con el Stade Marocain de Rabat y también el asunto de mis papeles».

Vio el Málaga-Granada

La casualidad del destino quiso que Ben Barek, antes de aparecer por las faldas de Sierra Nevada aquel frío lunes, presenciara el Málaga-Granada el día anterior, después de aterrizar en España en un vuelo procedente de Tetuán. Los malagueños derrotaron a los granadinos en el derbi vecinal por excelencia (1-0). Curiosamente, aquellos dos serían sus únicos equipos en una década de futbolista profesional. El fútbol español vería durante ese tiempo al 'otro' Ben Barek, al 'Pajarito', como así le apodaron: «Por lo delgado que era y porque 'picaba' balones por todo el campo». La Federación Española dio el visto bueno al 'transfer' del joven Abdallah, que entonces contaba con 19 años y que llegaba para ocupar la única ficha de futbolista extranjero no sudamericano permitida. «Me instalé en un hotel en la calle San Matías», relata el propio protagonista en la terraza del Chikito.

A sus 74 años, Ben Barek está menos 'pajarito' pero sigue conservando el mismo rostro afable y el mismo sentido del humor que le hizo granjearse el cariño de Granada. Ha vuelto para ver la exposición del 80 aniversario del club. «Para mí, venir aquí a fue como revivir la historia de aquellos siglos de los árabes. Había estudiado la historia y me gustaba subir a la Alhambra para sentir todo aquello que había estudiado».

Su desembarco en el equipo fue exitoso. Las dificultades del idioma (hablaba árabe y francés) no fueron un impedimento. «Molina, que hablaba francés, me ayudó. Pero en tres meses ya me hacía entender».

Un trimestre más tarde, el Granada celebraba el regreso a Primera tras doce campañas en Segunda. «Logramos el ascenso una jornada antes, en Badajoz, creo recordar», apunta Ben Barek. Efectivamente, el equipo perdió contra el Extremadura (2-1), pero el resultado no le impidió festejar la consecución del campeonato del Grupo sur de Segunda División (entonces formada por dos grupos). «Yo no bebía ni bebo alcohol y mis compañeros querían que lo hiciera para celebrarlo. Cogí una silla para pararlos y vieron que me puse serio», detalla.

De la bronca al Corpus

El destino, otra vez, quiso que aquel campeonato, con el ascenso ya en la mano, se cerrase con la visita del Málaga al viejo Los Cármenes. La eterna rivalidad entre las aficiones hizo el resto. «Perdimos y la gente nos quiso pegar por aquello. ¡Y eso que habíamos ascendido! Al final se calmaron y cuando salí, me cogieron a hombros. Me invitaron a que fuera a la Feria del Corpus. Fuimos a la caseta del Ayuntamiento y me pidieron que cantara algo. Sólo me sabía una canción de Machín con mi corto español. Me atreví y canté. Cuando acabé me gritaban: 'Otra, otra, otra...'. Y yo dije: '¡Pero si no me sé más!'. Y la gente respondía: 'Pues canta la misma'. Tres veces la canté».

Ben Barek permaneció una temporada más en el Granada. Bailón, el hombre que le trajo, tuvo que dejar la presidencia por una sanción de la Federación, debido a una acusación de soborno en un partido. Luis Rivas accedió a la presidencia. «Necesitaban un portero y ficharon a Carlos Gomes (meta portugués). Como entonces sólo podía haber dos extranjeros en cada equipo y uno tenía que ser sudamericano, me tuve que ir». El Málaga se cruzó en su vida y la capital de la Costa del Sol se convertiría desde entonces en su casa.

Ahora los dos equipos de su vida vuelven a encontrarse en Primera 36 años después. La tan recordada rivalidad es hoy parte del anecdotario, de momento. «Nunca llegué a jugar en Primera un Málaga-Granada. Sí lo hice en un trofeo Ciudad de Granada, en un triangular con el FAR de Marruecos. El FAR nos ganó a nosotros, al Granada, por 6-0, y el Málaga les ganó a ellos por 1-0. Entonces, en el tercer partido, todo el mundo quería que le ganáramos al Málaga para que el trofeo se lo llevase el equipo de las Fuerzas Armadas marroquíes. Al final, el Málaga empató y ganó el trofeo pero la gente no le permitió llevárselo y tuvieron que venir una semana después, de noche, a por él», detalla la asombrosa memoria de un Ben Barek que hoy vive por y para la cantera malaguista: «Trabajar con los niños es lo más bonito».

El lunes estará en La Rosaleda. Está ilusionado con el nuevo Málaga. «Lo del jeque es una bendición de Dios. Han hecho un equipo increíble», señala. No hace predicciones, pero anticipa que «se verá un gran partido». ¿Málaga o Granada? Sólo sonríe.

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