Ni un pero

El Granada fue mejor que su rival, el Albacete, hizo méritos y creó oportunidades suficientes para llevarse la contienda, pero la suerte esta vez no estuvo de su lado cuando hasta en tres ocasiones la madera de la meta del equipo manchego repelió la pelota

Ni un pero
RAMÓN L. PÉREZ
EDUARDO ZURITAGRANADA

Buen partido del Granada, uno más en la larga lista de esta temporada, donde cada intervención del equipo rojiblanco asegura lucha, competitividad y dosis de buen juego. Fue mejor que su rival, el Albacete, hizo méritos y creó oportunidades suficientes para llevarse la contienda, pero la suerte esta vez no estuvo de su lado cuando hasta en tres ocasiones la madera de la meta del equipo manchego repelió la pelota. Los visitantes, cuando se toparon con el larguero de Rui Silva encontraron un aliado en la consecución de su gol.

La crónica

El Granada fue dueño de la pelota en buena parte del partido y volvió a mostrarse como un bloque reconocible. San Emeterio, otra vez omnipresente, y Montoro volvieron a convertirse en los motores del equipo. Vico no dejó de ofrecerse durante todo el partido y de estar siempre presente en las mejores ocasiones rojiblancas. Vadillo recuperó las sensaciones de sus mejores tardes granadinistas, completando un partido prácticamente exento de errores, y moviendo con destreza y elegancia el balón en bellas combinaciones que merecieron finales más eficientes. Rodri, titular en punta, estuvo activo y participativo en la primera parte, aunque fue progresivamente diluyéndose con el paso de los minutos. Pozo fue la nota más discordante, en exceso precipitado e individualista. Atrás, Rui Silva en su línea de seguridad, nuevo partidazo de Germán y Martínez en el centro de la zaga, un Víctor Díaz muy entonado y Quini sufriendo en el lateral con las penetraciones de Bela, de lo mejor del rival, sobre todo en la segunda parte.

El primer periodo fue de dominio absoluto local, aunque la profundidad y la claridad den la definición no se encontraron hasta el último momento de esta fase. Sólo tiros lejanos, como uno espléndido de Montoro, inquietaron al buen meta que es Tomeu. El Granada llevaba el peso del partido, el Albacete había renunciado al balón y prácticamente pasó inédito en esta primera parte ante Rui Silva, a excepción de un lanzamiento de falta bien atajado por el portugués. Había perdido a Rey Manaj en una jugada fortuita donde el pie de Germán encontró la cabeza del albanés cuando se disponía a despejar de espaldas. Desgraciada jugada sin intencionalidad alguna, por más que Ramis y su auxiliar se desgañitaran pidiendo una roja que hubiera sido excesivo castigo en una jugada que no era de inminente peligro aún para la meta de Rui Silva.

El infortunio con los travesaños de la portería de Tomeu aparecería con la última jugada anterior al descanso. Una peligrosa internada por la derecha del ataque del Granada permitió un buen disparo de Vadillo al que Tomeu respondió con reflejos repeliendo el esférico. Vico, muy cerca de la meta, cazó el balón con su cuerpo excesivamente echado hacia atrás encontrándose con el larguero escupiéndolo.

En la segunda parte el Albacete se mostró más incisivo que en el primer periodo, lo que no era difícil. La banda derecha de su ataque, con un Bela muy activo, inquietó con varios avisos previos al gol la meta granadinista. Pero el Granada pareció retomar la iniciativa del juego rápidamente, y otra vez Fede Vico estuvo cerca del gol, tras recoger un rechace de Tomeu y superarlo para que en la misma línea un defensa del equipo albaceteño evitase el tanto. Más tarde, una gran asistencia de Montoro permitió a Rodri empalar sin dejar caer el balón para nuevamente rozar el gol.

El Granada mostraba un fútbol fluido y atractivo, con combinaciones comandadas por Montoro y Vadillo de gran precisión, pero la suerte ante el gol le seguía siendo esquiva. El panorama se complicó con el gol visitante, donde la efectiva zaga local no pudo evitar una buena asistencia desde la derecha que remató Bela al larguero de Silva. Esta vez la madera ayudó a entrar el esférico.

Durante unos minutos los locales parecieron con el rumbo perdido, sin reacción ante el gol en contra. Saltó entonces Adrián Ramos supliendo a un muy desafortunado Pozo -que se encuentra en un ciclo de flojas actuaciones, que empieza a prolongarse-, pasando así los de Diego Martínez a disponer dos puntas, con el colombiano junto a Rodri. Ramos empezó a inquietar pronto, y una gran asistencia suya fue rematada a bocajarro por Vico para que Tomeu se luciera y el travesaño nuevamente impidiera el empate. El portero manchego evitó también el gol tras un gran disparo desde fuera del área de Quini.

El Granada, como siempre no cejó en su empeño por buscar el gol. Un córner al segundo palo rematado por Germán fue cortado por el brazo de Gentiletti. El penalti lo transformó con serenidad Vico, que al fin podía batir a Tomeu. Poco después, Ramos estuvo cerca del gol, y un último palo en una jugada trabada en el área manchega tras un rebote demostraba que la suerte de los visitantes estaba definitivamente aliada con la madera de su portería

En el cómputo de todo el partido parece evidente que por juego, dominio y oportunidades, el resultado debió decantarse a favor del Granada, pero en la última jugada del encuentro un centro profundo rematado casi a bocajarro por los albaceteños estuvo a punto de inclinar la balanza para los visitantes. Se empató ante un equipo bien organizado atrás, con las ideas claras para aprovechar sus contras, y con un meta bajo palos de categoría. El Granada jugó bien, por momentos espléndidamente, dominó el partido, creó más ocasiones que su rival y no se rindió en ningún momento, como ya es divisa de este equipo en este campeonato. El cuadro rojiblanco volvió a dar sensaciones de tener las ideas claras y de porfiar por llevar a cabo el plan establecido desde su banquillo para competir. Ni un pero para el equipo, irreprochable en su actitud. Hay que mantener la confianza en entrenador y plantel, pues en cada partido se la ganan sobradamente.