Granada CF

La necesidad de encontrar un plan alternativo para las defensas cerradas

Puertas se lamenta tras fallar una ocasión ante el Sporting/Pepe Marín
Puertas se lamenta tras fallar una ocasión ante el Sporting / Pepe Marín

El Granada se estanca por segundo partido consecutivo en casa ante un rival que volvió a evidenciar que sin espacios el equipo sufre

Camilo Álvarez
CAMILO ÁLVAREZGranada

Vadillo, Fede Vico y Puertas. O Pozo en lugar de alguno de ellos. Ramos o Rodri como referentes ofensivos. Ese cuarteto atacante hacía temblar hasta hace no mucho a las defensas de todos cuantos se habían enfrentado al Granada. Su movilidad, su seguridad con la pelota, su habilidad para desequilibrar y asociarse, hacían que cualquiera que quisiera enfrentarse a ellos se anduviera con mucho cuidado y casi siempre acabara claudicando. Pero desde hace semanas las cosas han cambiado. Los rivales le han tomado la medida y saben cómo sacar al Granada de su zona de confort.

El Numancia practicó un estilo mucho más conservador en el que se amparó, viendo que con la pelota no tenía demasiada continuidad en el juego, en un fútbol práctico basado en la defensa del punto como único modo de subsistencia. Un bloque compacto que cerró todas las líneas de acercamiento a su portería y acabó desesperando al rival.

El Sporting tenía dos planes bien diferenciados y muy trabajados, a pesar de que apenas lleva una semana con su nuevo entrenador. José Alberto logró que su equipo comenzara presionando muy arriba, aunque en los primeros minutos sufrió hasta asentarse. Luego fue creciendo y acumulando gente arriba para crear ocasiones de gol hasta que logró marcar. A partir de ahí se parapetó en un fútbol mucho más práctico. En la primera parte ya no se acercó mucho más al área de Rui Silva, pero tampoco sufrió en exceso.

Tras el descanso llegó su momento de mayor agobio, cuando el Granada saltó al campo decidido. Los locales acumularon varias acciones claras para haber empatado. La eficacia de partidos anteriores no llegó esta vez y con el paso de los minutos las dudas asaltaron a los granadinistas y el Sporting se creció. Generó ocasiones claras de gol para haber ampliado la ventaja. No lo hizo y el Granada le castigó. Al final el partido entró en una lotería en el que el equipo asturiano se llevó el premio gordo no sin polémica.

Lo mejor que hizo, la clave para llevarse los tres puntos, fue saber jugar con la ansiedad del Granada. Le generó dudas en su fútbol, amparado en las decisiones de un árbitro que incidió decisivamente en el juego. El resultado más justo hubiera sido el empate, pero en una categoría tan complicada donde muchos detalles influyen en el marcador hay que hacer muchas cosas bien para ganar.

Al Granada de Diego Martínez los partidos cerrados no se le dan bien. Con metros para correr sus futbolistas son desequilibrantes pero cuando las puertas se cierran y hay que abrirlas desde un juego más elaborado las ideas escasean. Vadillo, que durante toda la semana estuvo con problemas físicos y fue duda hasta última hora, estuvo mucho más fallón de lo habitual. Puertas tampoco esta vez despejó las dudas que hace semanas anda sembrando. Pozo salió demasiado ansioso.

Cambios precipitados

Ante la evidente falta de ideas para abrir la lata de fabada, Diego Martínez optó por el recurso de la doble delantera con Ramos y Rodri que tan buen resultado le dio en Las Palmas. Esta vez acudió al él mucho antes. Luego repescó a Pozo para agitar y a Juancho en un lugar más centrado, detrás de los puntas, en el que tuvo poco protagonismo. El Granada andaba atascado y quizá necesitaba alguien que ordenara sus ideas y su juego. Que templara los nervios de un partido que se le había ido de las manos por culpa de las decisiones arbitrales tan controvertidas del colegiado y dejara a un lado ese otro fútbol al que le empujaba el Sporting de batallas sin balón, de enfrentamientos dialécticos y de disputas en los banquillos que sólo sacaban a los rojiblancos un poco más del partido. Tres jornadas sin vencer, con cosas a destacar en el aspecto positivo pero otras tantas que corregir.

 

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