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La Resaca

La mala inercia y el estímulo necesario

Los futbolistas rojiblancos muestran su pesadumbre al final del partido del domingo tras la derrota ante el Deportivo de la Coruña. /P. MARÍN
Los futbolistas rojiblancos muestran su pesadumbre al final del partido del domingo tras la derrota ante el Deportivo de la Coruña. / P. MARÍN

El Granada intentará resarcirse de su racha aciaga en el campo de un Córdoba en descenso | Diego tendrá que valorar si mantiene la fidelidad total en su base o si introduce a algún fichaje para cambiar la dinámica

RAFAEL LAMELASGRANADA

1. El diagnóstico parecía claro en verano: el Granada estaba condenado a medrar por mitad de la tabla. Su tope salarial se había quedado en casi la mitad. De portero tenía al suplente del curso anterior, Rui Silva, un joven portugués espigado y tímido que se comió algún gol en lo poco que participó. Como central dominante se perfilaba Germán, otro habitual del banquillo, siempre a la sombra de Chico Flores y Saunier. Desperdigados por líneas, cuatro fichajes que venían de descender con sus equipos; tres de ellos de apariencia bisoña (Martínez, San Emeterio y Pozo) y uno algo más veterano pero en una aparente fase crepuscular, Rodri Ríos, tras llegar a pisar la Primera en su día. Como grandes apuestas, Vadillo, con escasos minutos en el ascendido Huesca y con un temible historial de lesiones; y Fede Vico, cuya luz juvenil cuando debutó en el Córdoba comenzó a apagarse tras decidir irse a Bélgica. Alrededor, parte de la estructura de una plantilla llamativa que se desplomó a partir de marzo a raíz del cese del primero de tres entrenadores, Oltra. No seguían la estrella, Machís, la revelación, Kunde, ni un chico de altibajos pero con calidad, Sergio Peña. Hasta tuvieron que conformarse con su segunda opción como técnico. De Francisco Rodríguez a Diego Martínez.

2. Definitivamente, el Granada que se confeccionó parecía ir hacia tierra de nadie. Aspirar a conseguir la permanencia cuanto antes y poco más. Sin embargo, ese mismo equipo lleva 22 jornadas sin bajarse de los seis primeros puestos, estando trece de ellas en ascenso directo y ocho como líder.

3. Los méritos son incuestionables hasta ahora: el de quienes armaron una plantilla de aparentes remiendos; el del cuerpo técnico que trabajó con denuedo desde la pretemporada; y el de los propios protagonistas, con su rendimiento individual y su implicación colectiva. Otra cosa es que todos hayan malacostumbrado al entorno a unos resultados extraordinarias que han facilitado olvidar de dónde se viene, las carencias iniciales, el pasado reciente de algunos integrantes del grupo, la fortaleza de los rivales. El domingo no pasó por Los Cármenes un contrincante menor. Era el segundo mejor presupuesto de la Segunda. Un Deportivo obligado a pelear por el ascenso directo con más dinero del que tenían los rojiblancos en su día cuando bajaron.

4. Los blanquiazules no tiraron a puerta en el primer tiempo. Su portero vio cómo un balón se estrellaba en el travesaño y logró sacar una mano salvadora ante Ramos después. A Dani Giménez le silbó la pelota por delante varias veces más antes del descanso. Pero después pasó lo que pasó. Martínez erró un despeje, Quique se quedó a placer ante el gol y el 0-1 aturdió a los nazaríes, que se sumieron en una agitación poco sana. Aun con ese frenesí, tuvieron acercamientos como para haber empatado a fuerza de arreones. Sin exquisiteces ni puntería, pero con esa identificable capacidad de resistencia que acompaña a este conjunto desde su bautismo.

5. Hay síntomas de preocupación porque la gran trayectoria se está torciendo. Un mero triunfo en siete partidos, con dos derrotas en los dos últimos, resulta algo significativo de por qué está desapareciendo el colchón de puntos que el equipo atesoraba. Sólo ha conseguido cuatro goles a favor en esta secuencia. En cuatro de ellos se quedó sin marcar, consecutivamente en los tres más recientes.

6. Han ocurrido varios accidentes que contribuyen a explicar la situación. La lesión de Montoro frente al Elche, que retornó el domingo, siendo un futbolista elemental en la creación del juego; la expulsión de San Emeterio contra el Extremadura, que condicionó aquella cita y la siguiente, en Pamplona, justo cuando más falta hacía su ímpetu; y las dos pifias seguidas a la hora de alejar el esférico que han costando sendos goles, tanto en el Sadar, con José Antonio González, como en casa, con la intentona fallida de José Antonio Martínez.

7. Cada factor tiene su influencia, pero todo está salpicado por la falta de definición arriba, muy acusada en los delanteros. Adrián Ramos, que se lesionó y además vio la quinta amarilla, lleva siete enfrentamientos sin anotar dianas. Rodri, su reemplazo a veces y su compañero otras cuando la escuadra busca remontar, eleva su sequía a once choques. La segunda línea, prolífica en la fase de mayor solvencia del ejercicio, también anda seca. Fede Vico tuvo una muesca de penalti hace cinco partidos, pero lleva trece sin hacerlo en jugada, al igual que Vadillo. Puertas lleva cinco sin celebraciones plenas. Pozo se va a los ocho encuentros sin nada propio que gritar.

8. El mercado de invierno abrió una ventana para mejorar detalles que empezaban a acusarse, pero de momento ninguno de los tres fichajes aparece en el plan inicial, con la excepción de Bernardo en aquella urgencia por la baja de Germán contra el Elche. Dani Ojeda ya lleva varias semanas de integración, pero por ahora ha sido un mero recurso. Fue la tercera sustitución frente al Dépor, por detrás de Rodri y Puertas. Azeez ha calentado en la banda en dos citas, pero aún no ha debutado.

9. Diego ha rendido pleitesía al valiente y fiel destacamento que le llevó hasta la cima intermedia, pero para proseguir la escalada necesita de estímulos, más allá de las incidencias aleatorias que ahora sonríen al enemigo. Ese refresco lo pueden dar otros futbolistas menos habituales o una alteración en la pizarra, aunque esto nunca debe orillar el mérito previo del vestuario que se forjó. Sin esa base no hay laureles.

10. Ahora el equipo tiene una jornada factible, aunque con trampa. Visita al Córdoba, antepenúltimo, que viene de una prodigiosa victoria en Tenerife. Si el Granada gana en el Arcángel, como hizo el año pasado, tendrá una semana de relax porque tiene asegurado el compromiso contra el Reus por su exclusión. Pero primero tiene que vencer a los blanquiverdes. Sin Quini ni Ramos. Tal vez, con alguno de los nuevos. Cuando el plan de Diego no tenía expectativas, armó un acorazado. Ahora, con algo de presión no buscada y el equipo flaqueando, es cuando tiene que demostrar su verdadera madera de líder.

 

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