La Crónica

Líder incontestable

Fede Vico abrió el marcador muy pronto y encarriló el triunfo en La Romareda. / AGENCIA LOF

El Granada se doctora en La Romareda y acaba la jornada como primero tras un soberbio acto inicial ante un mal Zaragoza

RAFAEL LAMELASGRANADA

Hay partidos que no caben en su resultado, que van mucho más allá y quedan aferrados a la memoria. Alimentan esperanzas, embriagan por su juego, sirven para conquistar plazas de prestigio, elevan hasta cotas inhóspitas. Hasta un liderato incontestable, la felicidad solitaria, que nadie le podrá arrebatar al menos hasta el fin de semana que viene y que dispara el optimismo entre la hinchada. Así fue el encuentro del Granada ante el Zaragoza. Un recital el que se doctoró tras una primera parte sublime, digna de lucir en un museo del fútbol. Un dominio abrumador, como no se recuerda. Toque, movimiento, presión, pases, disparos. Una oda a este deporte.

0 Real Zaragoza

Cristian Álvarez, Alberto Benito, Grippo (Álex Muñoz, m.28), Verdasca, Lasure, Eguaras, Zapater, James, Buff (Delmás, m.46), Pombo y Marc Gual (Soro, m.75).

2 Granada CF

Rui Silva, Víctor Díaz, Germán, Martínez, Álex Martínez, Fede San Emeterio (Alberto Martín, m.68), Montoro, Pozo, Vadillo (Nico Aguirre, m.63), Fede Vico y Rodri (Adrián Ramos, m.82).

GOLES
0-1, m.15: Fede Vico; 0-2, m.37: Vadillo.
ÁRBITRO
Vicandi Garrido (colegio vasco). Expulsado con doble tarjeta amarilla el local Alberto Benito en el minuto 42 de partido. También amonestó al local Cristian Álvarez así como a los visitantes Fede San Emeterio y Montoro.
INCIDENCIAS
Partido de liga disputado en el estadio La Romareda ante 19.326 espectadores (cifra oficial).

El ambiente olía a puro y linimento la última vez que los rojiblancos vencieron en la capital maña. 76 años han pasado desde la última vez que celebraron algo consistente, cuando no se jugaba siquiera en La Romareda. Un estadio noble que vive episodios de hastío y depresión. A Lucas Alcaraz se le viene mucha faena por delante. Diván y pizarra, porque el equipo que le paga está en la UVI. El de su alma, lo ha podido comprobar en carne, vuela.

Hay campos que intimidan por sí solos, dando igual en qué estado se encuentre el anfitrión. Una atmósfera de superior categoría, con casi 20.000 personas en la grada, no achantó al conjunto de Diego Martínez, comandante ejemplar de un proyecto floreciente, bien engrasado, que funcionó como una máquina hasta el descanso. Con dominio, ímpetu, personalidad, fe, calidad y goles, dos buenos goles, que nacieron de la bota de Vadillo, un cañón anudado en sus cordones. La segunda parte, con el rival en inferioridad desde justo antes del descanso, sirvió para adormecer los acontecimientos y no ensañarse. Un Zaragoza que acabó con medio campo vacío de aficionados y con el otro medio exigiendo explicaciones. Obligando a la plantilla a pedir disculpas a los más entusiastas en uno de los fondos.

Los cuatro ases de Diego

Diego baraja un póker de ases para la mediapunta pero sólo suele encajar a tres al tiempo por aquello del equilibrio, así que esta vez la penitencia del banquillo le tocó a Antonio Puertas, máximo goleador del equipo aún pero quizás el más confuso en ataque en los últimos partidos.

Por primera vez salían juntos al campo, desde el inicio, Vadillo, Fede Vico y Pozo, este último autor de los dos últimos tantos del equipo, ambos en casa, todos fulgurantes. Rodri, ya sin la excusa de la fiebre de Ramos, se mantuvo en la avanzadilla. Su habilidad para generar confusión con sus movimientos a la espalda de la zaga del Almería debió de agradar al técnico. Además, entre ceja tenía a uno de sus 'ex'. Al retén que protege a Rui Silva volvió Víctor Díaz también.

Lucas, por su parte, perfiló de nuevo el rombo en el centro que tanto le dio a Natxo González en el cuadro maño del curso pasado, con Buff de enganche. Más que implementar mejoras agresivas, rescatar lo que tan bien funcionó. Arriba, el recuperado Marc Gual en la compleja misión de hacer olvidar a Borja Iglesias. Pero cualquier tiempo pasado fue mejor. Sufren amnesia. Los jugadores están paralizados.

Al Granada le apretaba el nudo de la corbata tras la victoria del Alcorcón y el empate del Dépor, que le descabalgaban del segundo puesto, aunque el del Zaragoza ahogaba, al arrancar en zona de descenso tras la goleada matutina del Cádiz al Elche en el Ramón de Carranza. Sólo quedaba comprobar si el teatro sobrecogería a los nazaríes como dio la impresión que ocurrió al principio en Riazor. Pronto se aclaró que el rival no era el Deportivo y que el Granada ha crecido mucho desde entonces.

La primera parte quedará para el imaginario colectivo por magnífica. Fue una actuación con aplomo y mentalidad ganadora, acampando en campo contrario, circulando con soltura y determinación, borrando del campo a los locales, en estado de putrefacción. No es exagerado decir que fue el mejor acto de los nazaríes fuera de Los Cármenes en años, pues maniataron a un conjunto que está en horas bajas pero que tiene su heráldica.

Tal era el impulso visitante que el primer centro al área lo lanzó Germán en una subida por banda. La escuadra no se limitó a salir desde atrás por las vías más higiénicas, sino que hostigó como nunca la salida del contrario, provocando sus errores. Rodri hizo un trabajo entusiasta, peleón para encimar al contrario y sólido aguantando el esférico para la incorporación de compañeros.

El panorama inmejorable necesitaba un gol de refrendo. Un aviso de Vadillo, que tiene pie brasileño para golpear con un efecto de 'folha seca', alertó a Cristian de lo que se le venía encima. El gaditano robó, se perfiló para el chut y atronó. Repitió la maniobra tras la enésima pifia maña, que achicaba balones como si fueran granadas a punto de estallar. Esta vez su pateo sí llegó con vehemencia entre palos. Cristian lo alejó justo a los pies de Vico, que tuvo astucia y no cayó en el fuera de juego. Controló, dudó si dársela a Pozo pero al final lanzó por el único hueco hábil del palo más cercano. El tanto premió el amplio dominio.

Sólo Pombo parecía negarse a la deriva zaragozana. Le puso espíritu en un tiro desde la corona y luego Grippo intentó una chilena en la salida del córner posterior que le salió mansa. El central buscó las puertas de la gloria y encontró la del vestuario por lesión. Vadillo le desencajó de vía en una acción por banda, en la que le hizo un caño mientras la rodilla se le quedaba clavada. El 'siete' rojiblanco encaró a Cristian y percutió de nuevo por el lugar más dificultoso que le dejó el arquero. Esta vez sí pudo adivinar las intenciones enemigas.

Efecto meteoro

Con Álex Muñoz por Grippo, el Zaragoza siguió empotrado. Pozo zigzagueó por la media luna y se llevó una tarascada de Benito. Vadillo reclamó el foco y golpeó de nuevo con sequedad y tres dedos para que el esférico bajara como un meteoro. Dos orejas y el rabo.

El desplome local se consumó cuando Benito agarró en una carrera a Pozo, que provocó una nueva amarilla y su consiguiente expulsión a segundos de la pausa. Al borde de la rendición, el Zaragoza sacó un poco de orgullo tras el descanso, con varias intentonas sobre todo a balón parado, pero se fue deformando hasta proseguir en su versión inocua. El público sacó el sarcasmo coreando con olés algunas secuencias con la pelota de los suyos, inanes ante un Granada con todo controlado, que contragolpeó sin querer hacer sangre y que sólo lamentó que Montoro viera la quinta amarilla. Diego le dio minutos a Aguirre y Alberto Martín, candidatos a sustituirle. A la fiesta le faltaron pocos detalles. Rui Silva apareció en una falta de Zapater, Germán sigue en plan 'káiser' y el resto se encuentra en un momento dulce.

Justo hoy, hace un año, el equipo también alcanzó el liderato. El fin de la historia se sabe. Este Granada parece distinto y proporciona seguridad, pero aún no hay certezas, aunque empieza a jugar como nunca. Quizás mejor incluso que aquel que ascendió con Fabri.

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