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La Crónica

Un líder de todo corazón

Los jugadores del Granada se felicitan al final del partido. /R. L. P.
Los jugadores del Granada se felicitan al final del partido. / R. L. P.

El Granada se aúpa de nuevo al liderato gracias a un cabezazo tempranero de Germán y su capacidad de resistencia atrás

RAFAEL LAMELASGRANADA

La altura es adictiva para este Granada, que cuando le fallan los pulmones al elevarse tira de su enorme corazón. Añoraba la subida y la ha reemprendido con decisión, cerrando el círculo en Los Cármenes, allí donde perdió el liderato frente al Deportivo. Soportó la angustia a la que le quiso someter el Zaragoza con su juego hilado tras el tempranero cabezazo de Germán a la salida de un córner. Se mantuvo siempre firme porque no escala solo. Le lleva en volandas una afición unida por un cordón umbilical a este equipo aguerrido, que cuando la mirada se le turba siempre intensifica la atención. La falta de oxígeno ha mareado a otros que se han ido acercando a la cumbre, pero no a estos rojiblancos que escalan estables y que se reponen como pocos a cualquier achaque. Dormirán líderes al menos hasta este lunes (56 puntos), cuando juegue Osasuna (54) en Málaga (50), pero seguirán toda la semana con un cómodo colchón de plumas de tres puntos como mínimo, que puede ser aún más mullido en caso de que los blanquiazules tropiecen en La Rosaleda. Ahora mismo son seis respecto al tercero, el Albacete (50); y once con el séptimo, el Mallorca (45).

1 Granada CF

Rui Silva; Víctor Díaz, Germán, Martínez, Adri Castellano; Montoro, Fede San Emeterio, Vadillo (Azeez, m.56), Dani Ojeda (Puertas, m.80), Fede Vico; y Rodri (Adrián Ramos, m.65).

0 Real Zaragoza

Cristian Álvarez; Benito, Guitián, Dorado, Nieto; Eguaras, Zapater (Pep Biel, m.84), Javi Ros (Aguirre, m.69), James; Pombo y Marc Gual (Linares, m.84).

GOLES
1-0, m.4: Germán.
ÁRBITRO
Ais Reig (colegio valenciano). Amonestó a los locales Montoro y Rui Silva así como a los visitantes Nieto y Pombo.
INCIDENCIAS
Partido de Liga disputado en el estadio Nuevo Los Cármenes ante 13.139 espectadores (cifra oficial).

Los nazaríes queman etapas con sobriedad. El primer tercio del campeonato les sirvió de presentación; de ejercicio higiénico con respecto a la imagen lánguida de muchas citas durante la temporada pasada, cuando se hablaba más de la urgencia del regreso por su considerable presupuesto que de su fútbol identificable. El segundo tercio se convirtió en el de la candidatura a lo máximo conforme fueron recaudando los puntos matemáticos que garantizaban la permanencia y seguían instalados cerca de los picos más escarpados de la cordillera. Este último tercio que recién empieza ha de ser el de la definición como guías hacia la tierra prometida. La salva de aplausos y el jolgorio con el que la grada despidió a sus hombres conforman una atmósfera liberadora ante la opresión de una categoría en la que quien no protege un escudo de alcurnia al menos muerde como si no hubiera comido en días.

Hay una resistencia fanática en este conjunto que conmueve al respetable. Sufrió ante los maños en su defensa de un resultado corto, pero apenas surgieron reproches entre el público, como si sus miembros comprendieran que de aquí se sale hasta buceando en el fango.

Los rojiblancos salieron mandones, aunque su acción de saque se atolondrara un poco por un par de fallos de pase que se subsanaron rápido en cuanto Montoro activó el radar y lanzó la primera acometida en busca de Dani Ojeda, punzante hacia la portería rival. Este arranque espumoso de los locales encontró una rápida gratificación en un saque de esquina. Vadillo compuso la secuencia hasta el segundo palo, en el que Germán se desembarazó de su marca y cabeceó sin oposición frente a Cristian Álvarez, cegado por el sol. El cacique gaditano gobierna la retaguardia con puño de hierro. A un nuevo ejercicio inmaculado atrás añadió su primera muesca del curso ante la red.

Las acciones rojiblancas mantenían un ritmo vertiginoso. El balón cruzaba rápido de costa a costa y Rodri se exponía en el área, aunque sin llegar al remate. Al Zaragoza le interesaba bajar las revoluciones, meter algo de pausa y solidificarse por dentro. Lo hizo agarrado a James Igbekeme. El nigeriano flotó por cada parcela hasta el minuto final, todo un incordio cuando salió con la pelota controlada y en la construcción.

El Granada ya suma catorce citas sin encajar gol. Pombo estuvo muy cerca de lograrlo en la que hubiera sido la diana de la jornada. Observó algo adelantado a Rui Silva y soltó un zapatazo impresionante que cogió la comba perfecta. No contaba con la rapidez del luso, que retrocedió a toda prisa y se estiró sobre la línea para impedir que la inercia metiera el esférico en su red. Soliviantado, se levantó con serenidad, se sacudió el polvo y siguió con su concentración extrema en lo que restó de encuentro. Paró hasta cuando el árbitro anuló las aproximaciones.

Diego Martínez no cesó de azuzar a sus pupilos y hasta tuvo algún gesto 'simeonístico' girándose hacia la gente para que intensificara el apoyo, que fue constante y majestuoso. El gallego detectó pronto que la ventaja inicial era un arma de doble filo. Conociendo ya a su escuadra, era medio sello hacia el triunfo, pero sabiendo cómo se las gasta el Zaragoza, se podía hacer todo demasiado largo. Los blanquillos, de un chirriante amarillo fosforescente, percutieron con denuedo en busca del empate. El Granada quería salir, pero ciertas acciones se fueron al limbo. A Fede Vico le escamotearon una falta en la corona en una clara obstrucción y Montoro afinó el punto de mira desde la distancia, pero el tiro no encontró el arco. Rodri, que intervino mucho en los espacios libres, comenzó a consumirse en alguna disputa estéril. A ratos funcionó Vadillo, que atisbó a Rodri en una ruptura que no encontró solución en Ojeda porque se cruzó un zaguero. El gaditano luego buscó socio en Fede Vico, que sí vio al canario en el área, aunque su chut de zurda salió defectuoso.

Ojeda, mirilla torcida

El encuentro se retomó tras el descanso con el mismo protagonista. Ojeda se inyectó entre la tupida red del contrincante y tocó para Rodri, que le devolvió el balón para que lanzara. Su izquierda siguió con la orientación torcida. El resultado seguía siendo escaso y el Zaragoza se fue aclimatando. Su despliegue fue empotrando a los rojiblancos, que ya no encontraron tantas oportunidades de correr. Diego tiene un cambio estereotipado para esta situaciones engorrosas desde la llegada de Ramón Azeez. Reclamó al ex del Lugo para extender argamasa por el pasillo central y fiarse del contragolpe como fórmula de ataque. El fichaje cada vez cumple mejor.

Rodri exploró con ahínco para conquistar un gol que se le escurrió conforme se quedó sin fuelle. El míster utilizó entonces a Adrián Ramos para dar faena al adversario. Con él en el campo llegaron un puñado de progresiones. Martínez salió con zancada alemana para alumbrar a Azeez, atento al sprint de Ojeda al espacio. Lo intentó en diagonal pero tampoco la bola acabó en el agujero. San Emeterio hostigó en la presión y de esa intención furibunda nació una secuencia que no pudo resolver al no hallar a quien asistir.

El Zaragoza se aposentó en la parcela nazarí. El Granada siguió en disposición de reprender, pero sin efectividad. El intercambio continuaba sin que nadie bajara la guardia. Quien estuvo más cerca del colapso fue Aguirre al enganchar un pase largo de Guitián. El balón pasó a pulgadas del poste, pero la pizca de suerte apareció en el momento oportuno para gratificar el notable esfuerzo. La cima se ve, el Granada está en el camino, pero todavía queda lejos. Conviene que se lo tome con calma y persista en una expedición que puede llegar a ser agonística, aunque el final es sumamente atractivo.

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