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José Antonio, de tener un pie en el Murcia a titular en Pamplona

El cordobés, que se lesionó en el despeje que acabó convertido en el gol de Osasuna, es el emblema de la política de captación de jóvenes para que se formen en la base antes de que los pesquen clubes importantes

José Antonio, de tener un pie en el Murcia a titular en Pamplona
LOF
RAFAEL LAMELASGRANADA

El día 31 de enero, José Antonio González tenía un pie en el Real Murcia. El centrocampista del Granada, que ascendió el pasado verano desde el filial, se iba a marchar como cedido, emprendiendo un camino similar al de uno de sus compañeros, el central Pablo Vázquez, en préstamo en otro equipo de la división de bronce, la Cultural Leonesa. José Antonio se iba ante la llegada inminente de Ramón Azeez, pero las dificultades en la negociación por el nigeriano, que hicieron peligrar la conclusión feliz, provocaron que la directiva nazarí abortara la salida del chaval. El hecho de que lo de Azeez se cerrara en los últimos segundos de la ventana de incorporaciones impidió que José Antonio abandonara al final el club.

Tres días después, fue titular en El Sadar contra Osasuna, el último equipo de su entrenador, Diego Martínez. El carrusel de bajas –San Emeterio y Montoro, con Aguirre tocado– inclinaron al técnico por este joven de 23 años a pesar de que el flamante fichaje viajó hasta Pamplona. El preparador gallego quiso tener un gesto de confianza hacia un jugador que siempre ha mostrado buenas maneras en las sesiones de trabajo, pero al que le falta el hervor que da la competición. La desgracia se cebó con él. En el gesto del despeje errado que acabó convertido en el gol navarro, su sóleo izquierdo se rasgó. Salió cojeando y tiene para algo más de un mes de baja.

José Antonio es el emblema de una política de captación que se gestó en paralelo a la temporada del descenso a Segunda. Pedro Morilla, por entonces secretario técnico, y David Peláez, del departamento de 'scouting', peinaron partidos de Segunda B a la caza de talentos que pudieran enrolarse en el filial, una vez que la dirección –por entonces con el histriónico Tony Adams al frente– había optado por romper con el 'plan Pozzo' y empezar a sacar a los futbolistas del fondo de inversión. Morilla y Peláez seleccionaron a chicos que, en su mayoría, habían pasado por algunas canteras, sin terminar de desarrollar su potencial. No serían en pureza de la casa, pero sí tendrían un paso por el actual Recreativo para curtirse. Hoy el primer equipo se completa con algunos de ellos: Aarón Escandell, Adri Castellano, José Antonio y el cedido Pablo Vázquez, al igual que Juancho, que alterna entre un nivel y otro.

Son parte de una filosofía cuyo objetivo es que el Granada tenga una cuota fija de futbolistas formados en su base, cuya derivada actual profundiza en edades aún más tempranas. De este nuevo plan habrá pronto noticias con los 'mayores', porque la joya de la corona de este proyecto es el juvenil de División de Honor, pugnando por estar en la Copa del Rey y con un par de internacionales por España: Isma Ruiz, con la sub 18, y Antonio Aranda, con la sub 19. La cúpula se esmera por atarles en corto y mejorar sus emolumentos para que no vuelen hacia otras entidades con la facilidad de antaño.

Desde Lucena no hay un cachorro granadino en la plantilla. El hoy delegado del club fue un superviviente aislado de una época en la que se pasó de la miseria a una apuesta onerosa por los ascensos. Se dedicó poco dinero a la mejora de las categorías inferiores más allá del filial, que fue la plataforma básica para los exóticos futbolistas de medio mundo que recalaron. Esto ha cambiado, aunque ahora falta lo más importante. No es inversión, que también, sino paciencia y oportunidades para que crezcan y algunos exploten, no machacarlos por un error por grave que parezca. Ascender es importante, pero generar este valor, más aun.

 

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