La crónica

Joao estropea el fin de año nazarí

Puertas abraza a Montoro. / LOF

El colombiano del Tenerife logra empatar en el añadido ante un Granada rocoso que esta vez no aguantó el asedio final del contrario

RAFAEL LAMELASGRANADA

Por sólo dos minutos, el Granada no pudo asegurar la defensa de su liderato en este cierre de 2018, ahora pendiente de lo que hagan el Deportivo y el Málaga hoy. En el Heliodoro, los rojiblancos se volvieron a agarrar a los argumentos prácticos que le hicieron fuerte en un mes de diciembre exitoso, de fiabilidad alemana. El de sus resultados cortos pero suficientes, en los que supo repartir el abrelatas en vanguardia, lo usó una vez y luego se fio de la resistencia del marco infranqueable de Rui Silva y su red de aduaneros. Pero algo falló en Tenerife cuando su ventaja resistía y el tiempo agonizaba.

1 CD Tenerife

Dani Hernández, Raúl Cámara (Tyronne, m.64), Jorge Saénz, Alberto, Camille, Undabarraena 8Chilunda, m.80), Montañés, Suso Santana, Acosta, Naranjo y Nano Mesa (Joao Rodríguez, m.18).

1 Granada CF

Rui Silva, Víctor Díaz, Germán, Martínez, Quini, Fede San Emeterio, Nico Aguirre (Alberto Martín, m.77), Vadillo (Pozo, m.70), Vico, Puertas (Montoro, m.60) y Adrián Ramos.

GOLES
0-1, m.10: Puertas; 1-1, m.92: Joao Rodríguez.
ÁRBITRO
Pizarro Gómez (colegio madrileño). Amonestó a los locales Jorge Saénz y Joao Rodríguez así como a los visitantes Quini, Adrián Ramos y Antonio Puertas.
INCIDENCIAS
Partido de Liga disputado en el estadio Heliodoro Rodríguez López ante 8952 espectadores (cifra oficial).

Un saque de banda rápido y un toque de espaldas de Paco Montañés permitieron que se insertara en el área Joao Rodríguez, quien no paró de intentar el gol desde su ingreso temprano en el terreno. El colombiano tiró sin excesiva confianza pero encontró un hueco de flaqueza entre las piernas del portero portugués, que había respondido con acierto a todos los intentos previos de los chicharreros, y no fueron pocos. Fue un tanto de los que amargan por fastidiar a última hora, aunque la cita supuso un punto que suma en la cuenta corriente y permite a los nazaríes seguir invictos, ya se verá si líderes. Tablas justas, como sucediera en la isla vecina.

Una cuestión familiar de Ángel Montoro, que ha tenido al valenciano sumido en una honda tristeza durante esta semana, ocasionó que Diego Martínez incrustara a Nico Aguirre de inicio en su centro del campo. El argentino se ha dejado ver poco como titular, pero siempre ha dejado sus credenciales, sin impostura. Futbolista táctico, sin exquisiteces con la pelota, pero atento a la presión y equilibrado para interrumpir los avances del enemigo. Fede Vico también recuperó plaza en la mediapunta, aunque no en detrimento de Puertas, sino de Pozo. El almeriense se desplazó desde la derecha y recuperó protagonismo ante el gol tras diez partidos de sequía, precisamente ayudado por las dos novedades de la formación.

Fue una acción inteligente por parte de Aguirre, que acudió a hostigar a Undabarrena en un intento de salida de los locales desde atrás. Este apuró en exceso sobre la línea de fondo y el argentino perpetró el robo de la pelota, tocando rápido para Vico. No dudó en zigzaguear desde el costado hacia el área, detectando un movimiento de desmarque de Puertas. Recibió muy solo y amagó con el disparo para perfilarse el esférico hacia la derecha. Con un chut ajustado consiguió saciarse como no hacía desde la visita a Reus. Su diana, además, tuvo doble dedicatoria. Primero se echó la mano a la oreja, tal vez tratando de escuchar a los críticos o a quien no le dio la confianza que esperaba en su día. Oltra se sentaba en el banquillo tinerfeño, quizás fuera eso. La segunda ofrenda, más evidente, le fundió en un abrazo con Montoro en el banquillo. Gesto bonito de cariño hacia el dolido.

En apenas nueve minutos, el resultado ideal para los rojiblancos en las tres últimas citas. Una renta que en las otras ocasiones supieron manejar y proteger ante el desgaste, aunque nunca con tanto margen en el reloj. Esto pesó a los nazaríes, cuyo nivel de activación se resintió en el lapso definitivo. No tanto en la primera parte, que afrontaron con bastante inteligencia, con fases de control de balón y otras de atención a los espacios de incidencia del contrario. Su fortaleza se fue desmoronando en la segunda mitad con algunas progresiones peligrosas de los tinerfeños y, sobre todo, una preocupante falta de profundidad cuando avanzaron hacia Dani Hernández. Pozo dio viveza a la carrera, pero el equipo no concretó sus incursiones. La permisividad arbitral, que toleró muchos lances agresivos de los locales sin amonestaciones, decantó muchas pugnas que ayudaron a la insistencia chicharrera.

Al Tenerife le costó mucho entrar en el partido. Al sopapo del gol se le unió la lesión de Nano Mesa, aunque a la postre la entrada de Joao resultara providencial. El Granada quiso completar su obra a toda velocidad. Parecía que Vadillo podía tener el día inspirado. Se asoció con Vico por la izquierda y alcanzó el área para buscar a Puertas, aunque este no tiró con tanto dinamismo y la zaga le obstaculizó.

Los locales también tenían futbolistas que culebreaban. Sobre todo Suso, el corazón del Tete, que limpió un par de veces el carril pero nadie apareció para rematar sus centros. Los suyos se iban desquiciando, mientras los rojiblancos economizaban esfuerzos e intentaban el asalto con catapulta. Vadillo sirvió una falta que interceptó Jorge Sáenz cuando Germán se preparaba para cabecear hacia la meta. Fede Vico cruzó un latigazo que pudo pescar Adrián Ramos.

Alberto, en un córner, puso en el primer compromiso a Rui Silva. Vadillo, de eslalon por la izquierda, casi encuentra a Quini en el área, que cada día va a más. Nada hacía intuir que el marcador peligraría para el Granada, pero restaba toda la segunda mitad. Caminar por el filo del abismo no siempre sale bien.

Oltra le dio un repaso a los suyos y variaron el semblante. Aumentaron la intensidad y la impresión de amenaza. En un rechace en el centro del campo, Montañés huyó de Martínez, Germán salió a cerrar y el futbolista del Tenerife filtró un pase para Joao, que se midió en duelo directo con Rui Silva. El luso se expandió como un pulpo.

Montoro y Pozo

Diego quiso recuperar la compostura en el centro con la entrada de Montoro y el empleo de un 'trivote'. Pero al valenciano se le notó la inactividad y tuvo un par de pérdidas poco habituales. Oltra se quedó con tres atrás con la entrada de Tyronne y el gallego quiso que Pozo pulverizara a la diezmada retaguardia ajena al contragolpe. Con su fe, el sevillano salió disparado en el mano a mano con cada oponente, escapando entre rebotes. En un avance halló a Ramos, que controló con la mano e invalidó la opción, y en otro conectó con Montoro, que ajustó mal su lanzamiento.

No llegaba la segunda diana y se mantenía la alerta en torno a Rui. Martínez se creció y Alberto Martín fue reclamado para traer la bombona de oxígeno que había agotado Aguirre. Aportó poco el capitán, mientras Pozo seguía inyectándose con deseo, pero sin clavar la aguja.

Con Chilunda, Oltra acumuló todo su peso ofensivo. Diego siguió esperando que Pozo encontrara un reverso fugaz, pero el rematador de guardia, Adrián Ramos, careció esta vez de la precisión adecuada. El cafetero quiso contemporizar en el alargue, fundido. De hecho, le hicieron una falta junto al banderín que el árbitro no señaló. La tensión creció y el Tenerife se agarró a su última esperanza. Joao montó el lío y los chicharreros volvieron a salvar un empate cuando lo veían crudo, como les pasó en Gran Canaria. Para el Granada no fue un paso atrás, pero sí un frenazo. No emponzoña el balance, aunque pueda caer del pedestal. 38 puntos es para felicitarse.

 

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