La Crónica

El Granada toma La Rosaleda

Montoro celebra el gol de la victoria. / FERMÍN RODRÍGUEZ

Un trallazo de Montoro desde la frontal obra la proeza de vencer al Málaga en su campo, en el que estaba invicto

RAFAEL LAMELASMÁLAGA

Hay golpeos de interior, de empeine, de exterior y hasta de tacón, como hacía el brasileño Sócrates en los penaltis. Y luego está el golpeo con el alma. El alma en la garganta, como la masiva hinchada desplazada a Málaga que empujó y alentó a Montoro para sacar un obús ante el que colaboró el roce blando de Lacen y las miradas de esperanza de la curva rojiblanca. Esta es la grada que anima en Los Cármenes, que viajó con ganas de fiesta y prudencia en los pronósticos para encontrarse una verbena tras tres jornadas sin ganar, pero toda la fe en una gesta exclusiva. La de vencer donde no lo había hecho nadie ajeno a la ciudad.

0 Málaga

Munir; Cifu (Haksabanovic, m.81), Diego González, Pau Torres, Ricca; Juanpi (Renato Santos, m.61), N' Diaye, Lacen, Ontiveros (Dani Pacheco,m. 46); Jack Harper y Gustavo Blanco.

1 Granada

Rui Silva; Víctor Díaz, Germán, Martínez, Álex Martínez (Quini, m.16); Fede San Emeterio, Montoro, Vadillo, Pozo, Fede Vico (Puertas, m.64); y Adrián Ramos (Nico Aguirre, m.82).

gol
0-1, m.54: Montoro.
árbitro
Soto Grado (colegio castellano-manchego). Amonestó a los locales Diego González y Haksabanovic así como a los visitantes Montoro y Rui Silva.
incidencias
Partido de liga disputado en el estadio La Rosaleda ante 22.988 espectadores (cifra oficial). Alrededor de 1500 de estos espectadores eran seguidores del Granada.

El triunfo devuelve al Granada a la zona de ascenso directo de manera provisional, según lo que haga el Deportivo, pero sobre todo engrandece la propuesta de un colectivo que ha creído en su trabajo en esta pequeña racha aciaga. Una vez más se mudó de ropa para ponerse el uniforme de campaña, aguantar las inclemencias, tocar la corneta y guarecerse del asalto final de los locales, a los que no les falta orden ni futbolistas de talento. El problema es que su pragmatismo les limita al intentar una remontada desde el control de balón.

Puertas no aprovechó la ventana que se le abrió cuando Pozo se entretuvo con la sub 21 y salió del once para que entrara la ardilla rojiblanca, sosteniéndose Fede Vico en la mediapunta. La atmósfera del derbi intoxicó de inicio a los nazaríes, con un Montoro que se trompicó en una salida en conducción. El Málaga armó fugaz el contragolpe con N'Diaye llegando por la diestra a la carrera, centrando raso para que Blanco Leschuk la pifiara, golpeándose a sí mismo con todo de cara.

En 45 segundos, un susto que sacó de la cama al Granada y lo dejó ojiplático, con atención extrema a los acontecimientos desde entonces. Pozo empezó a brincar por cualquiera de las dos bandas, insistente, midiéndose en velocidad tanto al granadino Cifu como al uruguayo Ricca. En el frente se desplazaba con gallardía Adrián Ramos, atosigando en el sector de construcción de los blanquiazules. Fiel a su estilo en La Rosaleda, los de Muñiz apenas concedieron metros en el primer tiempo, con Montoro esforzándose en cambios frecuentes de orientación que no llegaron plácidos a su destino.

De nuevo, un fuera de juego muy justo impidió un avance de Ramos, con intervención de varios compañeros en la secuencia. Su chut dio en el lateral de la red y ahorró polémicas de anulaciones, como ocurrió la semana anterior con el árbitro Ocón Arráiz. Lo que no logró su acta en contra de Álex Martínez lo ocasionó una lesión en un lance aislado del lateral sevillano al cuarto de hora. Se aclaró qué hubiera hecho Diego en caso de perderle por sanción: colocar a Quini en la zurda.

La situación bajó un párpado a los rojiblancos, menos profundos desde entonces por la vertiente zocata. El Málaga probó a adentrarse por ahí, aunque el Granada se protegió. Las luchas en balones sueltos despertaron chispas, con uno locales yendo al límite de la falta. Un contrario que penaliza el error ajeno, como se vio en un balón largo que Harper tocó a un lado, pillando desubicada a la zaga visitante. Ontiveros se quedó perfilado para derrotar a Rui Silva, pero Víctor Díaz puso el cepo justo antes para que el esférico golpeara en el malagueño a la hora de tirar, acabando la tensión en un mero saque de puerta.

Un robo de Vico pudo encender la traca. Ramos encontró un canal por el que desmarcarse y chutó duro con la izquierda, pero reaccionó Munir con gran destreza, escupiendo el esférico a córner. Regalos en uno y otro lado que no concluyeron en la red por poco.

El Granada siguió hasta el descanso sin prisa, aunque atento a cualquier aproximación. Un centro de Víctor Díaz lo peinó Ramos pero Quini no supo solucionar el remate, irrumpiendo por el punto de penalti. El equilibrio se sostuvo hasta el descanso, fiel reflejo del orden táctico y del respeto mutuo de ambas escuadras.

El Málaga seguía a su ritmo, con cierta suficiencia, como si el choque se fuera a inclinar a su favor por pura inercia, por costumbre. De repente, pasó algo extraño. Quini profundizó por la izquierda y centró con la pierna mala, pero lo hizo bien, y no apuntillaron ni Ramos ni Pozo, acabando todo en córner. Vadillo sirvió al área desde la esquina, un malaguista alejó el esférico hacia la frontal y Montoro accionó su catapulta.

Tras el gol, apretaron los locales, con Blanco buscándose la vida en las alturas. Subieron una marcha pero sin generar verdadero peligro ante Rui Silva, imperturbable. Muñiz fue alistando tropas ofensivas sin resquebrajar a una retaguardia que se esmeró en el achique de espacios. Sólo un error de San Emeterio, algo apurado, pudo desintegrar la aplicación general, pero reaccionó el meta luso ante Harper. Puertas salió en la vanguardia para sumar generosidad en la presión, lo que incomodó a un Málaga poco habituado a sufrir en su feudo. Todas sus intentonas fracasaron, con el Granada concentrado en su atalaya, con los nervios templados. Así se tomó La Rosaleda y convirtió en apoteósico el derbi de la fraternidad entre el público, presidido por un árabe y un chino. Lo que hace el paso del tiempo y la globalización.

 

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