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Granada CF

El Granada pasa de recibir trece goles a balón parado a sólo uno

Los jugadores del Granada celebran el gol de Germán frente al Zaragoza. /Ramón L. Pérez
Los jugadores del Granada celebran el gol de Germán frente al Zaragoza. / Ramón L. Pérez

El equipo mezcla concentración, trabajo duro e instinto para experimentar una gran mejoría respecto al curso pasado

FRAN RODRÍGUEZ GRANADA

Las mejores lecciones no se aprenden desde la lejanía, sino acercándose al proceso. Viviéndolo, fracasando y mordiendo en repetidas ocasiones el césped. El Granada y Diego Martínez, tras dos experiencias amargas a la postre en la campaña pasada, han aprendido de sus errores y completan con inmaculada solvencia una asignatura tan complicada como es el balón parado en la categoría de plata. Decisiva como pocas, la faceta de mayor análisis y complejidad está reportando a este Granada una eficacia defensiva casi sin precedentes y, aunque en menor número, importantes goles que han significado puntos tan cruciales como los obtenidos en casa ante el Zaragoza el pasado domingo.

Como ese alumno que, ahogado en un mar de dudas, prefería no levantar el brazo para preguntar y caía con estrépito en el examen, el Granada de la temporada anterior suspendió con tres maestros distintos y con una sangría en acciones de estrategia. A estas alturas del curso, el Granada de José Luis Oltra había encajado ya 13 goles en situaciones de pelota detenida (sin contar penaltis). Llegado el invierno, y hasta la destitución del valenciano, el conjunto rojiblanco encadenó jornadas y jornadas recibiendo goles en saques de esquina o faltas indirectas y directas. Después fueron cuatro más con Pedro Morilla al mando y uno, en El Molinón, en el breve periodo de Miguel Ángel Portugal para cerrar el ejercicio.

La diferencia numérica con este año es evidente. Un abismo separa en este apartado de pizarra a aquel Granada que viajaba a Oviedo en la jornada 30 y el que lo hará esta misma tarde hacia Almería. De los 13 goles encajados en situaciones de balón parado, este curso sólo se contabiliza un gol recibido. Llegó en casa, tras una falta polémica, y significó la derrota ante el Sporting de Gijón. Álvaro Traver ejecutó a la perfección un libre directo desde la esquina derecha del área y, sin que nadie lograra despejarlo o cambiar su dirección, Rui Silva no pudo reaccionar a la comba que llevaba el lanzamiento. Es el único lunar en un currículum maravilloso de los de Diego Martínez.

Del miedo a la seguridad

De los trece goles recibidos en poco más de una vuelta de campeonato a encajar sólo un golpe en situaciones de saque de falta o córner hay un trecho grande que se ha ido caminando con el único horizonte de la mejora. Para ello han sido cruciales tres cambios. El primero, de actitud frente a la jugada. La concentración es una de las consignas del equipo, sabedor de que tras la más remota posibilidad de gol rival se esconde el peligro real de verse por debajo en el marcador. Además, este estado de alerta en defensa no se ha perdido con resultados favorables, sino todo lo contrario. Innegociable estar atentos, mentalizados y en constante vigía del entorno.

El segundo cambio, quizá el más notable, el de los hombres que ahora forman la contención nazarí. De aquella zaga habitual que tan endeble se mostró en ciertos aspectos como los últimos minutos o el balón parado, sólo queda un nombre:Víctor Díaz. El lateral es uno de los jugadores más fiables por aire de la competición y un habitual a la hora de defender las jugadas de pizarra. En el lateral izquierdo solía estar Álex Martínez, que completó parte de la primera vuelta hasta que su lesión en el tendón de Aquiles le obligó a parar. Desde entonces, Quini ha cubierto su baja con un rendimiento extraordinario, también a balón parado.

La modificación más significativa tuvo lugar en el centro. Ya ni Chico Flores, ni Saunier, ni Menosse son el corazón de la línea más rezagada del Granada. En su lugar está un sensacional José Antonio Martínez y el jefe de la defensa, Germán Sánchez. El gaditano no disfrutó de minutos el pasado año, algo que parece una quimera viendo el rendimiento del central con el míster gallego. Cabe destacar también el relevo en la meta. Donde Javi Varas tembló con el paso de las jornadas, Rui Silva se ha ido agigantando día tras día. Es en esos últimos momentos del partido, cuando un balón colgado puede echar por tierra el trabajo de 90 minutos, en Córdoba, Málaga, Cádiz o Tarragona, cuando el portugués ha aparecido como seguro de vida para descolgar del cielo aquellos servicios que, el pasado año, eran media diana.

Los jugadores fueron los señalados cuando se palpaba el miedo al lanzarse un córner o un saque de esquina en contra. En la promoción que alecciona el técnico gallego, los defensores vuelven a ser protagonistas pero por la seguridad transmitida en jugadas detenidas. Yes que el tercer cambio tiene mucho que ver con quien aterrizó en junio en Granada. Habiendo perdido el puesto de 'play off' en las últimas jornadas, la experiencia en Pamplona curtió al joven técnico, que estudió el pasado reciente de su nuevo equipo. Encontró una hemorragia atrás a la hora de encarar la estrategia y sacó a ese alumno avergonzado a la pizarra para que creciera. Trazó con tiza una frase que ha quedado reflejada en el verde patio de Los Cármenes:el trabajo defensivo no es cosa del portero y los defensas. El rendimiento a la hora de achicar agua de jugadores como Montoro, Adrián Ramos, Rodri, Puertas o Pozo dice mucho de la tecla que ha sabido tocar Diego Martínez para que de los trece goles en contra se pase a un gol desafortunado y frente al Sporting. El Granada se enfrentó a la pizarra y sacó nota.