Este contenido es exclusivo para suscriptores

Suscripción Semestral + 2 Entradas Cine Megarama (valoradas en 13,60euros), ahora por 24'95euros

logo-correo-on2.svg
Acceso ilimitadoNuevas secciones y más contenidos exclusivosLectura más amable y sin interrupcionesNueva app exclusiva sin publicidadNewsletters personalizadasEl Club: Ventajas, sorteos y actividades.

Fogonazo

Fede San Emeterio pisa fuerte, como el Granada en la liga. /RAMÓN L. PÉREZ
Fede San Emeterio pisa fuerte, como el Granada en la liga. / RAMÓN L. PÉREZ
VÍCTOR M. ROMERO

El Granada ha vuelto al liderato gracias a las cualidades exclusivas de los triunfadores, de los equipos ganadores, campeones, los de éxito. Los resultados son los que importan y quedan grabados en las estadísticas de Antonio Lasso desde que Pedro Escartín elaborara el reglamento. La norma del equipo de Diego Martínez se basa en la profesionalidad. El partido contra el Zaragoza fue un nuevo ejercicio de oficio, otro episodio más en la trayectoria de un equipo entero, aspirante por méritos propios, robusto, fiel a su sistema y con las ideas muy claras.

La clave es saber a lo que se juega sin confusión. Y el actual Granada lo hace. La victoria sobre los maños se produjo al estilo más puro del Atlético. Mazazo repentino. Ventaja en el marcador. Y administración del tiempo y el tanteo. El Granada es muy sólido. Maneja los ritmos y defiende para aburrir al rival. Ha copiado a Simone. Los 'colchoneros' llevan cinco partidos sin encajar un gol mientras el Real Madrid se ha hundido por sufrir 10 tantos en menos, cuatro. Los granadinos son fuertes y están en la cúspide porque han asentado la fórmula más práctica en el césped. Exhiben una seguridad insultante. Rui Silva actúa como tapón que frustra al rival cuando, pocas veces, se supera la muralla nazarí. Es capaz de parar un balón estratosférico de Pombo 'a lo Pelé' estando muy adelantado o incluso ejercer de Lorenzo Rico o Barrufet –de cancerbero de balonmano– y con unos reflejos privilegiados despejar tiros a bocajarro, aunque sean invalidados por fuera de juego. Y eso porque Germán despejó el cielo por la gorra, no de gorra, que en el fútbol no hay nada gratis y menos frente a un adversario como el de Víctor Fernández tan organizado. Al portero le deslumbró el sol, la luminosidad de un Granada radiante, ese fogonazo.