Granada CF

Fede San Emeterio, una roca del Cantábrico sobre la que construir

Fede San Emeterio, una roca del Cantábrico sobre la que construir
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El sexto fichaje llega con una opción de compra de dos millones, en una operación en la que el Valladolid compra su pase al Sevilla y lo cede

FRAN RODRÍGUEZGRANADA

Fede San Emeterio se ha convertido en el sexto fichaje del Granada. Llega cedido por parte del Real Valladolid, equipo que adquiere los derechos del jugador tras comprárselos al Sevilla FC. El club nazarí ha incluido una opción de compra en el acuerdo de préstamo cuya cuantía asciende a los dos millones de euros, que no es obligatoria en caso de ascenso, tal y como sí ocurre con Fede Vico. Con esos dos 'kilos' el Valladolid recuperaría los 500.000 aproximados que ha pagado al conjunto hispalense. El Granada se hará cargo del total de su ficha y sueldo esta temporada y de efectuar la compra definitiva del cántabro, engordaría su proyecto de futuro y el patrimonio propio.

Nacido en la Sierra de Ibio en marzo de 1997, por lo que tiene 21 años, Federico San Emeterio Díaz aúna las características del jugador joven y polivalente que Diego Martínez deseaba. Una roca que completó su evolución a los pies de la Giralda. Tiene buen trato de balón, habilidad para el desplazamiento en largo, gran sentido táctico y un total despliegue físico en defensa. Esas son las características que le llevan a ser el ejemplo de moderno centrocampista. Ese que barre y asiste con la misma soltura, que destruye sin lastrar el juego creativo. Infatigable en defensa y aseado en el apoyo en corto, todos sabían hace diez años que aquella perla tardaría poco en marcharse de su Cantabria natal, donde era frecuente verle ayudando a sus abuelos en la ganadería tras entrenar con el Racing de Santander. A pesar de contar con un futuro deslumbrante, nunca se despegó de sus raíces, y es que la nobleza y sencillez de su juego son sello innegable de su origen humilde.

En el fútbol juvenil norteño se hablaba cada año de un chaval que parecía líder. Los entrenadores no se explicaban, cuentan aún en Santander, cómo un chico de 15 años podía tomar así las riendas de cualquier partido. Daba igual si tenía que multiplicarse en la recuperación o encabezar la salida desde atrás, San Emeterio siempre cuajaba un buen partido y destacaba por su incansable espíritu competitivo. En un encuentro anual entre las selecciones juveniles de Cantabria y Galicia, los dirigentes del Racing de Santander descubrieron hasta qué punto brillaba la perla que tenían en su cantera desde que en alevines lo adquirieran del Textil Escudo. Se convirtió en un fijo en los entrenamientos del primer equipo. Era el chico para todo, ya que jugaba de central, pivote, interior y lateral. Un todoterreno que arreglaba cualquier rompecabezas que tuviera el entrenador del equipo racinguista, Paco Fernández.

Tímido y reservado, dejó de lado las redes sociales en su juventud. Él se centró en el fútbol, comentó a los medios locales el mismo día en que completó su primer viaje con el primer equipo. Unas horas antes había sido llamado por Raúl Pérez (técnico del Juvenil División de Honor). «Vas a entrenar con el primer equipo y luego puede que te convoquen», le dijo sabiendo que Paco Fernández había visto algunos partidos suyos y había contado con uno de sus compañeros, David Concha. «Lo bueno de Fede es que, además de ser un gran jugador con una madurez táctica impropia de su edad, es un chico tranquilo, humilde y centrado», comentó Pérez cuando debutó.

Encandiló a todos y se hizo rápidamente uno de los favoritos de la afición por no negociar jamás con el esfuerzo. Tras un año en Segunda B, y con el Racing incapaz de reflotar su histórico escudo, fue vendido junto a su hermano al Sevilla Atlético en una operación estratégica de Monchi. Allí le esperaba Diego Martínez, que tardó hasta nueve jornadas en darle sitio, aunque después se hizo insustituible. La dureza de la Segunda división lo llevó a evolucionar hacia una faceta más protectora para convertirse en el pilar central del filial hispalense.

San Emeterio es el acantilado ante el que viento y mar chocan al besar Cantabria. Un culmen de la polivalencia, ineludible en la recuperación. Él será un revestimiento sobre el que Martínez puede afianzar su Granada.

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