Héroes del ascenso: Siqueira

«Me falta vida para agradecer a Granada todo lo que me dio»

Siqueira, en una imagen actual. /G. S.
Siqueira, en una imagen actual. / G. S.

El lateral hispanobrasileño asume que en esta ciudad cambió su carrera y que sus «amistades de verdad» están en ella

RAFAEL LAMELASGRANADA

El verano pasado, Guilherme Siqueira colgó las botas. Una lesión de tobillo, que le estuvo dando la lata en las últimas temporadas, le retiró de los terrenos de juego. Atrás quedó una dilatada carrera que le llevó a vestir la camiseta de clubes tan importantes como el Benfica, Atlético de Madrid o Valencia. Sin embargo, el momento más importante de su ciclo como futbolista, reconocido por él mismo, lo vivió en la ciudad donde no sólo se dejó el alma sobre el césped, sino gran parte de su corazón. En junio de 2011 contribuyó a cambiar el sino de un equipo. 35 años después del último ascenso, ayudó a devolverlo a la élite. «Si lo consiguen ahora puede ser bonito, pero el nuestro fue histórico», subraya.

Siqueira pertenecía a la camada de futbolistas que el Udinese de Pozzo cedió al conjunto rojiblanco para fortalecerlo en aquella campaña en Segunda, categoría que no había pisado en más de dos décadas. «Para mí fue un año fundamental. Tenía que dar un salto porque en Italia me estaba estancando. No sabía lo que me esperaba en España. Al principio hablábamos de la permanencia pero, en cuanto vi a los jugadores que teníamos, pensé que había equipo para más», descubre.

«Éramos un grupo espectacular. Quién podía imaginar lo que nos iba a pasar: aquel 'play off', la tanda de penaltis con el Celta, Elche... Siempre íbamos con la convicción de que podíamos lograr el objetivo. Teníamos un vestuario con ambición. Gente que quería llegar a la máxima categoría o que quería volver, como Geijo u Orellana», relata.

Siqueira, en el partido del ascenso en Elche.
Siqueira, en el partido del ascenso en Elche. / R. L. P.

El hispanobrasileño destapa una anécdota maravillosa que cuenta como protagonista a su padre. «Es muy futbolero e hizo muchos amigos en Granada. Frecuentaba los bares que hay alrededor del estadio. Le pedí que no fuera a Elche porque el partido era de alto riesgo. Que lo viera en una discoteca en la que iban a poner una pantalla gigante. El día del encuentro, por la mañana, llamé a mi madre y me dijo que él había salido a dar una vuelta. No volví a hablar con ella hasta que acabó todo en el Martínez Valero. Contemplaba a la afición allí, eufórica, y pensaba que él –Gilberto– tenía que haber acudido. De repente miro el móvil y tenía un mensaje de David Peláez –miembro del 'scouting' del club–. Decía que estaban juntos. Creí que ninguno se había desplazado, que se refería a que lo habían visto juntos por la tele. Me mandó una foto de ambos en la grada. ¡Mi padre se había subido a un bus de aficionados y no me había dicho nada! Cuando lo encontré, nos dimos un abrazo y nos echamos a llorar», concluye orgulloso.

El que fuera un gran lateral zurdo aconseja a la plantilla que confíen «en lo hecho hasta el momento. Si mantienen su nivel y concentración, subirán; han de calmar la ansiedad». Y sobre la gesta que él vivió, sentencia: «Me falta vida para agradecer a Granada todo el cariño que recibí. He vivido en muchos sitios, pero mis amistades de verdad están allí. Todo fue muy especial. Espero que ascienda y que sea para quedarse».

Catarsis horizontal para aupar al equipo a Primera

Cerca de doscientas gargantas fuertes, jóvenes y por las que nunca asoma una gota de afonía. Qué vendaval de ilusión se respira en La Horizontal. Esta peña surgió no hace tanto, aunque sus creadores siempre estuvieron ahí, animando con la Sección Kolokón, la Universitaria y Los Malayerba. Fue en un desplazamiento a Sevilla, concretamente para visitar el Benito Villamarín en 2016 y ver un Betis-Granada, cuando a un grupo de aficionados se les ocurrió la idea. Un ideario común basado en darle mucho colorido al fondo apuesto del marcador, con predominancia de las enormes banderas que hoy pueden verse. Un grupo apolítico, con mucho buen rollo en el que destaca el respeto al rival y por supuesto la gente joven con ganas de animar y pasárselo bien. Siempre presentes en los recibimientos a los jugadores cuando llegan al estadio o en las despedidas, como en el día previo al partido de Albacete. Por cierto que llevaron cuatrocientos globos rojos al Carlos Belmonte. «Imagínate el ambiente que se vive, ahora que podemos decir que vamos a luchar por ascender directamente a Primera», afirman desde el corazón de la grada de animación. /CÉSAR GUISADO