Granada CF

La falta de efectividad y un mal arbitraje, difícil combinación

Pozo y Álex Martínez protesta a uno de llos asistentes/J. M. Baldomero
Pozo y Álex Martínez protesta a uno de llos asistentes / J. M. Baldomero

El Granada dio la cara pese a que las decisiones de Díaz de Mera pudieron desviar del camino a los de Diego Martínez, muy enfadados al final

Camilo Álvarez
CAMILO ÁLVAREZGranada

Nadie quiere hablar de los árbitros pero cuando las decisiones son, cuanto menos, controvertidas, los que se sienten agraviados denuncian su caso. Así lo hizo Germán Sánchez al final del partido en los micrófonos de Movistar Plus. Durante los noventa y tantos minutos que duró el partido en el estadio de Santo Domingo de Alcorcón hubo muchas cosas que contar. Fue un partido de brega, de choque. A lo que invita un terreno de juego ajustado en el que el equipo local vive de segundas jugadas, de mucha entrega y de intentar exprimir al rival. Todo lícito.

Ahora bien, cuando el árbitro es gran protagonista el expectáculo se resiente. Díaz de Mera elevó demasiado el listón ante las primeras jugadas de cierta dureza y acabó perdiendo el criterio. Su primer fallo no fue propio sino de alguno de sus asistentes o del cuarto árbitro, poco atentos a los detalles. Manejaba la pelota Álvaro Vadillo en el centro del campo cuando chocó con Eddy Silvestre, un antiguo rojiblanco. El del Granada calló al suelo y el de Roquetas de Mar, famoso por hacer circular supuestamente aquel vídeo de contenido sexual de dos compañeros cuando jugaba en el Eibar, le pisó con intención en el estómago. Pese a que Vadillo corrió a enseñar al colegiado las marcas del lance el castellano-manchego no atendió sus reclamaciones.

La segunda parte deparó otras dos acciones polémicas con el Granada como gran perjudicado. En la primera Víctor Díaz acabó expulsado. La entrada era de roja directa, nada que objetar, aunque queda la duda de si el pequeño resbalón que el sevillano sufrió segundos antes de estirar la pierna otorgó más violencia a su entrada de la que tenía prevista. El penalti de Álex Martínez vino precedido de un empujón que el colegiado no vio. Si el VAR se hubiese instalado esta temporada en Segunda división quizá el Alcorcón habría jugado desde mediada la primera parte con uno menos y las cosas hubieran sido muy distintas. Tampoco se habría cobrado esa pena máxima revisando el vídeo.

A pesar de los condicionantes el Granada mantuvo la compostura y, lejos de caer en la depresión, fue mucho más decidido a por el partido. Hasta entonces el duelo en el Santo Domingo estaba respondiendo a lo que se esperaba. Un encuentro trabado, con muchas interrupciones y pendiente de un detalle para decantarse de uno u otro lado. El detalle, en este caso doble, tuvo un protagonista que no jugaba en ninguno de los dos equipos.

Desde que el Alcorcón marcó la película fue otra. Diego Martínez apostó por dejar la defensa con tres integrantes, con Martínez en la izquierda, Germán en el centro y Quini –había entrado tras la expulsión de Víctor Díaz– en la derecha. Arriba contaba con Rodri y Ramos, apoyados por el menudo Pozo y Fede Vico, que también había entrado en la segunda parte. Mucho empuje y corazón en un partido en el que la táctica ya no importaba absolutamente nada.

En ese arreón final el Granada pudo hallar el premio que hubiera hecho justicia con un empate que los dos merecieron. Rodri se plantó solo ante Dani Jiménez tras un contragolpe conducido por Alejandro Pozo pero el portero alfarero le cerró perfectamente todos los huecos. Ya en el descuento fue Adrián Ramos, que se dejó la vida en el césped del estadio alfarero, el que pudo lograr el ansiado empate. El equipo más efectivo de la Segunda división desaprovechó sus ocasiones y con ello llegó su segunda derrota.

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