El ambiente del trofeo Ciudad de Granada

La 'eterna lucha' levanta ilusión

Víctor Díaz levanta el Trofeo tras vencer al Sevilla. /Ramón L. Pérez
Víctor Díaz levanta el Trofeo tras vencer al Sevilla. / Ramón L. Pérez

El granadinismo calentó motores de cara a la vuelta a Primera, disfrutó de la victoria y 'perdonó' a Ramos

FRAN RODRÍGUEZGRANADA

No era un viernes más. Agosto, más aún que julio, trata los días como una sempiterna cadena de cifras a tachar esperando a que regrese el trabajo, el ruido en la calle y los libros a la mochila, aquel amor estival del que quizá olvides el apellido y, como no, el fútbol. De una cosa no había duda, el granadinismo se enamoró de su equipo el pasado curso y no, no ha olvidado apellido alguno.

A los Vadillo, Montoro, Martínez, Silva, Sánchez o Vico se unían apellidos del pasado, Pozo, y de un futuro tan próximo que apenas resta una semana para darse de bruces con él. Soldado, Duarte, Lozano, Eteki, Herrera o Machís eran los ingredientes de la ilusión, plato principal que degustar en los bares cercanos a Los Cármenes ayer por la tarde. Desde las seis y media de la tarde, miles de aficionados ponían una pausa (una guinda) a su estrecho plan de verano para regresar a un templo que tornó en basílica un predicador gallego de nombre Diego. Su luz ha llegado no sólo en lo futbolístico, sino que también ha bañado un estadio que ha dejado su marchito rosa en el pasado. «Entremos pronto, que hay que ver los asientos», apremiaba un padre a su hijo.

Los que entraron más tarde tenían otro motivo. El atractivo del día era, sin duda, visitar la nueva tienda. Los granadinistas no ahorraron paciencia (para poder entrar por las colas) ni dinero (para hacerse con la nueva elástica). La parte negativa fue la enorme cola de unas 500 personas que se quedaron sin entrada, provocando tensas discusiones en taquillas.

Aun sabiendo que la 'eterna lucha' va a ser fiera, los aficionados ponen sin dudar sus ilusiones en las manos y botas de Diego y los suyos. «Primera es larga y muy difícil, pero sabemos sufrir y pelear. Hay mucha ilusión por que empiece ya la Liga», comentaba un socio que aventuraba que a Ramos se le perdonaría su denuncia al presidente con goles. Cuando saltó el colombiano se escapó algún silbido, convertido en tremendo baño de aplausos cuando tumbó al Sevilla con el 2-1. Sonrisas en un amistoso que no fue tal. Era la vuelta del Granada, el bautizo de la tienda, la comunión de la grada con su equipo y la confirmación de que se sigue creyendo.