Granada CF

Un estilo adaptado a las circunstancias

Diego Martínez aplaude a sus jugadores para darles ánimo en Málaga/Fermín Rodríguez
Diego Martínez aplaude a sus jugadores para darles ánimo en Málaga / Fermín Rodríguez

El Granada de Diego Martínez está basando parte de su éxito en su capacidad camaleónica para ajustarse a los rivales y escenarios

Camilo Álvarez
CAMILO ÁLVAREZGranada

Todo el granadinismo se quedó maravillado cuando su equipo fue capaz de golear al Rayo Majadahonda o al Córdoba con un estilo desenfadado que ofreció un fútbol vertical de ataque y con eficiencia de cara a la portería. Entonces, cuando todos empezaban a pensar en éxitos futuros con semejante despliegue, Diego Martínez avisaba de la dificultad de la competición y de la imposibilidad de jugar siempre así. El tiempo y los partidos le han dado la razón, pero no por ello el equipo ha dejado de ganar. Con tres semanas sin vencer de por medio, el Granada volvió a sacar los tres puntos en La Rosaleda, en el mejor escenario posible y frente al rival histórico por excelencia.

Ese triunfo ha reforzado aún más si cabe a un vestuario que ya ha demostrado su fortaleza mental. Pero también refrenda la teoría de que el entrenador gallego está sabiendo, hasta la fecha, sacar el mejor partido de los recursos adaptándolos a los rivales y a las circunstancias. Después de haber caído en los dos campos de equipos que están en la parte alta, La Coruña y Alcorcón, el gallego se enfrentaba a un nuevo test en un lugar más complicado aún, donde nadie había logrado siquiera puntuar y donde sólo se le había 'colado' un gol al portero del Málaga. Salir a tumba abierta a marcar habría sido una temeridad por parte del Granada. 'Traicionando', si se puede decir así, algunos de sus principios de este curso, optó por amoldarse al estilo que impera en el conjunto malaguista y le ganó con sus propias armas.

El partido pedía mucha entrega, una lucha constante por dominar el juego en las áreas sin que el centro del campo tuviera el protagonismo creativo de otras veces, más bien era un lugar de batalla en el barro para impedir que las líneas atacantes avanzaran. Jugadores poco acostumbrados a ese fútbol menos brillante, como Pozo, Vadillo o Ramos, se entregaron a la causa que su entrenador les pedía sin negociar el esfuerzo, sin encoger la pierna en el balón dividido. El Granada venció gracias a un gol de Montoro en un córner, que no de jugada, con un rebote de por medio. Efectividad máxima en un partido sin apenas remates entre los tres palos. También ganó gracias a su trabajo defensivo en todas las parcelas del campo.

Almendralejo, otra prueba

No era la primera vez que el Granada se adaptaba al escenario y el rival para ganar con sus mismos argumentos. En Almendralejo, frente al Extremadura, también lo hizo. Aquel día comenzó jugando como había hecho hasta entonces, con velocidad en la circulación de balón, una enorme movilidad en la gente de arriba y verticalidad para llegar con mucha gente al ataque. Pero el rival, empujado por su gente en un terreno de juego algo más estrecho, apretó a base de pundonor y balones colgados para lograr el empate. Fue entonces, cuando peor pintaba el panorama para los rojiblancos, cuando se ampararon en la fe, en la entrega al mismo nivel que los extremeños y en ese punto extra de calidad de hombres como Pozo o Antonio Puertas para volver a adelantarse en el marcador y ampliar la ventaja para evitar alimentar la esperanza azulgrana. El gol de Puertas, su segundo de aquel partido y de su equipo, fue un claro ejemplo de ese otro fútbol que el Granada sabe aplicar, el de la presión para provocar el error del rival y 'matarlo'.

En Zaragoza el conjunto rojiblanco expuso una gran virtud, la de potenciar los defectos de un rival en clara crisis. En una primera parte extraordinaria doblegó al conjunto maño a base de fútbol colectivo, con golpes de calidad individuales que acabaron por desquiciar a los jugadores contrarios y a su hinchada.

En casa el Granada ha mantenido un juego algo más regular en cuanto a estilo, más parecido al ideal de Diego Martínez, aunque también ha tenido que sufrir variaciones en cada fase de cada encuentro ante el empuje rival. El Mallorca, por ejemplo, le arrebató la posesión durante muchos minutos y le sometió a una importante presión que el conjunto rojiblanco supo aguantar de pie para mantener la ventaja en el marcador obtenida con aquel golazo de Pozo a la media hora de juego.

El aviso de Enrique Martín

El Granada juega mañana en Tarragona, un lugar que no se le da especialmente bien. La temporada pasada cayó en el Nou Estadi en uno de los peores partidos de la temporada y tampoco fue capaz de vencer en Los Cármenes frente al conjunto catalán. Las dinámicas de ambos equipos son opuestas, ya que el conjunto grana es colista y el rojiblanco sigue en la parte alta y henchido de moral tras vencer el derbi. Pero en esta categoría la confianza se paga. Máxime cuando uno se enfrenta a un equipo entrenado por Enrique Martín. Y es que el entrenador navarro imprime siempre un gran carácter a sus conjuntos, más allá de que las cosas salgan mejor o peor. Invitará a la pelea constante y a ese otro fútbol menos vistoso al que el Granada ha sabido adaptarse también. Martín ya le ganó el año pasado con el Albacete. Ojo.

 

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