Un error individual condiciona una hoja de ruta perfectamente marcada

Pozo prueba suerte desde lejos rodeado de defensas del Deportivo. /LOF
Pozo prueba suerte desde lejos rodeado de defensas del Deportivo. / LOF

El penalti cometido por Álex Martínez llegó cuando el Granada comenzaba a merodear por el área deportivista, ya en la segunda mitad

Camilo Álvarez
CAMILO ÁLVAREZGRANADA

Faltó intención. Pegada. Escasearon las ocasiones de gol. Esa sensación de amenaza al rival, la que le hace atacar con ciertas precauciones para evitar consecuencias nefastas. Al menos en la primera parte. El discurso fue distinto en el segundo acto pero una acción concreta cambió el rumbo que el partido había tomado tras el descanso.

Dio la sensación de que la hoja de ruta que Diego Martínez había preparado a lo largo de la semana previa al partido se iba cumpliendo etapa por etapa. Unos primeros minutos de empuje local, evidentes ante la incertidumbre que la derrota del Deportivo despertó en Alcorcón. Le costó al Granada responder con argumentos ofensivos pero en defensa no sufría. Algunos acercamientos locales aislados que Rui Silva abortó sobrio. Solo un disparo al palo encendió realmente las alarmas. Cuando la primera parte terminó la percepción era la de que los rojiblancos tenían la situación controlada. En el punto exacto en el que querían partir tras el descanso. Prueba de ello fue que el entrenador rojiblanco varió su habitual esquema con dos pivotes y un mediapunta por delante en el centro del campo por una línea en la que San Emeterio quedó algo más atrasado, mientras Montoro y Fede Vico se alineaban para crear esa barrera en la medular.

Los primeros minutos del segundo 'round' confirmaron que todo entraba dentro de lo previsto. Varió su esquema aportando un matiz que le ha acompañado en los últimos partidos. Montoro pasó a formar parte de la pareja del centro del campo con San Emeterio y así recuperar el 4-2-3-1 más habitual. Ya no escatimaba esfuerzos para atacar. Mantenía una mayor posesión de la pelota y los laterales comenzaron a recorrer metros hacia adelante. Vadillo amenazó tras una buena jugada colectiva pero no finalizó ante los pocos huecos que le concedió la defensa deportivista. Ramos lanzó flojo cuando tenía a Vadillo de nuevo agitando el brazo en el otro costado. Esta vez no lo vio.

El inicio de la segunda parte hacía presagiar un encuentro muy distinto al que se desarrolló

Al equipo local se le veía sufrir algo más. Mucho más exigido en defensa, ya no manejaba los tiempos del partido a su gusto sino que tenía que compartir protagonismo y pelota con el Granada. Pero llegó el minuto 66 y con él cambió todo. Álex Martínez controló la pelota dentro del área demasiado larga y David Simón, que pasaba por allí, se la arrebató. El defensa sevillano, en su intento por enmendar el error, se lo llevó por delante. El lateral del Deportivo sobreactuó lo suficiente para que no quedara duda de la infracción y el nieto de Pepe Aragón señaló el penalti.

Con el marcador en contra, pues Quique González anotó el castigo, el Granada se vio obligado a buscar el empate con otro estilo más atropellado, y fue entonces cuando el conjunto coruñés encontró los espacios para jugar como le gusta. Para colmo, pensarán los rojiblancos, Quique González mantuvo ese discurso inspirado que le llevó a marcar de nuevo en el minuto 77. Un 2-0 en Riazor son palabras mayores.

Aún así el Granada siguió mostrando la misma actitud beligerante que está convenciendo a su afición. Pozo salió para animar con sus diabluras y Rodri a pelear para dar descanso al mermado Ramos. Montoro, que sí aguantó todo el partido pese a que se le pusieron difícil con tantos golpes que se llevó, marcó el mejor gol del partido de falta directa, pero para entonces sólo quedaban dos minutos de descuento.

Perder en Riazor ante un recién descendido con muchos argumentos entra dentro de las posibilidades más reales. El Granada regresa a la tierra de una Segunda que le espera con sus entresijos más hostiles. Dio la cara pero esta vez le faltó mayor pegada y un orden en el centro del campo que impidiera sufrir tanto a la defensa. El manejo ágil de la pelota de los coruñeses fue difícil de asimilar y esta vez la zaga no anduvo tan inspirada como en jornadas anteriores. Sólo Germán mantuvo el nivel tan alto.

El primer golpe, como admitió luego Diego Martínez, debe servir para mostrar la realidad a la que se enfrenta este equipo. Muchas piedras aún en el camino.

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