Granada CF

Un encuentro de viejos conocidos

Un encuentro de viejos conocidos
/TORRES MOLINA

Málaga y Granada tradicionalmente han sido enemigos en derbis de alto voltaje, pero en los últimos tiempos la relación entre ambos ha cambiado a mejor

ANTONIO NAVARRO GRANADA

La cosa ha cambiado mucho pero, históricamente, cuando a un aficionado del Granada se le preguntaba por el rival más odiado, sus pensamientos le conducían hasta el Málaga, siendo idéntica la reacción por parte de los hinchas costasoleños, que en su día vieron en el equipo granadino el enemigo a batir. La rivalidad tenía un marcado carácter geográfico ya que, al ser provincias vecinas, el deseo de ambos siempre ha sido 'mandar' sobre el otro.

La cordialidad no fue un sentimiento recíproco entre ambas aficiones, especialmente en los inicios de estos derbis andaluces que se remontan a los primeros años de vida del Granada CF (fundado en 1931). Recuerda el historiador rojiblanco Antonio Lasso que los primeros Málaga-Granada estaban marcados por lo «largos» que eran los viajes de una ciudad a otra. Y es que con los automóviles y las carreteras que había en aquella época, iniciar un viaje a una tierra hostil en la que recibían a los aficionados granadinos con pedradas y raspas de pescado era toda una aventura, similar a la que tenían que vivir aquellos aficionados malagueños que se desplazaban a Granada.

Un episodio que ayuda a entender aquellas malas artes en los primeros años de rivalidad entre los por entonces llamados Malacitano y Recreativo Granada tuvo lugar en el encuentro de Segunda división que los enfrentó el 10 de febrero de 1935. Lasso comenta en la Enciclopedia del Granada CF, que escribió junto a Manolo Martínez y a Antonio Rodríguez, que en aquel duelo «se produjeron incidentes por parte de los aficionados malagueños, que lanzaron piedras sobre los jugadores recreativistas». Y no solo los futbolistas granadinos salieron mal parados, sino que «los periodistas deportivos también recibieron injurias por parte de sus compañeros malagueños». Para colmo de males, el Malacitano venció por 3-1, por lo que la expedición granadinista tuvo un día para olvidar.

El odio se trasladó hasta el terreno de juego. En la temporada 1947/48 uno de aquellos partidos broncos acabó con un espectador saltando al campo y agrediendo al ídolo rojiblanco, Pepe Millán. El defensa granadino era un jugador adorado por la afición y uno de esos nombres inolvidables que aparecen en todos los libros de historia, pues fue el primer jugador granadino internacional con la selección española mientras defendía los colores del equipo de su tierra. Lasso cuenta que, además de ser amigo suyo desde la infancia, este hijo de pescaderos era idolatrado por la afición del Granada porque «lo daba todo en el campo» y «cuando el equipo iba perdiendo los aficionados reclamaban su presencia en la delantera». Además de sus indudables cualidades como futbolista, Millán «era muy amable y cariñoso con todo el mundo y en los tiempos de la posguerra resolvía todos los problemas de aquella gente que lo esperaba cuando volvía de los entrenamientos», llegando incluso a hablar «con el gobernador, con el alcalde o con quien hiciera falta» para arreglar los problemas de sus paisanos. Quizá como 'vendetta' por este incidente, otro de los episodios violentos de estos derbis tuvo como desgraciado protagonista al jugador del Granada Norberto Amaro, que el 6 de diciembre de 1953 le provocó una gravísima lesión al jugador del CD Málaga Antonio Serrano. Este sufrió «una alevosa entrada» del futbolista rojiblanco, sancionado por el Comité de Competición «con dos años de suspensión o, en todo caso, por el tiempo que permaneciese de baja el jugador lesionado». Tuvo que ser tan aparatosa esta entrada a un compañero de profesión que hasta la propia afición del Granada «despidió a su jugador con una fuerte pitada».

Los derbis andaluces entre granadinos y malagueños continuaron siendo apasionantes pero ninguno tuvo tanto en juego como el doble enfrentamiento que disputaron en la temporada 1965/66, en la que ambos se jugaban un puesto en Primera división. Era una promoción en la que el CD Málaga (13º en Primera) se enfrentaba al segundo clasificado del Grupo Sur de Segunda, que era el Granada. En este combate a vida o muerte, el historiador José Luis Ramos relata a IDEAL que «el Málaga era claramente favorito porque tenía un equipo con algunos internacionales aunque ya muy veteranos (...) y además venía de forzar un partido de desempate en Copa frente al Madrid, mientras que el Granada era un equipo de desconocidos y recientemente había sido eliminado de la Copa Sánchez Pizjuán (un torneo para equipos andaluces) por el Triana, de Tercera, que era el filial del Betis». En el choque de ida llegaron hasta Granada «casi 200 autobuses de Málaga que aparcaron ocupando la totalidad de la superficie del Paseo del Violón, donde se instalaban los columpios en el Corpus». Aquel duelo lo ganó el Granada por 2-1 y eso motivó que «unos 6.000 granadinos viajaran hasta Málaga para el partido de vuelta», en el que su equipo no los decepcionó y firmó un resultado de 1-1 que le permitió regresar a la máxima categoría. De aquella eliminatoria es recordada la prima de un millón de pesetas que el presidente José Bailón prometió –y entregó con un día de retraso– a la plantilla rojiblanca y un chiste publicado al día siguiente en este periódico por el humorista gráfico Miranda, que retrataba a dos aficionados granadinistas montados en un coche y gritándole a un rival: «¡Adiós amigo; que hemos bajao (la Cuesta de la Reina) en segunda y la subimos en primera!».

Al inicio de los años 80 (concretamente en la campaña 1980/81) Málaga y Granada se enfrentaron en Copa del Rey en un derbi que Ramos califica de «atípico» porque «hubo numerosos incidentes y se pareció más a aquellos antiguos derbis de los 30 y los 40, cuando estos partidos entre vecinos daban abundante material para la crónica de sucesos. Para empezar, el Granada se negó a aplazar unos días el partido como pedían los de casa porque en esos momentos La Rosaleda no disponía de iluminación por estar en obras para el Mundial del 82, así que se fijó a la atípica hora de las 15:30 de un miércoles laborable, cosa que empezó a calentar los ánimos. El partido fue una continua sucesión de patadas y golpes de unos sobre otros, con un expulsado por bando. Al final de los 90 minutos el autobús rojiblanco resultó con varias lunas destrozadas y hasta el directivo Federico Gómez y el entonces secretario técnico, Joseíto, cobraron».

Las penalidades que ambos clubes sufrieron en los 90 hicieron que la tensión desapareciese de estos derbis, que casi siempre se disputaron en Segunda B. A comienzos del nuevo siglo, y con el Granada en Tercera, el Málaga CF se portó bien con los rojiblancos y jugó en Los Cármenes varios partidos amistosos, lo que propició que se iniciara una hermandad entre aficiones que dura hasta hoy. El historiador Manolo Martínez recuerda que «desde 2006 hasta 2010, Fernando Sanz fue presidente del Málaga. Siendo su hermano Paco Sanz presidente del Granada, los blanquiazules jugaron desinteresadamente el XXX Trofeo Granada para ayudar económicamente».

 

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