La Crónica

Emperador Ramos para seguir en la cima

Adrián Ramos abre los brazos para celebrar el fantástico gol que sirvió para que el Granada ganara el partido y siga una semana más como líder. / PEPE MARÍN | VÍDEO: LALIGA

Extraordinario partido del colombiano, con un golazo de vaselina en el minuto 83 que da tres sufridos puntos

RAFAEL LAMELASGRANADA

En fútbol, la vaselina no se unta, sino que se eleva. Cuesta documentar cuándo esta sustancia pasó a definir ese disparo elegante y sutil que tantas veces han intentado los más grandes. Esa pelota que vuela con suavidad y adopta la trayectoria adecuada para rebasar por arriba a un portero incapaz de predecir que le quieren burlar por semejante ángulo. Es el tiro que uno ve repetido y, desde el puro desconocimiento, piensa que es fácil de ejecutar. No requiere violencia en el golpeo ni una colocación exagerada. Sólo picar el esférico, imprimirle la fuerza justa, esperar la parábola necesaria que sorprenda al arquero anulando cualquier estirada y que acabe besando la red con cariño. Pero todo esto de sencillo tiene poco. Requiere clase, templanza, sangre fría. Y es menos factible aun cuando se elabora en carrera, tras un control orientado previo con el pecho que daba la primera ventaja, mientras un mastín como Christian se dirigía a cortar el paso. Después de 83 intensos minutos de disputas continuas por las nubes. Tantos balones bajó Adrián Ramos que decidió que aquel subiría como un globo para superar a Champagne y brindar con los suyos por el regreso de los triunfos y por la defensa del liderato ante un Oviedo que hostigó con disciplina hasta que el colombiano accionó la palanca.

1 Granada CF

Rui Silva; Víctor Díaz, Germán, Martínez, Quini; Fede San Emeterio, Montoro, Vadillo, Pozo (Fede Vico, m.58); Puertas (Rodri, m.71) y Adrián Ramos (Nico Aguirre, m.90).

0 Real Oviedo

Champagne; Johannesson, Carlos Martínez, Alanís, Christian Fernández, Mossa; Ramón Folch, Javi Muñoz (Steven, m.87), Tejera; Bárcenas (Omar Ramos, m. 77) e Ibra (Toché, m.66).

GOLES
1-0, m.83: Adrián Ramos.
ÁRBITRO
Pérez Pallas (colegio gallego). Amonestó a los locales Pozo y Puertas así como a los visitantes Champagne.
INCIDENCIAS
Partido de liga disputado en el estadio Nuevo Los Cármenes ante 10.373 espectadores (cifra oficial).

Fue un gol genuino convertido en divisa con valor de tres puntos, que engrandeció la actuación de un equipo cada vez más lleno de magulladuras pero intacto en su espíritu. Tanto a tanto, con la puerta a cero como sello de garantía atrás, va completándose la despensa mínima para la subsistencia en la categoría, para empezar a desatar la ambición sin disimulo. Tres victorias seguidas tras tres jornadas sin ganar. Un rearme con un signo leve, aunque eficaz: 1-0, o 0-1 en las consecuciones como visitante.

En Málaga fue un chut de fe por parte de Montoro con un desvío inesperado. En Tarragona, dos flechas rumbo a la diana, con Vadillo y Pozo como veloz sociedad. En el retorno a casa, ese hogar que olía a habitación cerrada, que se había impregnado de alguna preocupación tras el empate con el Numancia y la derrota ante el Sporting, Ramos extendió un perfume de clase para ponerse los laureles de emperador. Su actuación había entusiasmado hasta ese momento, pero le faltaba algo, un detalle fundamental. Se entregó al máximo, orientó todas las acciones, estrelló una bola en el travesaño y cruzó varias con mucho peligro, pero sin conseguir lo que con tanta ansiedad buscaba. Llegó en el tramo final, cuando las fuerzas de todos caían y el Oviedo percutía a balón parado. Fede Vico, que dio criterio a ese lapso definitivo, le regaló un pase profundo con el exterior que salió con vehemencia hacia su destino. El número 20 lo convirtió en una obra de arte.

La victoria no disipa la impresión de que el grupo está acusando la fatiga y confirma un sino de la Segunda división: nadie, absolutamente nadie, vende barata su piel. El conjunto azulón tiene una plantilla con aspiraciones de entrar en la fiesta que hay en la azotea, aunque nota algunas ausencias de importancia, como la de Saúl Berjón o la de Joselu. Anquela moduló su sistema para dejar cuatro hombres atrás y recrudecer la presión en el centro del campo sobre Fede San Emeterio y Montoro. Los asturianos sembraron minas y tuvieron algún prometedor escarceo en ataque.

Quizás la estructura se le habría desmoronado al técnico jienense si Pozo aprovecha un envío transoceánico de Montoro al poco de empezar. El sevillano calmó el balón y se dispuso a encarar a Champagne, pero pensó demasiado. Dudó en chutar fuerte, regatear al cancerbero o intentar la cuchara (otra forma de llamar a la vaselina). Culminó fatal, con una intentona desviada, impropia de su talento habitual.

Ibra, en la otra orilla, tuvo una aún más clara. Se quedó enganchado Martínez a la hora de tirar el fuera de juego, aunque al senegalés también se le nubló la vista en la definición.

El ambiente resultaba extraño. Como si la tarde invitara a la siesta, ni el público apretaba ni el equipo terminaba de enchufarse. Johannesson gozó de un par de opciones ante Rui Silva, muy clara la segunda. Germán tuvo que salir a detener a Yoel Bárcenas, un misil por cualquier flanco, en un error en el escape de Víctor Díaz. El central gaditano cortó su tránsito al límite.

Ramos quiso poner el asunto en orden con un acercamiento tras un robo suyo. Se apoyó en Pozo y encontró un punto de fuga para desmarcarse y menear el larguero. Más tarde encontraría el apoyo de Puertas para cruzar otro esférico en diagonal.

Champagne no dejó indiferente a nadie. Tuvo dificultades para atajar a veces y se recreó en todos los saques hasta que lo amonestaron. Puertas pudo fulminarle al filo del descanso en una contra. No le salían las cosas al almeriense, aunque no fue el primer cambio tras el reposo. Diego prefirió sacar a Vico por Pozo. Desde su ingreso, el cordobés desestabilizó a los visitantes, ocupando espacios libres. Participó en secuencias peligrosas junto a Vadillo y Ramos, pero el marcador seguía inalterable. Rodri sustituyó a Puertas y nada más salir estuvo a punto de contemplar una desgracia atrás. Bárcenas consiguió patear, en el único fallo de Germán en el área, y su intento dio en el poste. Johannesson se enredó después en el rechace.

La incertidumbre se podía respirar. Pudo marcar en propia meta Alanís en un córner. Entró Toché y se midió en una salida fugaz con Rui, vivo para echarse a sus pies. Ahí empezó a encenderse la pirotecnia, en su saque. Vico, Ramos, la vaselina y la bendita celebración.

El epílogo sólo delató la desesperación del Oviedo, que trabajó por un punto y se marchó de vacío. Este Granada líder tiene estrella y su blindaje ha resistido en diez de los 18 partidos. Una barbaridad que explica en parte su situación en la cima. Las otras, las que salen de la imaginación de ilusionistas como Ramos, no lo son tanto. Son algo mágico.

Granada-Oviedo

 

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