La contracrónica

Dinámicas

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Quizá se completó la jornada más gris en cuanto a fluidez de juego en lo que va de campaña, pero se obtuvieron los tres puntos

EDUARDO ZURITAGRANADA

No fue el partido ante el Nástic la mejor prestación del Granada de esta temporada. Al contrario, quizá se completó la jornada más gris en cuanto a fluidez de juego en lo que va de campaña. Pero se obtuvieron los tres puntos, merced a una mayor eficacia ante el marco contrario, a un ejemplar desempeño en tareas de contención y a la fortuna en forma de decisiones arbitrales en jugadas al límite que esta vez cayeron a favor de los intereses granadinistas, cuando en jornadas anteriores habían sido esquivas.

Se enfrentó el Granada a un equipo local enrabietado, consciente de la sima donde se encuentra y aleccionado tras la bronca presidencial que dudó de la actitud de la plantilla tras su debacle en Soria ante el Numancia en la anterior jornada. A los jugadores del equipo tarraconense les iba la vida en cada disputa, y porfiaron desde el minuto inicial hasta el pitido definitivo buscando un mejor resultado. La suerte no estuvo con ellos a lo largo de todo el envite.

El arranque del encuentro mostró al Granada profundo que es ya habitual para el aficionado. Montoro, celestial en el pase, otorgó a Pozo la primera gran ocasión, y el sevillano estuvo estelar en otra jugada donde de tacón dejó en ventaja a Quini para que éste otorgase el pase definitivo a Ramos, al que impidieron culminar por centímetros. Aunque el Tarragona tenía más la pelota, el buen criterio lo imponía el Granada como en tantas otras ocasiones. El paso de los minutos diluyó a los granadinistas, que cada vez veían más lejos la portería rival. Los locales estuvieron a punto de adelantarse, pero esta vez el fuera de juego milimétrico, existente, cayó en su contra, y el rechace del meta del Granada que acabó empujado al fondo de la portería no subió al marcador.

De una escaramuza en ataque local, llegó una contra letal para los intereses del equipo catalán, donde se reflejaron algunas de las mejores virtudes del cuadro rojiblanco: el infatigable San Emeterio ganó la partida por alto a contrarios que lo superaban en envergadura; Pozo otorgó al primer toque un proverbial pase a un Vadillo desmarcado; la calidad de los dos les plantó en franquicia en el área rival para conseguir el único tanto del encuentro. Fue una jugada de contra de manual, otra faceta más de este camaleónico Granada. Poco más harían los de Diego Martínez en ataque el resto del partido. Sólo una aproximación al inicio de la segunda parte a balón parado, donde Montoro la puso excelentemente para que Germán no llegase a empujarla por poco. El resto, lucha sin cuartel por defender la ventaja con un sistema ordenadísimo de contención.

Esta vez ayudó el que las decisiones arbitrales en jugadas conflictivas se decantaron siempre del lado granadinista: un despeje de Germán echado al suelo para interceptar un centro, que dio en su brazo, pareció un rebote involuntario, no sancionable, como apreció el colegiado vasco Sagués Oscoz; en una segunda jugada en los estertores del partido señaló un fuera de juego a Barreiro que no lo era, y cercenó una jugada que acabó con Uche empujando la pelota a la red, si bien tanto portero como defensas del Granada habían tras la señalización del fuera de juego reducido su intensidad de intervención en la acción. En otras ocasiones las decisiones arbitrales podían haber supuesto un penalti y un gol en contra. Y es que como el propio Diego Martínez ha declarado, a esta competidísima liga de Segunda le vendría muy bien el VAR. Cierto es que con el mismo la puntuación rojiblanca aún sería mayor, vistas las jugadas conflictivas de jornadas anteriores que perjudicaron a los rojiblancos.

La bajada de ritmo de Montoro la notó el equipo, que tuvo luz mientras el faro levantino ordenó sus jugadas de control y ataque. Posiblemente mermado físicamente fue de más a menos, como el propio conjunto. También es cierto que el equipo local no gozó de grandes ocasiones de gol durante el encuentro: una melé resuelta a la media vuelta por Albentosa en la primera parte, una vaselina de Del Moral y un remate de Uche en la segunda parte, fueron los mayores sustos que se llevó Rui Silva. Aun así, la lucha y porfía de los tarraconenses pareció hacerlos merecedores de una mayor recompensa en el resultado. La situación precaria en la clasificación les pesó.

Al Granada le faltó la fluidez y frescura de otros partidos, estando sus jugadores creativos más espesos de lo habitual: Vadillo tuvo una floja actuación, a excepción de la magnífica conducción de la jugada del gol; Puertas se perdió en numerosas luchas, concretando pocas asistencias; Pozo, que comenzó fulgurante y con chispa, fue a menos a lo largo del encuentro; Ramos estuvo más perdido y desasistido que en anteriores actuaciones. Los recambios de Vico por Vadillo, y Rodri por Ramos, tampoco aportaron más serenidad ni mejor criterio. El tercer cambio fue para Alberto Martín, que suplió a Montoro, para tratar de ralentizar el ritmo del encuentro en los minutos finales. El equipo si demostró nuevamente su capacidad de compromiso y solidaridad. Destacaron por ello los estajanovistas de la contención: Germán y José Antonio Martínez, en su línea de eficacia en el centro de la defensa, especialmente acertado el segundo; el infatigable San Emeterio, siempre tapando huecos, sobre todo en la segunda parte; y un Quini excepcional en tareas defensivas en la posición de lateral izquierdo.

El fútbol es sin duda un estado de ánimo, que lleva a los equipos a estar en dinámicas positivas o negativas que pueden explicar lo sucedido en el Nou Estadi de Tarragona: un equipo al que todo le sale y favorece en sus objetivos, el Granada, frente a un Nástic hundido por sus propias carencias y su falta de fortuna. Hace una temporada el equipo tarraconense derrumbaba como local a un Granada que se diluía ante cualquier contratiempo, y lo superaba en la segunda vuelta en Los Cármenes cuando los de Oltra entraban en un ciclo negativo de fútbol y resultados que no tuvo remedio. La reacción habida ahora tras la pequeña racha negativa ante Numancia, Las Palmas y Sporting de Gijón -dos puntos de nueve-, demuestra la convicción del equipo en sus posibilidades y en la dirección marcada desde el banquillo. Cuando se gana hasta jugando un partido gris en cuanto a brillantez, aunque excelso nuevamente en el esfuerzo, es que el viento sigue viniendo de cola empujando al equipo hacia lo alto de la tabla.