Diego Martínez y el aprendizaje del fracaso

La experiencia en Osasuna, en la que no clasificó al equipo para el 'play off' pese al favoritismo, proporcionó un conocimiento al técnico del Granada que está aplicando y que le lleva a dirigir con mesura y templanza

Diego Martínez y el aprendizaje del fracaso
Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

En esta cultura del éxito en la que estamos instalados, en la que todo tiene que ser rápido y vistoso, se suele despreciar el aprendizaje que supone el fracaso. En fútbol, donde la mayoría es del último gana, cuesta salvar algo de un naufragio. Sin embargo, el hecho de estrellarse deja ciertas secuelas al superviviente que, bien interpretadas, le pueden ayudar en sus siguientes retos. Diego Martínez, por ejemplo, era un entrenador en la cresta de la ola cuando se incorporó a Osasuna, pues venía de una trayectoria redonda en el Sevilla Atlético. El primer año, salvación en Segunda B. El siguiente, ascenso a Segunda. El tercero y último, permanencia en la 'división de plata', tras un arranque fantástico que le tuvo arriba durante muchas semanas.

Al gallego le entregaron el proyecto navarro tras el descenso desde Primera, con un presupuesto importante y una base de cierta garantía. No había otro objetivo que el regreso a la élite. El comienzo fue prometedor. De hecho, a esta altura del campeonato iba segundo, por lo que nada hacía intuir que a los rojillos se les haría larga la Liga y comenzarían a flojear. La primera vuelta la concluyeron como octavos, a un punto de la zona de fase de ascenso y a once del salto directo. En la segunda llegaron con opciones reales de meterse en el 'play off', pero un empate en Soria en el minuto 89 en la jornada 40 y, sobre todo, la derrota en la fecha final ante el Valladolid por 2-0 (equipo que al final llegó a la cima por la vía larga) impidieron que el conjunto de Diego compitiera en las eliminatorias por dos puntos. Una coyuntura que provocó su destitución, a pesar de haber firmado por una temporada más.

El Sevilla Atlético también se le desinfló tras el ecuador de la Liga. Marchaba séptimo con 31 puntos y cerró la campaña 16-17 con 53 puntos, decimotercero, con margen sobre el descenso pero lejos de la cabeza. Era lo de menos.

Detectar los fichajes que le faltan a un equipo es fácil; saber cómo reaccionará el vestuario, no tanto

Sí fue un chasco el ejercicio siguiente, cuando comandaba a los de El Sadar, y esta decepción ha de servirle para observar qué pudo fallar y dónde ha de poner remedio antes de que los problemas exploten, para que la línea sea distinta en el Granada. Aquí está firmando sus mejores números, que son también los guarismos más interesantes para los rojiblancos en 25 años, pero no hay premio para el hipotético campeón de invierno ni para los aspirantes. Los nazaríes han de insistir en su línea de juego, inteligente y combativa, proponiendo con el balón. Con ese discurso de la mesura que ha calado fenomenal y aprovechando al máximo los recursos disponibles, el Granada puede seguir codeándose con los aspirantes, asegurando la primera misión, la permanencia, y desafiando a aquellos que no daban un euro por este proyecto en empresas mayores.

Los refuerzos

Hay una tendencia en el ambiente que esgrime que serán los fichajes de invierno los que simbolicen si la directiva apuesta con decisión por la vuelta a la 'liga de las estrellas'. Este es un argumento controvertido. Parece claro que la cúpula observa las debilidades, estudia el mercado y tienta a futbolistas. Al final, hasta el aficionado medio es capaz de señalar los puestos que pueden estar debilitados por la falta de un relevo de garantías, pero el bazar de enero no suele albergar todas las soluciones. Acertar se complica con jugadores que vienen sin minutos. Luego está el mar de fondo. Detectar los fichajes precisos es sencillo, aunque haya quien lance cartas a los Reyes Magos. Pero saber cómo reaccionará un vestuario tan unido a la inclusión de un elemento ajeno, aún en el caso de que tenga amigos o conocidos, es más complicado. A veces, sumar es restar. Y fracasar sirve para ganar.

 

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