Granada CF

Diego Martínez y el don del acierto

Diego Martínez da indicaciones en La Romareda. / /LaLiga
Diego Martínez da indicaciones en La Romareda. / / LaLiga

El Granada completa su metamorfosis como equipo al ritmo que su técnico impone con los cambios | Las entradas de Martínez y San Emeterio en el once dan solidez a los rojiblancos, mientras que en ataque se agita la coctelera de la sorpresa

FRAN RODRÍGUEZGRANADA

El Granada es un equipo con un hambre voraz, un plantel competitivo en constante evolución. Nada tiene que envidiar, por el momento, Diego Martínez a Kafka o a Ovidio, pues la metamorfosis rojiblanca continúa su paso gracias a una inmaculada concatenación de cambios que siempre hicieron al equipo más imprevisible, libre y paciente. Todos importan y suman en un ecosistema feliz por resultados y sensaciones. «El fútbol es de los futbolistas, nosotros solamente podemos ayudarles», comentaba el técnico pontevedrés la semana anterior. Sin embargo, con el Granada líder y con la parroquia granadinista confusa al recuperar su añorada felicidad, resulta inevitable mirar al banquillo. De hacerlo, se comprueba cuántas cosas han pasado y cambiado, impulsadas por Diego Martínez, desde aquella tarde de calor y sequía goleadora en Elche.

El Granada abría la temporada en el Martínez Valero con:Rui Silva, Quini, Víctor Díaz, Germán, Álex Martínez, Montoro, Nico Aguirre, Vadillo, Puertas, Fede Vico y Adrián Ramos. Aunque es un once reconocible, la mayoría de ese bloque ha ido cambiando con el paso de las jornadas, dejando el sitio a compañeros con el mismo hambre y compromiso para con el escudo. Los cambios, a los que no siempre se vio obligado Diego Martínez, no han hecho sino potenciar los pros de los rojiblancos y verificar el peso de un mandamiento clave en el 'librillo' del técnico nazarí:«Todos son importantes. Todos son necesarios».

Edificar sobre la defensa

El primer gran cambio que transformó al equipo fue la inclusión ya como titular del voluntarioso Fede San Emeterio. La constancia física y su percepción táctica agrandaron el impacto del cántabro en el esquema rojiblanco. Desde aquella tarde en Extremadura, el Granada no se entiende sin el primer gran acierto de Diego Martínez. Su importancia la reflejó el club con una espectacular fotografía panorámica que aunó todos los movimientos del mediocentro ante el Mallorca. El resultado resulta inenarrable. Un jugador que ha dado carácter al equipo y, en particular, una asombrosa libertad y confianza a Ángel Montoro.

No tardó ni una jornada Diego Martínez en ajustar de nuevo su Granada. Esculpir algo que funcionaba, en uno de sus movimientos más atrevidos, y salir indemne de un Rayo que no impactó en Los Cármenes. Y es que el técnico gallego probó a cambiar una zaga que estaba dando buenos resultados, retirando del once a un Quini especialmente explosivo en comparación al del pasado curso, e introduciendo en la foto inicial a José Antonio Martínez. El central y el entrenador se conocen, al igual que ocurre con San Emeterio y después con Pozo, por lo que la confianza resulta un factor diferencial en la entrada del onubense en el plan 'A' del míster. Su excelsa salida de balón y la importancia de tener un zaguero zurdo en el eje acabaron dando la razón del cambio a Diego Martínez. Víctor Díaz regresó al carril derecho y Álex Martínez comienza hoy día a parecerse al del pasado año gracias, en parte, a la tranquilidad que le aporta su espigado compañero en la retaguardia.

Cóctel sorpresa en ataque

Distinta es la metamorfosis en el cuerpo ofensivo de este Granada. El talento y la capacidad anotadora se han dado la mano, especialmente en la línea que resguarda al punta, para poner a Diego Martínez en un complicado aprieto. Todos suman al resto del grupo y el técnico, de momento, continúa casado con el acierto en cada apuesta que realiza antes de cada partido. La línea de tres más reconocible es la formada por Vadillo, Puertas y Vico, pero un genio imberbe pasó en dos días de llamar al timbre con timidez a romper la puerta a base de descaro y poesía. Quizá sin saber cómo, Alejandro Pozo rimaba sus mejores características con tramos de cierto espesor en fase ofensiva. Ante el acierto goleador del pichichi Puertas y la inagotable calidad de Vadillo, fue Fede Vico el que se quedó algo atrás y perdió la titularidad en favor del 'Giraldillo'. Fue en Reus, partido que se ganó 1-2 con una exhibición de Pozo en el primer tiempo y un certero centro para que Puertas anotara el gol de la victoria. El cordobés Vico, lejos de encontrar comodidad en el banquillo, redobló esfuerzos en la Ciudad Deportiva. Su ausencia no tardó en notarse, más allá de que los tres titulares aportaban mucho. El desajuste era evidente y el juego, por dentro, fluía con menor naturalidad. Pozo y Vadillo le ganaban metros al campo a lo ancho y Puertas, que se había tomado un tiempo con el gol, necesitaban el apoyo en corto y la confianza en espacios reducidos que brilla en Vico.

Tras la derrota ante el Alcorcón, que ya demostró un estudio pormenorizado del trío Pozo–Vadillo–Puertas, y agitando una vez más la coctelera, Diego Martínez sorprendió a Fran Fernández para hacer de la primera parte ante el Almería una de las mejores que se recuerdan. De inicio el joven Pozo se quedó fuera y se colgó el cartel de revulsivo. Y lo iban a necesitar pues «todos son necesarios». En su lugar, un Fede Vico por el que pasaron casi todas las buenas decisiones en ataque de los rojiblancos. El técnico, en una rueda de prensa anterior al encuentro frente al Almería, lo resumía así:«Las primeras jornadas parecía que no debía jugar Fede (Vico) y jugar con dos puntas y ahora que no juega, resulta que es necesario. Qué bonito es el fútbol». No fue Vico el único botón que tocó Diego Martínez para desajustar a la zaga almeriense, que encontró movilidad con Rodri donde esperaba fijación con el colombiano Ramos. El sevillano, porque así lo siente aunque naciera en Soria, fue un dolor de muelas para los centrales y recordó las gratas sensaciones que dejó ante el Lugo. El entrenador acertó hasta con las suplencias, pues el revulsivo lo fue hasta el punto de anotar el gol de la victoria cuando el empate a nada parecía lo más seguro.

La penúltima transformación no obligada tuvo lugar el domingo en La Romareda. De nuevo apostando con valentía, el técnico demostró que el don del acierto no es casualidad, sino causa del trabajo previo, de cómo afronta los partidos y el estudio del rival. De nuevo puso a Pozo a jugar desde el minuto uno y el sevillano le dio la razón provocando la falta del 0-2 y derribando el 'pilar' maño con la expulsión de Benito. El último reto del pontevedrés es acertar de pleno en una apuesta difícil:suplir a Ángel Montoro.

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