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Descontrol

Detalles minúsculos, cuestiones aisladas pero cruciales resuelven a favor en contra

Montoro dispara a puerta con la zurda. / RAMÓN L. PÉREZ
VÍCTOR M. ROMERO

A veces del éxito al fracaso se pasa con relativa facilidad. Cuando la igualdad es manifiesta la línea entre la euforia y la frustración resulta muy estrecha. Los objetivos penden de un hilo. Detalles minúsculos, cuestiones aisladas pero cruciales resuelven a favor o en contra. Los hados no se han alineado en la zona rojiblanca desde que se iniciara la segunda vuelta y 2019.

Tres jornadas ya sin ganar es demasiado cuando el fútbol del equipo de Diego Martínez apenas ha cambiado. Puede que haya perdido algo de frescura, intensidad y poder físico, que las ideas y el talento se produzcan con intermitencias, pero ni Osasuna ni ayer el Deportivo han demostrado ser mejores que los granadinos. En este deporte no siempre gana quien más lo merece. El equilibrio con los coruñeses hubiera convertido en justo el empate. También las tablas en El Sadar. La fortuna ha sido aliada de los rivales. Otra vez se sufre la derrota por un fallo puntual, humano. Curioso que se repita el despeje aciago, en esta ocasión de un central tan fiable como José Antonio Martínez. La balanza también se podía haber desnivelado al revés, que la acción clave hubiera ayudado a los nazaríes a sumar los tres puntos...

Al Granada le adormecieron la vía de la creación. Montoro tomó la batuta en un regreso que se presentía y le anestesiaron. La conclusión más fea, al margen de ceder aquel anecdótico liderato que se sostenía a duras penas, es la pérdida de vigor en hombres fundamentales. Si el entrenador tiene que relevar a Ramos, Vadillo yFede Vico, de los más desequilibrantes, mal asunto. El Dépor puso oficio y la excitación final llevó a un descontrol inútil y perjudicial por las tarjetas.

 

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