Cuestión de equipo

Su apuesta de fútbol intenso, comprometido, trenzado y vertical ya no es exclusiva de sus comparecencias como local

LOF
EDUARDO ZURITA. AFICIONADO DEL GRANADA GRANADA

El Granada sigue en este campeonato demostrando que hay muchos conjuntos por debajo de sus méritos. El calendario ha sido generoso en el arranque con enfrentamientos ante equipos que rondan por ahora la segunda mitad de la tabla, pero ya no hay quien dude que los rojiblancos se están mostrando muy fiables, y que su apuesta de fútbol intenso, comprometido, trenzado y vertical ya no es exclusiva de sus comparecencias como local.

No es el feudo del Reus un destino fácil, a pesar de las dificultades por las que atraviesa la escuadra tarraconense, limitada en la confección de su plantilla y con poca capacidad de suplir las bajas que se le producen durante el campeonato liguero. El equipo catalán nunca otorga facilidades al rival cuando actúa en casa, y a ello se unen unas condiciones muy deficientes del césped del Estadio Municipal reusense.

Diego Martínez planteó el partido buscando un fútbol más directo, con Pozo y Vadillo en bandas, sacrificando a Fede Vic colocando a Puertas en el enlace. El Granada presentó esta ocasión una propuesta que apostaba más que de costumbre por el pase largo, donde Adrián Ramos estuvo muy activo para tocar de cabeza, jugar de espaldas, bajar balones y asistir a compañeros. Hubo menos transiciones por el medio campo, y por ello Montoro no fue tan protagonista como en otros enfrentamientos. San Emeterio por su parte continuó en la magnífica línea de eficiencia demostrada en jornadas anteriores.

La superioridad durante la primera parte de los visitantes fue manifiesta, con numerosas llegadas, aunque el gol llegó gracias a un trallazo a larga distancia de Víctor Díaz. El modo de celebrar los goles a favor este año, con una piña de jugadores rojiblancos que se extiende más allá de los partícipes en el terreno de juego para englobar a todos los miembros del banquillo, incluidos técnicos auxiliares, masajistas y utilleros, habla de la comunión de un vestuario unido para alcanzar los objetivos deportivos, lo taque se antoja trascendente.

El Reus poco pudo hacer en la primera parte, donde se mostró muy partido y con grandes dificultades para salir con el balón jugado ante la intensidad en la presión adelantada de los jugadores granadinistas. La única ocasión de que disfrutó, tras un buen servicio de Martí Vila, no pudo consumarse de cabeza a bocajarro por Moore gracias a la obstaculización de Pozo en misiones defensivas, muestra del compromiso de todos los que saltan al terreno de juego del lado rojiblanco en todas las tareas colectivas. El Granada llegó mucho en el primer periodo, pero volvió a faltar definición en los metros finales, lo que hubiera otorgado una distancia mayor al descanso.

Quedó el mismo aroma de demasiadas ocasiones en ataque mal definidas de la jornada anterior ante el Córdoba, lo que podía traer problemas en la reanudación. El Granada encaja sólo en las segundas partes, y una pifia de Rui Silva, muy inseguro por alto durante todo el encuentro -en su descargo podría pensarse que es posible que se combinasen su semana convulsa debido a sus afecciones en un dedo de la mano, con el mal estado del terreno que le jugó más de una sorpresa desagradable-, lo que facultó el empate del siempre oportunista Linares.

Nuevamente, y a pesar de unos minutos de zozobra, el equipo de Diego Martínez no se descompuso y empezó poco a poco a recuperar la batuta del partido, ya con Rodri en el campo sustituyendo a un agotado Ramos. Algunas piezas de talento empezaron a tomar las riendas del tramo decisivo del encuentro, especialmente el joven y decidido Pozo, que disputó ya un partido completo y dio muestras de sus capacidades e implicación, y de Puertas, que empezó a merodear con más frecuencia el área rival, con esa convicción con la que cuenta esta campaña de que puede perforar la meta contraria a la menor oportunidad. El segundo gol del Granada fue fruto de la convicción del equipo en buscar la victoria con determinación, tras una buena combinación que tuvo a ambos jugadores como felices protagonistas en la definición.

Tras ocho jornadas el equipo mira tras de sí a sus rivales, a excepción del líder Málaga CF. No se trata sólo de magníficos resultados, con cinco victorias en los seis últimos partidos, sino de la fiabilidad con la que se consiguen, con un juego que mezcla lo brillante con lo esforzado, donde sobre las capacidades individuales se está alzando el mérito colectivo. Cuestión de equipo, de saber a qué se juega en cada partido y en cada fase de cada uno de ellos, y de tener enchufados a muchos jugadores del plantel, tanto los que parten como titulares como los que saltan desde el banquillo para hacer de revulsivos o de equilibradores. Al igual que en los fracasos se alza la voz exigiendo responsables, en las rachas exitosas debe reflexionarse sobre sus bruñidores. No cabe duda de que los jugadores lo son en este ilusionante arranque de campeonato, pero hay que dirigir la mirada a una dirección desde el banquillo, la de Diego Martínez, que en lo que va de temporada ha dado continuadas muestras de saber, querer y, por ahora, poder.

 

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