Una conclusión insípida para un equipo en la medianía

Sin sorpresas en fichajes pese a algún ofrecimiento de última hora, el Granada se presenta a competir con una plantilla más humilde y rejuvenecida, con el objetivo de pelear por la permanencia en la categoría. Lo demás implica una enorme pericia de Diego Martínez y los suyos

Una conclusión insípida para un equipo en la medianía
Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

No fue el esperpento de aquel cierre invernal con Piru pero hay que reconocer que la conclusión de este mercado veraniego del Granada deja un poso de decepción. El aficionado esperaba una maniobra sorprendente de última hora que permitiera el aterrizaje de uno o dos jugadores que levantaran el ánimo y resolvieran, al menos numéricamente, la falta de efectivos en ciertas posiciones. Pero la economía manda, aunque es un capítulo que tendrá que explicar muy bien la dirección rojiblanca para que el común de los mortales entienda, de una vez, qué supone el cacareado límite salarial y en qué se va la mayor parte del gasto. La rueda de prensa de la semana que viene ha de contribuir a ello.

Como se preveía, no hubo llegadas antes de la bocina, pese a algún ofrecimiento que se desechó, ni ha aparecido el presidente con un patrocinador principal, aunque algo raro tuvo que hacer la cúpula para inscribir a Pozo el lunes cuando no se habían efectuado bajas. Cuestiones financieras sobre las que no se arroja luz y que es necesario aclarar en estos tiempos de forzosa humildad.

Ha sido la primera gran ventana de incorporaciones bajo el auspicio total de Hope y, en los hechos consumados, apenas se ha notado su mano. Al menos tres jugadores vienen con el abrazo del propio entrenador, como Martínez, Fede San Emeterio o Pozo. A Hope se le puede consignar lo demás, principalmente lo de Aguirre y que Ramos pase a ser futbolista pleno del Granada, ambos bajo fórmulas de pago extra en China. La cuestión es que por ahora ninguno ha rendido a su mejor nivel y eso incentiva las miradas al palco, sobre todo en el caso del colombiano, que tiene que quitarse ya los grilletes que le impiden disfrutar de su profesión, para empezar, y ponerse en forma, después, para intentar acercarse a lo que un día fue y aquí no se ha visto.

La salud tiene que acompañar porque como se encadene una plaga de lesiones se le pueden ver todas las costuras a una plantilla de 22 que en realidad es de 21, porque a Varas lo quieren finiquitar, y que en conclusión tiene 20, porque Fran Rico sigue en barbecho. Así, con presencia alta de canteranos (Juancho y Hongla harán falta), se enfoca un proyecto que ha experimentado una metamorfosis. De estar en Primera al descenso. De aspirar al regreso a la medianía.

El sello de los fichajes indica un factor riesgo. La mayoría son futbolistas de visible talento que por convalencias o malas decisiones al elegir equipo no han cuajado como se presuponía, o son demasiado jóvenes para haber explotado aún. Con estos factores torea Diego Martínez, de discurso sereno, sensible con la economía nazarí, pragmático en el mensaje. Lo normal es que venga una travesía por el desierto. La lucha inequívoca por la permanencia.

La aureola de John Jiang ha resultado un fiasco. Tener un presidente extranjero y rico no ha supuesto avances como entidad, más bien al contrario, pese a algún esfuerzo que no siempre ha compensado, como ocurre con Ramos. El grupo gestor se estrena con una actuación algo anodina y la sensación de que todo ha gravitado sobre la propia dirección local. Esta se ha encontrado una enorme resistencia en las salidas y unas dificultades terribles para conseguir altas, hipotecada en las cuentas y sin negociaciones favorables en el cara a cara. Hay mucho que detallar, pero esto ya se ha acabado y al hincha sólo le queda agarrarse al fútbol. La gente ya no espera mucho del propietario pero puede que el equipo le sorprenda. La eterna lucha que no cesa.

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