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Comunión

La hinchada local jugó también un partido pleno de compromiso, animando a los suyos en los peores momentos del segundo tiempo, insuflando aire cuando ya éste faltaba

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RAMÓN L. PÉREZ
EDUARDO ZURITAAFICIONADO DEL GRANADA CF

Recuperó el Granada su capacidad de vencer en casa, tras los traspiés ante Extremadura y Deportivo que habían dejado a su parroquia con mal sabor de boca. Salió decidido a resolver el envite frente al Zaragoza, y los primeros compases del partido fueron un muestrario de intensidad en la presión y determinación en el ataque, cuyo fruto fue el gol a balón parado, tras saque de esquina, de Germán, ese valladar rojiblanco en el centro de su defensa que ayer completó un partido para enmarcar, acompañado de un Rui Silva excepcional.

Adelantarse en el marcador suele ser sinónimo en la actual escuadra rojiblanca de victoria, dada la capacidad de los de Diego Martínez de gestionar bien el resultado a su favor. Pero en esta división hay que luchar cada balón y cada partido. Si la perseverancia llevó a la obtención de los tres puntos en partidos muy igualados en casa, como los disputados ante Almería y Oviedo, obteniendo los goles en el tramo final de ambos encuentros, la temprana renta ante el Zaragoza obligó a los locales a un ejercicio de oficio y lucha, no exento de las necesarias dotes de fortuna, ante un rival que no le perdió la cara al partido y que estuvo al final cerca del empate.

Como en la primera parte en Majadahonda, sigue el equipo un tanto espeso en las contras con superioridad numérica. De no ser así, ante el equipo aragonés el resultado hubiera sido más amplio y sobre todo más tranquilizador para la hinchada, que debió emplearse a fondo en determinados tramos del encuentro para insuflar ánimo a los suyos. Y es que la línea delantera del Granada, trabajadora durante todo el partido, no estuvo especialmente iluminada en la resolución de las últimas jugadas. Fue muestra de ello tanto la ofuscación de Rodrigo en diversas jugadas donde no alcanzó a ver al compañero desmarcado, como la mala puntería de Ojeda en varios lances donde penetró con ventaja en el área rival, aunque el canario volvió a realizar una convincente actuación, por encima en prestaciones demostradas por Vico, Vadillo y el propio Rodrigo.

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El Zaragoza demostró buen trato del balón, especialmente algunos de sus jugadores como James y Pombo, omnipresentes en todo el partido. Pero tiene la pólvora bastante mojada. Un gran tiro del segundo desde lejos que obligó a una buena intervención de Silva, un disparo ajustado de Marc Gual y la gran ocasión de Aguirre al final del partido, fueron las tres llegadas más francas de los visitantes, que demostraron por otro lado contar con evidentes lagunas en su zaga y debilidades en el repliegue que pueden ayudar a entender su situación apurada en la tabla clasificatoria.

Tampoco el Granada tuvo grandes ocasiones ante Cristian Álvarez, quitando tres penetraciones de Ojeda, muy clara la última, tras gran asistencia de Azeez. Ramón saltó al césped en sustitución de un desdibujado Vadillo, al cuarto de hora de la segunda mitad, y aunque anduvo deambulante en los primeros compases de su comparecencia, se erigió en un gran peón para el mantenimiento de la pelota y la bajada de ritmo que precisaba el partido en su tramo final, claramente favorecedora de los intereses del Granada. Nuevamente los cambios ordenados por el entrenador, con las entradas de Ramón, Ramos y Puertas, fueron beneficiosos para el equipo rojiblanco, al desactivar al zaragocista.

Demostraron los locales oficio en un complicado encuentro, fiel reflejo de la igualdad existente en la división de plata -seis de los diez encuentros disputados en la jornada acabaron con idéntico resultado de victoria por la mínima, uno a cero-. Se supo sufrir, lo que es muy importante en esta competición. Faltó precisión en las contras que tuvieron, mentes más claras para los pases decisivos y mayor eficacia en los remates finales. Fue el caso del siempre esforzado San Emeterio, con una capacidad de corte y de encimar al adversario dignos de elogiar, pero que se mostró poco habilidoso en sus llegadas al área zaragocista, en especial en una penetración individual, tras un gran robo de balón, donde el portero del conjunto mañico le ganó la partida en el uno contra uno.

Se venció con mucho sufrimiento, como vaticinaba el entrenador rojiblanco en las jornadas previas al duelo, sin excesiva brillantez, pero se sumaron tres puntos importantísimos, cortando una racha como locales poco fructífera. Es verdad que el equipo viene sufriendo en los partidos de casa desde hace varias jornadas, sin ser capaz de imponerse con claridad a sus adversarios, pero no cabe duda de que la solidaridad y el compromiso de todos los que saltan es innegociable en cada jornada.

Este aspecto ha sido leído por la grada, que ante el Zaragoza tuvo un comportamiento ejemplar. Aparte de presentarse en mayor número que en anteriores ocasiones en el recinto de Los Cármenes, la hinchada local jugó también un partido pleno de compromiso, animando a los suyos en los peores momentos del segundo tiempo, insuflando aire cuando ya éste faltaba, tirando de oficio en su animación en los tramos decisivos.

Tras el pitido final, la comunión entre jugadores y aficionados fue fantástica. Una cerrada ovación de la grada reconocía el esfuerzo de los suyos y la importancia de la victoria tan duramente alcanzada. No se había realizado un encuentro para enmarcar futbolísticamente, pero los catorce que habían saltado al terreno de juego con la elástica rojiblanca horizontal lo habían dado todo. El acercamiento a la grada de animación de todos los miembros del plantel, y el espacio de tiempo en que permanecieron muchos de los asistentes aplaudiendo a los protagonistas rojiblancos fueron otras muestras de una importante victoria. Las de este tipo reafirman el magnífico rumbo tomado por un equipo que jornada tras jornada da motivos a sus incondicionales para sentirse orgullosos de sus jugadores.