Compromiso

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FERMÍN RODRÍGUEZ
EDUARDO ZURITA | AFICIONADO DEL GRANADA CF

Alguien ponía en duda la capacidad del Granada de Diego Martínez para competir contra las escuadras llamadas, por presupuesto, a estar en la pomada de los puestos de privilegio de Segunda. La derrota de Riazor había dado argumentos a los agoreros. En Coruña pareció el equipo apocado en la primera parte, pero es cierto que sin la fatalidad de la jugada del penalti que abrió el camino de la victoria al equipo gallego, es posible que el resultado hubiese sido otro. La caída ante el equipo sorpresa de la temporada, el Alcorcón, se rodeó de circunstancias atenuantes, ya que se jugó casi toda la segunda parte con un hombre menos tras la expulsión de Víctor Díaz y el gol se encajó tras un penalti precedido de falta al defensor que lo cometió. Además, se mereció mejor suerte en el tanteador en el tramo final del enfrentamiento. Ya en Canarias el equipo dio muestras ante otro gallito, la UD Las Palmas, que no se arredraba por competir contra planteles económicamente más potentes. Aunque se alcanzó el empate al final del partido, las sensaciones fueron de que el resultado era corto dados los merecimientos acumulados durante el encuentro.

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La visita a Málaga aparecía como una nueva prueba para comprobar las aptitudes competitivas del Granada y su potencial para seguir manteniéndose en los puestos altos de la tabla. El examen se superó con nota, ya que se consiguieron los tres puntos en juego, pero sobre todo se evidenció que los rojiblancos pueden plantarle cara a los mejores en esta campaña, posiblemente porque ellos, aunque a algunos les pueda parecer pretencioso, están ya instalados entre ellos.

Y ese privilegio se ha ganado mediante el esfuerzo y el compromiso, que fueron los que llevaron ante el Málaga a la victoria. El equipo sale convencido en cada encuentro de dejarse la piel para perseguir el triunfo. Unas veces la suerte no acompaña, como la pasada jornada ante el Sporting; en otras, la fortuna que se necesita se alía para obtener el triunfo, como en el rechace del disparo de Montoro que llevó el balón al fondo de la portería de Munir en La Rosaleda. Lo que nadie puede poner en duda es el trabajo denodado de todos los que saltan al campo por defender al equipo.

El Granada le aplicó al Málaga de Muñiz la misma medicina que el equipo vecino ha empleado en muchos de sus envites: una férrea organización de contención que minimiza las oportunidades del rival, y una gran dosis de eficacia para aprovechar las escasas ocasiones a favor para conseguir el gol. Una fórmula eficaz en cualquier competición, pero aún más en esta competida Segunda, donde dejar el marco propio a cero resulta vital.

Los locales tuvieron escasas llegadas con marchamo de gol. Quizá la más clara fue la del primer minuto del partido, tras una pérdida de balón de Montoro en su único lunar dentro del espléndido encuentro que nuevamente brindó, que Gustavo Blanco no supo aprovechar. Ontiveros se durmió a mitad de la primera parte en la siguiente. Un cabezazo franco para Blanco, en el único desmarque claro de la vigilancia de José Antonio Martínez, ya en la segunda parte, y un disparo posterior desde fuera del área de N'Diaye que rozó el larguero, fueron los únicos acercamientos peligrosos del equipo malaguista en la reanudación. La seguridad de Rui Silva y la rocosidad de la defensa rojiblanca cercenaron el resto de los intentos. Los locales terminaron jugando al patadón desde atrás en los últimos diez minutos, incapaces de abrir la ordenada y poblada defensa rojiblanca.

Cuando un equipo contiene bien es labor de todos los jugadores presentes sobre el césped. Es evidente que el portero portugués del Granada estuvo impecable, que Germán volvió a cuajar una actuación imperial, que José Antonio Martínez hizo un partido perfecto, que Víctor Díaz volvió a la concentración y contundencia del inicio de la temporada, y que Quini demostró una vez más que es un peón válido para muchos puestos al sustituir con suficiencia al lesionado Álex Martínez en el lateral izquierdo, desplegando una gran labor defensiva desde que saltó al campo, e incorporándose con criterio al ataque cuanto pudo.

Pero hay que destacar que el alto nivel de la línea trasera rojiblanca se debió en buena parte al esfuerzo solidario del resto de los componentes del equipo; de los de siempre, como San Emeterio y Montoro; y de todos los de adelante, donde Vico, Vadillo, Pozo y Ramos, y más tarde Puertas y Nico Aguirre, se emplearon a tope para tapar huecos, impedir pases, encimar a rivales, dificultar cualquier opción de salida fluida de balón de los rivales, llegando algunos de ellos al agotamiento de sus recursos físicos tras un esfuerzo encomiable. Fue en la solidaridad del esfuerzo colectivo de todos los jugadores rojiblancos que saltaron al césped de La Rosaleda donde se cimentó la victoria.

Reconforta escuchar al entrenador rojiblanco destacar que le parece más importante el desplazamiento de aficionados a Málaga, sobre todo tras la derrota sufrida la jornada anterior ante el Sporting en casa, que la propia consecución de los puntos; u observar por redes la arenga de Tenorio a los jugadores en la previa del partido en el vestuario rojiblanco demostrando conocimiento de los fundamentos del club y reconocimiento a su afición, que ha podido ser escasa en momentos de zozobra, pero siempre leal y comprometida.

Son estos seguidores los que merecen el esfuerzo y el trabajo en cada partido que la actual plantilla les está brindando. El entrenador y los jugadores deben saber también que para dichos aficionados es más importante el afán de lucha que demuestran cada jornada que el resultado final que obtienen. Por eso se les aplaudió con cariño tras la injusta derrota ante el Sporting y se les siguió fielmente hasta Málaga para presenciar su meritoria victoria. Su compromiso está haciendo esta temporada realidad, más que nunca, el eslogan del club de «luchar para ganar».

 

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