El fin del 'chantaje' ultra en el estadio

Los Cármenes no se llena este curso por ahora, pero el ambiente es muy sano. Acompaña que el Granada gane mucho y bien, pero percibo que no es sólo eso. Se ha cortado con algo que nació con otras pretensiones

El fin del 'chantaje' ultra en el estadio
R. L. P.
RAFAEL LAMELASGRANADA

Todo periodista rememora un puñado de momentos por los que mereció la pena elegir esta profesión. Para mí es difícil olvidar la satisfacción que sentí, siendo becario, al contemplar a un tipo con el periódico abierto, parado sobre la doble página veraniega que yo había firmado en IDEAL sobre el ocio en Almuñécar. Si él hubiera cruzado la mirada con la mía, habría visto a un niñato embobado cronometrando mentalmente el tiempo que pasaba ojeando aquellas líneas intrascendentes mientras las llenaba de migas mordisqueando su tostada. Quizás sólo contemplaba las fotos, llamativas al ir en color. Para mí, un debutante con la ilusión intacta, era la primera vez que observaba la reacción en directo de un lector. No le llegué a preguntar su opinión por pudor. El clímax se habría roto si me suelta que le había parecido un bodrio.

Otro día que me enorgulleció fue aquel en el que un grupo que se situaba en el fondo sur de Los Cármenes coreó mi nombre mientras confundía el oficio de mi madre, que no recuerdo que se dedicara a alquilar su cuerpo a interesados eróticos. Mi madre murió cuando tenía siete años y resultó algo traumático. Aún me veo cuando le soltaba a mi primo que le rompería la crisma a quien se le ocurriera insultarla. Con el tiempo aprendí que tampoco ganaba nada enfadándome. Pedir respeto no me la iba a devolver. Hasta asimilé que hay amigos que te sueltan esto como compadreo.

Pero aquella tarde en el estadio la intención era cargar contra un periodista. Lejos de entristecerme, me sentí fenomenal. Muchos aficionados se giraron hacia las cabinas cuando lo oyeron. Me hice el concentrado.

Los ocurrentes estaban mosqueados por un artículo mío tras su última fechoría, que consistió en apedrear el autobús de unos aficionados del Linares, la mayoría ancianos, que habían ido a Maracena a ver jugar a su equipo. En los años de Tercera se forjó una rivalidad ficticia con este equipo. Ultras hay en todas partes. A pesar de que el Granada estaba ya en Primera, fueron a recibir a unos cuantos que no tenían edad para consignas estúpidas. Censurarlo por escrito supuso aquella mención denigrante. Era una época en la que se creían los reyes del mambo, con acceso barato, prebendas en viajes y sobreprotección del club, con bula porque se suponía que eran el motor de la animación.

Esta temporada ya no están en Los Cármenes y, más allá de percibirse que hay bastante menos gente en la zona, se nota poco su ausencia. Sigue habiendo canciones e impulso, y hasta parece que el resto del público responde con mayor frecuencia cuando se busca su complicidad. Se ha demostrado, mal que le pese a algunos, que aquel chantaje emocional era desproporcionado y que un club puede tener entusiastas entre los que no haya presuntos delincuentes o violentos. Sé, porque los conozco, que allí también había mucha buena gente, a menudo orillada por cabecillas de dudosa moralidad. Personas majas que seguirán yendo al campo. Aquella sección justificó su abandono por los escrupulosos requisitos impuestos en las oficinas, vendiendo que se negaba el sentido crítico contra la directiva. La verdad es que muchos se resistían a aceptar lo de identificarse, entre otras cosas, para evitar responsabilidades si pasaba algo grave.

El estadio no se llena este curso por ahora, pero el ambiente es sano. Acompaña que el Granada gane mucho y bien, pero percibo que no es sólo eso. Se ha cortado con algo que nació con otras pretensiones, medio en broma, curiosamente con un periodista actual entre sus fundadores, que tenía ganas de divertirse con amigos y terminó renegando de aquella deriva.

Espero que muchos 'Kolokones' apañados sigan festejando los éxitos rojiblancos. De los otros, los garbanzos negros, no se puede esperar tanto. Si quisieron hacerme daño aquella vez, provocaron lo contrario. Que me refrendara en mis principios, que no son muchos, pero algunos tengo. Espero que mi madre también hubiera estado de acuerdo.

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