Granada CF

Ben Barek, con el corazón dividido

Ben Barek, durante su visita a Loja/GERMÁN POZO/SUR
Ben Barek, durante su visita a Loja / GERMÁN POZO/SUR

El mítico jugador y entrenador de Granada y Málaga no se atreve a decantarse por uno de los dos mañana | Presidente de honor blanquiazul, recuerda sus primeros pasos en España, los duelos entre ambos antaño y analiza el presente

Camilo Álvarez
CAMILO ÁLVAREZGRANADA

En terreno neutral, en el Hotel Abades de Loja, a mitad de camino entre ambas ciudades, IDEAL de Granada y Sur de Málaga se reunieron con el mítico Abdallah Ben Barek para recuperar su historia como jugador y entrenador de los dos clubes de su vida en España. El rojiblanco le dio la oportunidad de llegar a España con sólo 18 años y jugar en Primera división. En el segundo echó raíces durante diez temporadas y fue en la capital de la Costa del Sol donde fijó su residencia hasta hoy. Con 81 años es el presidente de honor de la entidad malaguista.

Sin haber cumplido los 18 años y sin documentación llegó a Granada en el año 1956. «Fui el primero que vine a España sin papeles», bromea Abdallah Ben Barek. Así se fraguó el fichaje de aquel prometedor centrocampista marroquí que jugaba en el Stade Marocain de su ciudad natal, Rabat. No fue fácil porque «mi padre no quería que saliese». Entonces Marruecos acababa de conseguir la independencia de Francia y España y su padre era el chófer del rey Mohammed V. Había tenido una oferta previa del Saint-Étienne francés, pero no pudo convencer a su padre. También probó suerte en Ceuta, aunque aquella experiencia no le convenció. La siguiente vez la cosa fue distinta porque el otro Ben Barek, Larbi, mucho más famoso tras jugar seis temporadas en el Atlético de Madrid, «intercedió».

Fue tras un partido entre los dos equipos de Rabat, el Marocain de Abdallah y el Fath Union Sport de Larbi, cuando el veterano futbolista recibió la visita de muchos jóvenes que querían acercarse a la estrella, entre ellos el hoy presidente de honor del Málaga y exjugador y exentrenador del Granada. Lo llevó aparte y le dijo: «Estos señores vienen de Granada por ti». «Larbi habló con mi padre y lo convenció», explica. Eso fue un domingo. El lunes ya voló a la ciudad de la Alhambra desde Tetuán sin documentación. «La policía en el aeropuerto te va a dejar pasar y en Granada no hay ningún problema», me dijeron.

El martes ya estaba entrenando y el jueves se disputaba el partido de entrenamiento de la semana entre el Granada y el Recreativo, su filial. «La gente creía que yo era el hijo del otro Ben Barek, así que había mucha expectación aquel día». Jugó con el primer equipo la primera parte como extremo derecha, en la que «en la primera jugada marqué un gol y no volví a tocar la pelota». En la segunda mitad Antonio Carmona Ros, entrenador del Recreativo que luego estuvo en el Málaga, lo alistó en su equipo y ahí empezó a despuntar. El presidente del club, Antonio Bailón, que lo estaba viendo, se lo llevó a comer y le ofreció un contrato de 60.000 pesetas y 3.000 pesetas de sueldo al mes.

Se pudo romper el acuerdo porque él dijo que todo el dinero se lo iba a enviar a su padre, algo con lo que no estaban de acuerdo los directivos rojiblancos. «Sin papeles y queriendo sacar el dinero de España», comenta riendo Ben Barek. Se marchó a Marruecos a arreglar el permiso de trabajo y regresó para disputar la segunda vuelta de aquella temporada 56/57 en la que el Granada acabó ascendiendo a Primera. Jugó seis partidos aquella campaña. Su debut tuvo de todo, pues anotó un gol ante el Hércules pero lo mandaron al hospital con el labio roto.

En la puerta para pegarles

Aquella temporada, el conjunto granadinista, ya con el ascenso en el bolsillo, recibía en Los Cármenes al CD Málaga. Venció el eterno rival y aquello no sentó nada bien a la afición local. «El público quería pegar a los jugadores. Estaban esperando en la puerta a que saliéramos», muestra de lo que entonces significaba este derbi regional. Ben Barek se había integrado a la perfección en la sociedad granadina. Empezó a dar clases de español en una academia que había en la calle San Matías, aunque admite que aprendió más «jugando con los niños en la plaza que había enfrente» cuando salía de dar clase. También el cine le ayudó a elaborar su primera frase en castellano en forma de piropo: «Hija de mi vida, guapa distinguida», recuerda entre risas.

La temporada en Primera fue prolífica para el futbolista marroquí, que jugó 24 partidos. Pero al final de la misma el Granada firmó al portero portugués Carlos Gomes y el club le buscó una salida, pues «sólo podía haber dos extranjeros por equipo y uno tenía que ser sudamericano». Recuerda que estuvo reunido con la directiva del Murcia pero no se cerró el acuerdo a pesar de que le habían entregado incluso una cantidad económica. El Málaga, a través de su presidente, Julio Parres, se hizo cargo del pago de lo adelantado por el club murciano a Ben Barek y se llevó al marroquí a la Costa del Sol.

Diez temporadas en el club malacitano que empezaron de la peor manera, con el descenso a Tercera división –entonces no existía la Segunda B–. Sólo tardó un año en volver a la división de plata y de ahí directamente a Primera. Recuerda que jugó dos veces contra el Granada en Los Cármenes el derbi (en las temporadas 61/62 y 64/65) y que, a pesar de haberse marchado al eterno rival, siempre le recibieron con cariño en la ciudad de la Alhambra.

En el CD Málaga, que desapareció a principios de los años noventa, se retiró como futbolista. Entonces ya tenía claro que iba a ser entrenador y que quería dirigir a los dos equipos en los que había desempeñado su carrera en España. Y como había hecho como jugador, empezó entrenando al Granada para luego pasar al Málaga. Antes pasó por el Alavés, el Terrasa y el Córdoba.

En su primer año como entrenador del Granada, en el año 78, se produjo otro de esos episodios que recuerdan la enorme rivalidad que existió hace unos años entre vecinos. Se celebraba el Trofeo Ciudad de la Alhambra y el Granada invitó al Málaga y a la selección de Marruecos a un triangular. En el último partido se enfrentaban los dos equipos andaluces y se produjo un empate a uno que daba como vencedor al equipo malaguista en el cómputo global, pero «no permitieron que se llevara el torneo». Así que hubo que esperar a que se calmaran los ánimos y unos días después, de madrugada, recuerda Ben Barek, se marchó el premio rumbo a Málaga.

Dos campañas en la división de plata con el Granada y de nuevo rumbo a Málaga, también en Segunda división. Dirigió al equipo malacitano un año, se marchó al Xerez y regresó para cumplir otros dos cursos al frente del banquillo costasoleño. Tras varios años más en los banquillos lejos de su lugar de residencia, regresó a la ciudad malagueña para dirigir el fútbol base del club antes de jubilarse. Ahora ejerce de presidente de honor.

En la actualidad los derbis entre ambos equipos son una fiesta de hermandad, pero le vienen a la memoria episodios menos amables de aquellos enfrentamientos. «Nos esperaban para lanzarnos piedras cuando pasábamos con el autobús a la entrada a Granada», e «igual ocurría cuando íbamos allí» vistiendo la camiseta rojiblanca.

Un partido atractivo

El sábado estará en La Rosaleda y, reconoce, tendrá sentimientos encontrados. Se debe al club que más homenajes le ha hecho, pero no puede olvidar su paso por el equipo que le dio la oportunidad de crecer en Europa. Al Granada de Diego Martínez lo ve como un equipo en el que destaca «la velocidad de la gente de arriba. Se entienden muy bien futbolistas como Vadillo, Puertas o Pozo». Al Málaga lo ve como «un equipo serio».

Entiende que, a pesar de que hace unas semanas ambos eran los primeros clasificados y el partido parecía adquirir mayor notoriedad, el de mañana es un derbi igual de atractivo entre dos grandes equipos. No se moja a la hora de dar un resultado. «Que gane el que más suerte tenga», sentencia. Lo que no esconde es que su ilusión es «que suban los dos a Primera».

Por lo pronto este sábado se ven las caras en La Rosaleda para medir sus estados de ánimo en un partido de rivalidad regional con una gran fiesta en la grada y con el mítico Ben Barek presente.

 

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