Entrevista

«Con el ascenso me di cuenta de que merecía la pena sufrir aquí»

Diego Mainz, en la ciudad deportiva del Granada. /PEPE MARÍN
Diego Mainz, en la ciudad deportiva del Granada. / PEPE MARÍN

Diego Mainz recupera sus recuerdos de Alcorcón, un lugar especial en la historia del club y en la suya personal

CAMILO ÁLVAREZGRANADA

Diego Mainz llegó al Granada de Segunda B directamente desde la división de plata sabedor de que se enrolaba en un proyecto ganador. Lo que no imaginaba es que se enamoraría de esta tierra para siempre y aquí fijaría su residencia una vez retirado. Hoy entrenador en la cantera del club rojiblanco, recuerda cuándo se dio cuenta de que aquí se iba a quedar. Fue tras lograr el ascenso en Alcorcón. Ahora que el equipo granadinista regresa al escenario del éxito, Mainz rememora aquella eliminatoria que llevó al Granada a Segunda en 2010.

«Habíamos conseguido lo más difícil, que era quedar campeones de grupo. Teníamos la tranquilidad de que si no era en la primera eliminatoria, habría una repesca. De los equipos que nos podían tocar el Alcorcón, por cómo había ido la temporada, el 'Alcorconazo' y todo esto, era quizá el rival que menos queríamos. Nosotros teníamos una confianza exagerada en que íbamos a ascender», rememora el madrileño, que recuerda que «la semana previa se vivió con muchos nervios porque te juegas en dos partidos toda una temporada, pero a la vez con la confianza de que durante el año lo habíamos hecho muy bien. Además, nos tocó primero en casa, que lo preferíamos. Siempre lo he preferido porque si consigues un buen resultado y que no te marquen gol tienes mucho ganado. Se dio así, un resultado muy bueno (2-0)».

Esos días los aficionados les decían por la calle «lo mismo que durante la temporada, que teníamos que ascender». Le marcó que «mucha gente nos daba en los entrenamientos cartulinas con mensajes, te explicaban un poco el sentimiento de lo que había vivido el Granada, y eso, cuando te lo dicen los aficionados y no gente del club, te llena incluso más. Es otra percepción. Fue una temporada maravillosa».

Cada uno de los protagonistas lo llevaba de una manera. A Fabri, un tipo nervioso, «se le notaba la presión, aunque lo disimulaba bien». También recuerda que Rubén Párraga «era un chaval que se ponía muy nervioso siempre, aunque una vez en el campo no se le notaba». Otros jugadores como Ighalo o Dani Benítez no se ponen o no aparentan nerviosismo alguno. En el caso de Mainz «los nervios los llevo bastante bien». Cuando salieron al césped de Los Cármenes fue «una pasada. Eso te lleva solo. Fue algo muy emotivo, ver cómo se entrega, es muy difícil de explicar, hay que vivirlo. Te paras en mitad del partido y piensas: 'por esta gente tengo que ascender'».

Tras su buen resultado (2-0), la semana posterior, la de preparación del partido de vuelta, fue más tranquila porque «sabíamos que teníamos el 90% hecho, pero con cierta cautela. Íbamos con una confianza tremenda y habiendo demostrado que éramos mejores que ellos».

El madrileño, feliz tras vencer al Alcorcón en 2010.
El madrileño, feliz tras vencer al Alcorcón en 2010. / RAMÓN L. PÉREZ

En el hotel de Madrid, Álvaro Cámara era su compañero de habitación. Entre las cosas que comentaron una fue «la fiesta que nos íbamos a pegar luego (risas). Desde esa temporada hemos hecho una gran amistad. Visualizamos el partido y lo que iba a ocurrir después tras un año de mucho trabajo». La charla de Fabri «fue como la de cualquier otro partido. Sí nos hizo mucho hincapié en que el campo estaba regular, que en los primeros minutos no hiciéramos tonterías, y justo al sacar de centro, yo me resbalo con el balón y casi nos meten gol». Fabri «intentó transmitir cierta tranquilidad, reforzar nuestras cosas positivas y recordar los puntos fuertes del rival».

Sus padres, que siempre le han dejado «a mi aire», estuvieron en el campo con su hermano y muchos amigos, «todos los que pude llevar». «Cuando sales y los ves en la grada te motiva mucho más», explica el madrileño, que recuerda que cuando salieron al césped del estadio de Santo Domingo y vieron media grada ocupada por la afición del Granada quedaron impactados. «Me sorprendió, no pensaba que viajaría tanta gente. Y más que habría ido si el campo tuviera mayor aforo», asegura el exfutbolista.

En la primera parte «nos costó mucho más que la segunda. En la segunda no tuve ninguna sensación de que nos iban a empatar la eliminatoria. Se sufre mucho más desde fuera que desde dentro», señala.

Una locura

Cuando el colegiado pitó el final todo se precipitó. «Tengo dos recuerdos muy claros tanto de Elche como de Alcorcón. En cuanto pitó el árbitro con el primero que me abracé fue con Rubén Párraga. Luego ya llegó la locura. La gente te abraza, te grita, te quita la ropa... Entré al vestuario con las botas y las medias sólo. Fue quitarse un peso de encima. Era mi primer ascenso. Esa es la sensación más bonita que he tenido», repasa Diego Mainz.

Luego llegó la fiesta en la noche madrileña, que «cumplió las expectativas. No sé si dormí algo ese día, sí recuerdo que llegué al hotel de día», recuperar entre risas. Pero fue la celebración ya en Granada la que le marcó. «Ahí es donde te das cuenta de lo que has conseguido y de lo que mueve el fútbol. Fue cuando me di cuenta de que merecía la pena estar aquí, sufrir aquí, y el tiempo me ha demostrado que no me equivoqué», sentencia.

El actual Alcorcón «es un equipo trabajado, que sabe a lo que juega. Creo que peleará al final de la temporada por entrar en el 'play off'. En su campo pone las cosas complicadas», augura Mainz.

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