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Alejandro Pozo, de pesadilla a gran esperanza rojiblanca

Alejandro Pozo, de pesadilla a gran esperanza rojiblanca
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El nuevo fichaje nazarí ha sido candidato al 'Balón de Oro' de los jóvenes dos años consecutivos

FRAN RODRÍGUEZGRANADA

El Granada anunció ayer la incorporación de Alejandro Pozo, un enganche de sólo 19 años que llega cedido por el Sevilla para seguir creciendo en Segunda. Las negociaciones tomaron buen camino desde el principio, entendiéndose en la entidad hispalense la necesidad de prestar a su perla más prometedora para no frenar su progresión tras dos campañas ilusionantes en La Liga 1|2|3. Granada surgió como el destino más atractivo por su proyecto, la presencia de Diego Martínez y la cercanía con casa. El Sevilla lo renovó en julio, con la intención de que regrese para ser del primer equipo. Por ello no se contempla opción de compra alguna.

Alejandro Pozo nació el 22 de febrero de 1999 en Huévar del Alfaraje (Sevilla). Allí despertaba un talento innato que el equipo de la capital supo reconocer en 2007. «Para mí el Sevilla lo es todo, el equipo que me ha criado», reconocía al estampar la firma de su renovación. Joaquín Caparrós, voz sevillista autorizada, confesaba que en los planes del Sevilla está que Pozo sea pronto de la primera plantillal.

A Granada llega con una excelente carta de presentación. La de aquella mañana en la que arrancó el liderato a los de Oltra. En el calentamiento nadie reparó en el '11' del Sevilla Atlético, un adolescente tímido que casi parecía amedrentado por el escenario. Lejos quedó esa impresión cuando sonó el silbato y el joven se destapó como un puñal certero, un líder que pedía el balón en cada jugada sabiéndose centro de las miradas de Los Cármenes. Hizo una de las mejores actuaciones individuales que se recuerdan en el feudo nazarí. La afición local, entre maravillada y desconcertada, asistió ese 12 de noviembre a la tremenda exhibición de aquel 'niño'.

Entre los que quedaron fascinados por Pozo está Diego Martínez, que se rindió ante el evidente y precoz talento hace dos años cuando era técnico del Sevilla Atlético. Con menos de 16 años ya era titular en el Juvenil 'A', pero no se quedó ahí y acentuó su celeridad al soplar su décimo séptima tarta. No le hizo falta cerrar los ojos y pedir un deseo en el soplido, pues su bautizo en el fútbol profesional no dependía de sueños, sino de tener estrella.

El suyo no fue un debut, sino la confirmación de que había llegado al filial para quedarse y despachar en un parpadeo su etapa juvenil. El descaro y la habilidad del joven mediapunta, que juega a menudo en una de las bandas, contradicen la imagen de chico reservado, tímido y parco en palabras que exhibe ante los micrófonos. Dos años seguidos entre los candidatos al Golden Boy, el Balón de Oro para el mejor joven, respaldan su dorado horizonte. También el interés que despertó en el Barcelona o el Real Madrid. Monchi trabajó antes de irse a Roma para atar al joven y que creciera a la sombra del Sánchez Pizjuán.

Llega a Granada el talento necesario para dar color al ataque de Diego Martínez y matizar ese caudal ofensivo que nace en las botas de Vico y Vadillo, otras dos perlas andaluzas marcadas por su precocidad. Le toca alejarse de los tiempos futuros para que Pozo se conjugue ya en el presente de indicativo del verbo dominar y sembrar un barbilampiño pánico. Lo saben bien en Los Cármenes, el estadio en el que Pozo demostró hace poco menos de un año que los niños también juegan.

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