Los absurdos prejuicios contra los cedidos

La llegada de José Antonio Martínez, Fede San Emeterio y Alejandro Pozo han supuesto un golpe de aire fresco para el Granada y un rendimiento notable, a pesar de que su futuro en rojiblanco no esté asegurado más allá del próximo verano

Los absurdos prejuicios contra los cedidos
ALFREDO AGUILAR
Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

Las cesiones de jugadores se han convertido en un asidero para cualquier club que no pertenezca a la aristocracia del fútbol, pero en Granada adquirieron mala fama en el último año en Primera división. Por su cantidad desproporcionada, trece, y por la escasa implicación de los prestados en la mayoría de casos, pese a los ramalazos de calidad que se apreciaba en algunos de ellos -otros, ni eso-. Colapsar una plantilla de elementos que no tienen asegurado su futuro en el equipo más allá de un curso es una maniobra peligrosa y así se plasmó en aquella decepcionante temporada que conllevó el descenso de categoría. Sin embargo, en su proporción, en el momento justo y analizando bien el caso, un deportista en progresión que encuentra en otra escuadra una oportunidad de foguearse puede acabar siendo una bendición, aunque su historia bajo este escudo sea finita, salvo que se negocie o establezca una compensación para el propietario de sus derechos.

Este verano cierto sector de la crítica arreció contra la política de traer a unos chavales que en principio sólo se unían al proyecto durante este ejercicio y que, encima, acababan de descender con sus equipos. Los objetores no consideraron que los tres estaban en filiales, con las particularidades que suponen. Algunos tampoco observaron que dos de esta camada, Fede San Emeterio y Martínez, fueron fichados tras ello por conjuntos de Primera -Valladolid y Eibar, respectivamente- y que sólo con el primero se consintió una opción de compra. Con el tercero, Alejandro Pozo, el Sevilla tampoco dejó oportunidad de retención, probablemente conscientes en Nervión del futuro espléndido que le puede aguardar.

Estos tres futbolistas fueron titulares en Reus y cuajaron una actuación soberbia. El primer tiempo del centrocampista cántabro merecería ser expuesto entre técnicos y chavales de la cantera nazarí como ejemplo del manual del mediocentro. 'San Eme', que repasa sus actuaciones al día siguiente, está desarrollando unas capacidades que ya se observaron en el Sevilla Atlético, pero que en un club de mayor exigencia y rodeado de compañeros más reputados y con los que ha congeniado puede alcanzar un nuevo nivel. Algo así le pasa Martínez, que añade a sus virtudes el hecho de ser zurdo, con la carencia de centrales con este perfil natural. Son indiscutibles para Diego Martínez, uno de sus grandes valedores al dirigirlos en el pasado pero, al mismo tiempo, un entrenador que ha demostrado que esta coincidencia no ha significado trato de favor, sino un gesto de que su visto bueno estaba justificado.

Pozo cierra esta terna que germina en Los Cármenes. Un talento descomunal en un cuerpo menudo, que no débil. El técnico está moldeando a la figura para que supere el papel de revulsivo brillante para convertirse en amenaza atómica. Todo tiene su tiempo de maduración.

El camino no siempre será en cuesta. Cometerán errores, como le sucede a cualquier joven que evoluciona en su carrera. Así le pasa también a Rui Silva, caso distinto pero, a la postre, otro chico que necesitaba salir de las sombras.

El Granada surca la ola buena aunque no siempre surfeara su cresta. Llegará la crisis y se medirá la tolerancia ambiental al desatino. Todos yerran y admitirlo es clave, sean mayores o jóvenes, en propiedad o cedidos. Algo más está calando alrededor, aparte de repasar la cuenta atrás hasta que lleguen los 50 puntos salvadores cuanto antes, que permitan soñar. Se aprende a ser humildes y tumbar muchos tópicos.

 

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