Velocidad de crucero

El Numancia no reaccionó durante bastantes minutos, perdida la lucha en el centro del campo ante el siempre esforzado Baena y el temple de Montoro

Velocidad de crucero
EDUARDO ZURITA

Pedía Oltra en rueda de prensa a los suyos un esfuerzo añadido en el compromiso que iba a enfrentarlos al Numancia de Soria en Los Pajaritos para presentar definitivamente su candidatura a los puestos altos de la tabla. Se trataba de dar continuidad fuera de casa a la firme trayectoria alcanzada en el domicilio propio donde se habían resuelto con solvencia incuestionable los encuentros consecutivos ante Córdoba, Lugo y Oviedo. Sólo el baldón de la visita al Nástic en Tarragona había sembrado dudas en los últimos cinco choques disputados, donde junto a las tres victorias antedichas se había vuelto además, tras mucho tiempo, a la senda de la victoria fuera de casa en la visita a Alcorcón.

Era el de Soria un partido complicado de antemano, vistas las prestaciones del equipo soriano como local en lo que iba de temporada, con cinco victorias en los cincos enfrentamientos habidos desde su arranque. Los números además indicaban que los chicos de Arrasate habían hecho de su feudo un baluarte inexpugnable, encajando en esos cinco partidos sólo un gol en contra, y yendo siempre por delante dominando el marcador: Huesca, Almería, Sporting, Albacete y Barcelona B habían sucumbido antes de la visita del Granada; los asturianos y manchegos además de forma contundente.

El Granada se adelantó con rapidez en el marcador cuando apenas los dos contendientes se habían asentado en el campo. Un maravilloso pase de Montoro en largo hacia un Pedro que ganó la espalda de la defensa rival fue culminado por el extremo granadinista con un remate cruzado alto imposible para Aitor. Demostraba nuevamente Sánchez ser uno de los fichajes más rentables y entonados del nuevo Granada, y sumaba así su quinto gol en este su gran arranque de temporada. El Numancia no reaccionó durante bastantes minutos, perdida la lucha en el centro del campo ante el siempre esforzado Baena y el temple de Montoro. La lesión del primero parecía poder hacer zozobrar el buen hacer del conjunto granadinista, pero Alberto Martín lo suplió con una actuación más convincente que en otros partidos, sobre todo porque a su lado tuvo a más compañeros bien entonados.

Los locales amagaron con algún balón parado y una jugada bien trenzada por la izquierda de su ataque culminada con un disparo desde dentro del área de Pere Milla que salió cerca del lateral de la portería de Varas. Pero sería el Granada el que nuevamente golpearía en una muy ligada combinación donde Espinosa enlazó con Machís y éste, con un quiebro de cintura, enfiló ante el portero numantino que salvó su disparo con dificultades para que Joselu recogiese el rechace y llevase el balón nuevamente al fondo de la meta del Numancia. Se llegaba al descanso con una ventaja clara del Granada que simplemente daba fe de la mayor eficacia de los de Oltra, cuando el dominio del juego había sido parejo en el primer periodo.

Lo que sí había quedado claro es que el Granada se posicionaba con solvencia dentro del campo y sabía contrarrestar las propuestas ofensivas del rival con una zona central de la defensa en que la falta de ausencia por lesión de Saunier, suplido por Menosse, no estaba siendo un gran hándicap. La presencia de Chico Flores estaba aportando consistencia atrás, demostrando el gaditano dotes de mando para organizar la línea defensiva del Granada. Varas había pasado inédito durante este primer periodo, aunque el propio Chico Flores tuvo que acudir a una falta ominosa, que le costó su segunda amarilla de la temporada, para cortar un contrataque de los sorianos que llevaba marchamo de peligro.

En el arranque de la segunda parte aumentaron las circunstancias a favor del Granada, cuando Markel Etxebarría paró en falta una carrera de Machís que enfilaba solo hacia la portería de Aitor. La superioridad en el marcador se acompañaba ahora también en el número de efectivos sobre el césped y al equipo granadinista se le presentaba en principio una segunda parte plácida para ratificar la victoria.

Sin embargo, la situación ventajosa hubo minutos que no fue gestionada con suficiencia. A pesar de los esfuerzos de Montoro por llevar el ritmo del partido adonde convenía, los granadinistas se precipitaron en numerosas ocasiones buscando la jugada directa, siempre fiada a la velocidad y tesón de Darwin Machís, que cada vez que recibía el balón hacía estragos entre las huestes rivales. El encuentro entró en una fase de toma y daca inexplicable para los de Oltra cuando contaban con un hombre más. El Granada acumuló ocasiones para finiquitar el partido, pero también dio alas y oportunidades al Numancia para acercarse en el marcador. La intención de cerrar el encuentro definitivamente y con rapidez por parte del Granada no se conseguía, sobre todo por la impericia de Machís en los pases finales de sus peligrosas penetraciones, o por la mostrada en el control previo al remate definitivo de Pedro en una gran ocasión ante Aitor nuevamente generada tras asistencia del persistente extremo venezolano.

La falta de eficacia para culminar pudo costar cara, si no llega a ser por un pie salvador de Varas ante Manu del Moral en una gran ocasión local, donde el portero del Granada volvió a mostrar sus grandes reflejos y la importancia de contar con un guardameta de garantías como él bajo palos. Cuando todo parecía encaminado para que no se moviese el marcador, el árbitro otorgó un muy dudoso penalti a favor del Numancia en una caída de un delantero local ante la acometida de Montoro que no pareció suficiente para cobrar la pena máximo; Guillermo lo transformó y, aunque faltaba poco para finalizar el tiempo reglamentario, el recuerdo de episodios de tramos finales donde el Granada había echado por la borda una sustanciosa ventaja en el marcador seguro que ocupó la mente de bastantes aficionados rojiblancos. Inmediatamente el Granada volvió a dar un zarpazo que cerraría, ahora sí, definitivamente el marcador. Sería Machís el que, en una nueva penetración tras un buen servicio en profundidad, otorgó esta vez un preciso pase para que Rey Manaj, que había suplido a Joselu, consiguiese su primer gol como granadinista. La victoria era definitiva y mostraba a las claras el equipo que había alcanzado un mejor nivel en el cómputo general del partido.

El Granada está en camino de alcanzar una velocidad de crucero que le permita una navegación serena por la división de plata. El equipo quiere instalarse en lo alto de la clasificación y empieza a encontrar claves que le otorgan seguridades para competir: Varas demuestra ser un portero de nivel para la categoría, decisivo en jugadas trascendentes; la defensa, afianzados Víctor Díaz y Álex Martínez en sus bandas, ha encontrado fiabilidad con la llegada de Saunier y Chico Flores a su zona central, donde además pronto contará también con el contrastado Germán, mientras que Menosse en el acompañamiento muestra menos fisuras que como líder; Baena y Montoro se consolidan como puntales básicos para el corte y la elaboración, cuajando el segundo un partido importante ante el Numancia que rubrica su buena actuación ante el Oviedo; Alberto Martín desarrolla mejor sus capacidades cuando ocupa la demarcación de Baena, alejado de la responsabilidad de la creación; Espinosa, tan dubitativo en otras jornadas, ha demostrado ante ovetenses y sorianos que atesora calidad en la combinación y da soluciones al ataque, por lo que su competencia por el puesto de media punta con Peña puede dar buenos dividendos al colectivo; Pedro y Machís son indiscutibles dada su efectividad y prestaciones en los extremos; Joselu empieza a encontrar el camino buscado del oportunismo y efectividad de cara a meta, con dos goles en los últimos dos partidos, y Rey Manaj siempre deja buenas maneras cuando actúa; queda la espera de la recuperación del punta teóricamente de más calidad, Adrián Ramos.

No debe pensarse que todo ya funciona a la perfección. Los minutos de desajustes y pérdidas de control del partido, o la falta de cierta contundencia para cerrar marcadores favorables, caso de las segundas partes ante Oviedo y Numancia, obligan a seguir perseverando en el trabajo sin caer en falsas confianzas. La próxima jornada ante el Lorca, un recién ascendido, debe afrontarse con el mismo grado de intensidad e implicación mostrados ante equipos llamados a estar más arriba en la tabla que la escuadra murciana. El tropezón de Tarragona debe servir para no olvidar el respeto que se merece cualquier rival de la categoría para intentar superarlo.

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